Jueves, 22 de noviembre de 2007
Art?culo del Padre Fenando Lorente, o. h., publicado en EL D?A el mi?rcoles 21 de Noviembre de 2007 bajo el ep?grafe general "Luz en el camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


Juan Pablo II, en Europa


CON GOZO y gratitud se est? resaltando la primera venida de Juan Pablo II a Espa?a, hace 25 a?os (l982-2007) con todo su mensaje apost?lico. Es muy digno que los espa?oles recordemos este acontecimiento hist?rico, como sin duda lo estar?n haciendo los ciudadanos de los dem?s pa?ses europeos que corrieron la misma suerte. Pero, para ellos y para nosotros, es a?n m?s importante conocer la respuesta que dimos y le estamos dando actualmente. Aqu?, hoy llevamos la atenci?n a las tres propuestas-respuestas que dej? marcadas Juan Pablo II con sus palabras y obras en todas las naciones que visit?. Las sintetizamos:

Primera: la Europa del siglo XXI tiene que superar definitivamente la dial?ctica que viene enfrentando desde el siglo XVIII a la fe y a la secularizaci?n como totalmente incompatibles. Los l?mites entre los dos ?rdenes han sido transferidos muchas veces en el pasado por la religi?n, no dando "al C?sar lo que es del C?sar y a Dios lo que es Dios". (Juan Pablo II. En el Parlamento Europeo, 11-XI-1988). Pero hoy, tras dos siglos de impacto de los humanismos agn?sticos o ateos, estamos instalados en una imparable y abusiva modernidad secularizada, que tiene mucho de "pensamiento d?bil" y que no ha sido capaz de ofrecer a las preguntas fundamentales que se hace el ser humano m?s respuesta que la evasi?n hacia la periferia de su ser, el "figurar" desenfrenado o la superficialidad de la existencia. Creemos -sigue puntualizando Juan Pablo II- que es posible realizar una s?ntesis entre fe y secularizaci?n -elementos aparentemente opuestos pero que nos parecen complementarios- si acercamos a definir bien los l?mites de la secularizaci?n y los de la fe en la nueva Europa. En sus or?genes, los "padres de Europa" fueron capaces de realizarla en gran medida.

Segunda: Son muy laudables los esfuerzos realizados en Europa por frenar el fundamentalismo. Pero es deseable que no se oriente de forma unilateral, pues tan demoledores son los fundamentalismos "activos" (esa actitud intransigente del laicismo militante, que no permite ni siquiera plantear la posibilidad de intervenci?n de las religiones en la construcci?n de Europa) como los fundamentalismos "pasivos" (que reclaman una neutralidad basada en ignorar la influencia del factor religioso en la vida p?blica, pues, bajo la protesta de respetar al no creyente, se est? discriminando en muchas ocasiones al creyente. Pensamos que, hasta hoy, el hecho religioso no s?lo forma parte de la tradici?n hist?rica de Europa (es decir, de su pasado) sino de la realidad europea actual, pues un elevado porcentaje de ciudadanos europeos son creyentes. Y el cristianismo no s?lo ha sido una realidad individual de millones de europeos a lo largo de la historia, sino institucional y p?blica,

Tercera: los hombres (y las mujeres) de Europa -y por tanto las instituciones que los representan- necesitan referencias inmutables que garanticen sus derechos y el ejercicio de sus deberes. Estas referencias est?n inscritas en la naturaleza humana y religiosa cristiana -con todos los presuntos o reales cometidos a lo largo de la historia- esta siendo garante de ellas. Por otra parte, "el respeto a aquello que es sagrado para otros, y el respeto a lo sagrado en general, a Dios (es) un respeto perfectamente exigible incluso a aquel que no est? dispuesto a creer en Dios". (J. Ratzinger. Cf. "Alfa y Omega", 3-I-1002, p.5). A este respecto, los cristianos de Europa tienen la responsabilidad hist?rica de salir de su apat?a. "No es normal que hombres cristianos vivan en una cultura atea. O los hombres ( y mujeres) creyentes rehacen la cultura acomodada a su fe o la cultura terminar? por hacerlos ateos a ellos" ( y a ellas). Por esto, la llamada de Juan Pablo II a la nueva evangelizaci?n de Europa fue siempre constante:

"Deseo -escribe Juan Pablo II- dirigirme a las comunidades cristianas y a todos los creyentes en Cristo, pidi?ndoles pongan por obra una amplia y articulada acci?n cultural. En efecto, resulta urgente y necesario mostrar -con la fuerza propia de argumentaciones convincentes y de ejemplos capaces de arrastrar- que edificar la nueva Europa bas?ndola en los valores que la forjaron a lo largo de toda su historia y que arraigan en la tradici?n cristiana, resultando beneficioso para todos, con independencia de la tradici?n filos?fica o espiritual de pertenencia, y constituye el s?lido cimiento de una convivencia m?s humana y m?s pac?fica a fuer de respetuosa con todos y cada uno".

(Mensaje a los participantes en el Congreso espa?ol. ?Hacia una Constituci?n Europea? 2?-VI-2002, p.7). La fe cristiana y cat?lica constituye la identidad del pueblo espa?ol. Por eso, conocer y profundizar en el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ?No romp?is con vuestras ra?ces cristianas! S?lo as? ser?is capaces de aportar al mundo europeo la riqueza cultural de vuestra historia". (Juan Pablo II, peregrino a Santiago de Compostela, 9-II-1982).

Durante estos 25 a?os, la sociedad espa?ola en general, los diversos partidos pol?ticos y los gobiernos sucedidos hasta el presente en Espa?a y los constituidos en las dem?s naciones europeas ?han protegido estas ra?ces cristianas o vienen intentando de una forma directa e indirecta, poder eliminarlas a un plazo m?s o menos largo? La verdadera respuesta la conoceremos por sus "frutos".

* Capell?n de la Cl?nica

S. Juan de Dios
Publicado por verdenaranja @ 0:18  | Art?culos de inter?s
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