Lunes, 19 de noviembre de 2007
Palabras del Observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Celestino Migliore, quien ha intervenido el 8 de noviembre ante el tercer comit? de la 62? sesi?n de la asamblea General.

INTERVENCI?N DE MONSE?OR CELESTINO MIGLIORE


Se?or Presidente,
La Santa Sede expresa profundo aprecio al UNHCR por todos sus esfuerzos al ayudar a 32.9 millones de personas que han sido confiadas a su protecci?n este a?o. En particular, conozco con satisfacci?n las iniciativas creativas para las m?s eficientes operaciones y por un mejor entendimiento de los retos, tales como el Field Protection Reference Group, el di?logo prometedor sobre los retos de protecci?n centrados sobre el nexo asilo-migraci?n y el Acercamiento de Grupo, que ha hecho posible intervenciones m?s precisas y coherentes en situaciones de emergencia.

Frente a una creciente fatiga y pesimismo que aparece de vez en cuando dentro de la comunidad internacional en el ?rea de la asistencia humanitaria, esta ocasi?n parece apropiada para recordar que el UNHCR es uno de los instrumentos esenciales con el que el Estado y la comunidad internacional en su totalidad cumple con su compromiso de proteger a aquellos que dejan sus casas por varias razones. Sin embargo tal responsabilidad no puede ser dejada solo al oficio del Alto Comisionado. Adem?s los estados afectados tienen el deber de proteger a esas personas y sostenerlas con firme voluntad pol?tica y recursos financieros adecuados. Realizando su parte, los Estados establecen una s?lida base sobre la que las operaciones del UNHCR pueden construirse.

Los desaf?os son muchos, complejos y desalentadores. Nuestro sentido de humanidad se confronta cada d?a con noticias de emigrantes y refugiados ?generalmente una mezcla de ambos y la mayor?a de las veces indocumentados - que procuran cruzar las fronteras en busca de seguridad y de mejores condiciones de vida. En tales intentos, muchas vidas se pierden cada d?a. No estamos hablando aqu? de casos espor?dicos. Adem?s, tenemos detr?s de nosotros masas de personas en el movimiento por varias causas y con motivaciones diversas: gentes conducidas fuera de sus casas por conflictos armados y persecuciones, gentes huyendo de la pobreza extrema, gentes obligadas a emigrar a causa de la degradaci?n del medio ambiente y desastres naturales.

Se han expresado preocupaciones que la situaci?n de tales personas se alcanza en ?reas legales poco definidas, especialmente cuando se mueven por las fronteras de pa?ses o regiones con pol?ticas r?gidas de migraci?n. Las preocupaciones crecen cuando las dudas surgen mirando a la aplicaci?n de instrumentos de existencia internacional o cuando no existen instrumentos legales de protecci?n. Parece no obstante urgente considerar un esfuerzo internacional coordinado, con una mirada a buscar una mayor claridad en la existencia de instrumentos legales de protecci?n o, si fuera necesario, establecer nuevos.

Sin embargo, a pesar de tales ?reas legales poco definidas y con independencia de su situaci?n como refugiados, las personas desplazadas o migrantes indocumentados, su dignidad y sus derechos humanos no pueden ser violados ni ignorados. Su derecho a la vida, a la seguridad personal, a la libertad de conciencia y de religi?n, a la no discriminaci?n, especialmente de aquellos m?s vulnerables como los ni?os, viene antes que cualquier consideraci?n legal o pol?tica. Mi delegaci?n por tanto pide a todos los pa?ses y regiones comprometidas a emplear todas aquellas medidas que sean aptas para asegurar que los derechos humanos de esos pueblos en tales situaciones precarias sean adecuadamente protegidos y su dignidad humana respetada.

Se?or Presidente,

M?s concretamente, estamos angustiados por las condiciones penosas de aquellos que huyen debido a los conflictos duraderos en la Rep?blica Democr?tica del Congo, en el Chad, en Darfur, en Afganist?n y en otras numerosas regiones, entre las que el Oriente Medio destaca con sus muchos problemas.

En particular, la Santa Sede desear?a una vez m?s llamar la atenci?n de la comunidad internacional al sufrimiento de los refugiados iraqu?es y personas desplazadas, que huyen de ataques in discriminados, desde actos sectarios y violentos basados en convicciones pol?ticas y religiosas y sobre la afiliaci?n a grupos sociales espec?ficos. Este ha sido el m?s r?pido y masivo desplazamiento en los ?ltimos a?os.
La Santa Sede desea expresas aprecio a los pa?ses vecinos de Irak que contin?an soportando las cargas al acoger millones de personas. La comunidad internacional debe sostener a esos pa?ses y el UNHCR en su trabajo de asegurar que los refugiados iraqu?es y personas desplazadas no se sientan abandonadas y reciban alojamiento digno.

El Papa Benedicto XVI y muchas instituciones cat?licas han pedido repetidamente medias urgentes necesarias para garantizar protecci?n y una asistencia a tales personas, mientras buscan que las condiciones mejoren en sus pa?ses para permitir su retorno.

Se?or Presidente,
Estos grandes retos humanitarios s?lo se pueden afrontar responsablemente a trav?s de una colaboraci?n factual entre estados, organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil. Tal colaboraci?n , conducida por confianza rec?proca y solidaridad, puede verdaderamente generar respuestas coherentes y concretas al grito de ayuda de aquellos con necesidad de protecci?n internacional

Gracias, Se?or Presidente.
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