Lunes, 19 de noviembre de 2007
Homil?a que pronunci? el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI, en la celebraci?n eucar?stica de beatificaci?n de Ceferino Namuncur?, que tuvo lugar el 11 de noviembre en Chimpay, di?cesis de Viedma (Argentina).


Queridos hermanos y hermanas:

"En aquel tiempo, lleno de la alegr?a del Esp?ritu Santo, Jes?s exclam?: "Te doy gracias, Padre, Se?or del cielo y de la tierra"" (Lc 10, 21).

En esta santa misa que tengo la inmensa alegr?a de presidir, concelebrando con mis hermanos en el episcopado y con tantos sacerdotes, acompa?ados de numerosos fieles venidos de diversos lugares de esta naci?n, doy gracias al Se?or por todos los que os hab?is congregado aqu?, formando una multitud jubilosa, para participar en la beatificaci?n del siervo de Dios Ceferino Namuncur?. A todos os saludo y expreso mi gran afecto con un abrazo de paz.

Hoy, junto con Jes?s y con toda su Iglesia, y llenos de la alegr?a del Esp?ritu Santo, damos tambi?n nosotros gracias al Padre, Se?or del cielo y de la tierra, porque ha revelado a la gente sencilla, y no a los sabios del mundo, los profundos misterios de su vida y de su amor (cf. ib.).

Dios comunica su vida, es decir, la santidad, a los peque?os, a los pobres, a los que tienen sed de justicia, a los que trabajan por la paz, a los perseguidos, a los que se empe?an cada d?a en vencer el mal a fuerza de bien.

El episodio asombroso de la zarza ardiente, tan importante en la revelaci?n del Antiguo Testamento, nos recuerda que entre la criatura y el Creador hay un abismo de por s? infranqueable. Sin embargo, en Jesucristo ?el Hijo de Dios que se hizo peque?o y pobre, y que se anonad? hasta la muerte de cruz? ese abismo ha quedado colmado de tal manera que, quien cree en ?l, puede participar de la vida misma de Dios.

Hoy celebramos estos prodigios de la gracia en un joven araucano, Ceferino Namuncur?, hijo del "gran cacique de la pampa". El Santo Padre Benedicto XVI, al que expresamos con afecto nuestro agradecimiento, ha querido que este muchacho de diecinueve a?os sea inscrito en el cat?logo de los beatos.

Pero, ?qui?n es Ceferino y cu?l es el secreto de su santidad?

Como bien sabemos, Ceferino naci? en una familia ilustre y generosa de la poderosa tribu de los indios araucanos, en tierras de la Patagonia. La santidad pudo florecer en ?l porque encontr? un terreno f?rtil y rico en cualidades humanas, propias de su tierra y de su estirpe, cualidades que ?l asumi? y perfeccion?.

Nos agrada ver en el beato Ceferino toda la historia tantas veces dram?tica de su pueblo. ?l resume en su persona los sufrimientos, aspiraciones y anhelos de los mapuches a los que durante los a?os de su infancia les fue anunciado el Evangelio, y abri?ndose ellos al don de la fe.
Alabar hoy al Se?or por el beato Ceferino significa recordar y apreciar en lo m?s hondo las antiguas tradiciones del pueblo mapuche, audaz e ind?mito, al mismo tiempo que nos ayuda a descubrir la fecundidad del Evangelio, que nunca destruye los valores aut?nticos que hay en una cultura, sino que los asume, purifica y perfecciona.

La misma vida del nuevo beato es como una "par?bola" de esta profunda verdad. Ceferino jam?s olvid? que era mapuche. En efecto, su ideal supremo era ser ?til a su gente. Ahora bien, su encuentro con las ense?anzas del Evangelio hizo posible que realizara su aspiraci?n fundamental desde una nueva perspectiva: dese? ardientemente llegar a ser salesiano y sacerdote, "para mostrar" a sus hermanos mapuches "el camino hacia el cielo".

Como modelo de vida eligi? a santo Domingo Savio. Este alumno predilecto de don Bosco fue proclamado santo por P?o XII en 1954 y, con ello, se canonizaba en cierto modo la "receta simple" de la santidad, que "el padre y maestro de los j?venes" entreg? un d?a a Domingo. Una receta que m?s o menos dice as?: "Que est?s siempre alegre; cumple bien tus deberes de estudio y de piedad; ayuda a tus compa?eros".

La alegr?a ante todo. "Sonr?e con los ojos", dec?an de Ceferino sus compa?eros. Era el alma de los recreos, en los que participaba con creatividad y entusiasmo, a veces incluso con ?mpetu. Era prestidigitador, lo que le mereci? el t?tulo de "mago". Organizaba diversas competiciones y ense?aba a sus compa?eros la mejor forma de preparar los arcos y las flechas, para adiestrarlos posteriormente en el tiro al blanco.

Don Bosco recomendaba tambi?n a Domingo Savio sus deberes de estudio y de piedad. Ya en Italia, en el colegio salesiano de Villa Sora, en Frascati, Ceferino logr? en pocos meses ser el segundo de la clase, a pesar de que tuviera alguna dificultad con la lengua italiana. En su expediente acad?mico destaca su ?ptimo resultado en lat?n: este era un requisito importante para llegar a ser sacerdote.

La piedad de Ceferino era la t?pica de los ambientes salesianos, anclada firmemente en los sacramentos, particularmente en la Eucarist?a, considerada como "la columna" del sistema pedag?gico de don Bosco. Por esto Ceferino desempe?aba con gusto el cargo de sacrist?n. Durante los meses en que estuvo en Tur?n se le ve?a pasar largas horas en el santuario de Mar?a Auxiliadora, en ?ntimo di?logo con Jes?s.

En fin, don Bosco recomendaba a Domingo que ayudara a sus compa?eros. A este respecto, es impresionante el testimonio de un salesiano, don Iorio. Tres d?as antes de que muriera Ceferino, don Iorio fue a visitarlo al hospital de los Hermanos de San Juan de Dios, de la isla Tiberina en Roma. Nuestro beato, al que le quedaba poco tiempo de vida, le dijo: "Padre, yo me marchar? dentro de poco, sin embargo le encomiendo a este pobre joven que tiene su cama junto a la m?a. Venga con frecuencia a visitarlo... ?Sufre tanto! De noche casi no duerme, tiene mucha tos...". Ceferino dec?a esto a pesar de que ?l mismo se encontraba en una situaci?n mucho peor, ya que, de hecho, no pod?a dormir nada.

Todos los que entran en la bas?lica de San Pedro en el Vaticano pueden ver en la parte alta, en la ?ltima hornacina de la derecha de la nave central, una gran estatua de san Juan Bosco que se?ala el altar y la tumba de san Pedro. Junto a ?l est?n dos j?venes, uno tiene facciones europeas y el otro los rasgos t?picos de los latinoamericanos. Es evidente la referencia a estos dos j?venes santos: Domingo Savio y Ceferino Namuncur?. Es la ?nica representaci?n de j?venes que se encuentra en dicha bas?lica. Queda as? esculpido en m?rmol, en el centro de la cristiandad, el ejemplo de la santidad juvenil y, al mismo tiempo, queda reflejada la perenne validez de las intuiciones pedag?gicas de don Bosco: en un siglo y medio, tanto en la Patagonia como en Italia, y en tantas otras partes del mundo, el sistema educativo de don Bosco ha dado frutos insospechados y ha forjado h?roes y santos.

?Beato Ceferino, nos encomendamos ahora a tu poderosa intercesi?n: ay?danos en nuestro camino, para que podamos avanzar tambi?n por las sendas de la santidad, fieles a las ense?anzas de don Bosco.

T? has alcanzado la cumbre de la perfecci?n evang?lica cumpliendo bien los deberes cotidianos. T? nos recuerdas as? que la santidad no es algo excepcional, reservada a un grupo de privilegiados: la santidad es la vocaci?n com?n de todos los bautizados y la meta laboriosa de la vida cristiana ordinaria.

Ay?danos a comprender que, por encima de todo, una sola cosa es importante: ser santos, como ?l, el Se?or, es santo.

Beato Ceferino, gu?anos con tu mirada sonriente y mu?stranos el camino del cielo. Acomp??anos a todos al encuentro de tu amigo Jes?s. Am?n.
Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Hablan los obispos
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