Lunes, 19 de noviembre de 2007
Homil?a para las exequias de una persona muy creyente.

No os aflij?is: Yo soy la Vida


Lecturas:

1Ts 4, 12 -17
Jn. 11,32 ? 45

La Palabra de Dios siempre motiva en nosotros alguna reflexi?n. Hay un tema que instintivamente tratamos de rehuir. Es el tema de la muerte. La vida nos mantiene en una preocupaci?n continua y seg?n sea en invierno o en verano estamos ocupados en nuestros quehaceres. Es la rutina de la casa, la rutina del trabajo, de la vecindad o la preocupaci?n de hoy o del ma?ana, la inquietud del futuro sea para nosotros o para nuestros seres queridos.

En una palabra: vivimos totalmente preocupados por la multiplicidad de ocupaciones que nos ata?en dependiendo de nuestra responsabilidad.

Y l?gicamente este tema de la muerte lo tenemos orillado, un poco ladeado. Y cuando llega el fallecimiento de un familiar o una persona amiga, nos movilizamos para expresar desde la oraci?n, la fe en el Mas All?, como lo estamos haciendo ahora.

El hecho de que Dios haya llamado a nuestro/a hermano/a N. nos habla de que estamos en un camino, m?s o menos largo. Y ese camino nos lleva a una Meta. Y esto nos ha de llevar a preguntarnos c?mo tenemos que vivir para llegar a esa meta, qu? pasos hemos de dar para alcanzar ese objetivo.

Ante todo tiene que funcionar en nuestra vida el sentido de la fe. Por eso el Ap?stol San Pablo dice bien claramente: " No os aflij?is como aquellos que no tienen ni fe ni esperanza". O sea, nos considera sabedores de cu?l es la suerte de los difuntos. Dios nos llamar?. Y esa fe se fundamenta en que Cristo ha muerto y ha resucitado. Vino a salvarnos. Muri? y resucit? y nos ha garantizado a nosotros llegar a esa Meta, a ese destino, en condiciones favorables y sobre todo garantiza nuestra Resurrecci?n. Esa es nuestra Fe y nuestra Esperanza.

En el Evangelio hemos escuchado aquella situaci?n que le plantea Marta a Jes?s por la muerte de su hermano L?zaro. Cristo le lleva a una conclusi?n clara, v?lida tambi?n para nosotros, cuando dice. "Yo soy la Resurrecci?n y la Vida. El que cree en mi aunque haya muerto vivir? y el que est? vivo y cree en m? no morir? para siempre". Y provoca en ella una actitud de fe: "Si, Se?or, yo creo que T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios".
Y nosotros tenemos que vivir tambi?n con este convencimiento. Hemos sido llamados por el Bautismo a la fe cristiana. Tambi?n nosotros hemos de proclamar: "S?, Se?or, yo creo en ti. T? has dado la vida por m?". Y tambi?n voy caminando hacia un objetivo, hacia una Meta. Si es que me he trazado ese objetivo claro, iluminado por la fe y confianza en Dios, que nos va a dar sus promesas. Aquello que esperamos al final de nuestra vida, aquello que deseamos y esperamos para los de-m?s, aquello que a trav?s de nuestra oraci?n le manifestamos a Dios.

La fe nos dice que nuestra relaci?n con Dios y la esperanza que motiva nuestro quehacer cristiano es relaci?n con Dios y proyecci?n a la vida, en la solidaridad, en la familia, en el trabajo, en la atenci?n a los pobres... La fe cristiana nos motiva. As? la han asumido los que nos han precedido en la fe. As? la hemos de asumir nosotros para vivir la fe y la esperanza.

Tambi?n nosotros esperamos alcanzar del Se?or ese final feliz. Eso es lo que pedimos hoy para nuestro hermano N. El Se?or que le ha llamado a su Gloria, le conceda esa plenitud de vida en los Cielos. Y a los familiares que les d? serenidad en el esp?ritu, paz en el Se?or. En El creemos. En El esperamos. Y por eso como nos dice San Pablo En El nos movemos y existimos, sabiendo lo que esperamos " la aparici?n gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo.
Publicado por verdenaranja @ 22:15  | Homil?as
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