Domingo, 18 de noviembre de 2007
Comentario a las lecturas del domingo 33 del tiempo ordinario - C publicado en DIARIO DE AVISOS del domingo 18 de Noviembre de 2007 bajo el epigrafe "el domingo, fiesta de los cristianos".

Perseverar
es la clave


DANIEL PADILLA


Si no fuera una irreverencia, te dir?a, Se?or, que eres un "aguafiestas". Para muestra, el bot?n del evangelio de hoy.

Estaban tus seguidores, quiz? en un atardecer rojizo y oto?al, y t? les sacas de su ?xtasis con un inesperado jarro de agua fr?a: "De todo eso no quedar? piedra sobre piedra".

Yo ya s? que un buen m?dico debe avisar a sus pacientes de la gravedad de sus males y del riesgo de una operaci?n. Yo ya s? que un buen profesor, al comenzar el curso, debe se?alar las posibles dificultades de su asignatura. Pero, ?caramba!, T?... te pasas. Bien est? que nos recuerdes que "no tenemos aqu? ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro". Bien est? aquel interrogante que nos lanzaste: "?De qu? te sirve ganar el mundo, si pierdes tu alma?". Pero, para subrayarnos la "transitoriedad de esta vida", ?no pod?as haber dicho simplemente: "Bella es esta ciudad de Jerusal?n con su templo; pero m?s bella es la Jerusal?n celestial?". Pues, no. T? vas y, en frases breves y cortantes, lo sueltas todo: "Que nadie os enga?e, ya vendr?n usando mi nombre. Habr?
guerras y revoluciones. Se alzar? pueblo contra pueblo. Terremotos, Epidemias, Hambres, Espantos, Signos en el
cielo. Les echar?n mano. Ir?n a los tribunales. Hasta sus padres les traicionar?n". As?, sin circunloquios. Sin
pa?os calientes. ?Te llamaban "maestro", s?. Y de verdad lo eras! Pero tus m?todos pedag?gicos, Se?or, me resultan muy "sorprendentes".

Y, sin embargo, hay una l?nea, la ?ltima de tu discurso, que creo es la clave de todo: "Con vuestra perseverancia, salvar?n vuestras almas". Diagnosticabas con crudeza, s?, la enfermedad. Pero ofrec?as con limpieza la medicina:
"La perseverancia". La perseverancia ser? el secreto de tus seguidores. Ya, en otra ocasi?n, hab?as dicho: "Quien po-
ne su mano en el arado y vuelve la vista para atr?s, no es digno de ser disc?pulo m?o". Esa es la m?xima que ofre-
ces al cristiano. T? no quieres a tu lado fichajes "de un d?a", amigos de un momento, fuegos de artificio. T? eres partidario de planificar bien el camino, de estudiarlo, y de caminar luego, a lo seguro. Para que nadie pueda decirnos: "Este hombre empez? a construir, pero no supo terminar". T? no quieres que hagamos "muchas" cosas, sino que hagamos quiz? una sola, pero con "mucha garra".

Ese es justamente nuestro gran fallo. Comenzamos cada a?o nuestra aventura cristiana a buen ritmo, con fuerte pedaleo, pero pronto nos vamos descolgando del pelot?n de cabeza, como en las "vueltas ciclistas". Nos lanzamos al matrimonio, por ejemplo, con toda la belleza y la rotundidad de las palabras lit?rgicas: "Te aceptar? en las alegr?as y en las penas, en la salud y en la enfermedad". Pero a la primera contrariedad, buscamos el portillo de la anulaci?n o del divorcio. Y as?, siempre. Somos una atolondrada manada de "iniciadores de todo" que, a la menor dificultad, nos convertimos en "continuadores de nada".

Quiz? por eso T? nos hablaste tan claro. Es como si nos dijeras: "No se entusiasmen demasiado ante lo bello y f?cil. Prep?rense, m?s bien, para lo duro y dificil".

Mucho me temo, Se?or, que con todos mis d?as vividos, s?lo vaya consiguiendo ofrecerte una pobre "sinfon?a inacabada".
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