Jueves, 22 de noviembre de 2007
VATICANO - AVE MARIA a cargo de Mons. Luciano Alimandi - ?Qu? grande es Mar?a!

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El pr?ximo domingo celebraremos la solemnidad de N.S. Jesucristo Rey del Universo, mientras hoy recordamos la Presentaci?n de la Beata Virgen Mar?a en el Templo: la criatura m?s pura es ofrecida a Dios, a ?l se consagra, para preparar el camino al Rey de reyes. La Virgen se ha ofrecido enteramente al Padre, en cada fibra de su ser totalmente puro y transparente, porque inmaculado. En modo misterioso, la Providencia divina preparaba a Mar?a sin que ella lo supiese, a?o tras a?o, para ser el verdadero Templo del Hijo de Dios, su casa virginal en la tierra, ?Aquella que lo habr?a donado al mundo como Salvador!?

Una ni?a toda ella santa se consagraba para siempre al Dios Omnipotente, que habr?a realizado en Ella las maravillas m?s grandes en beneficio de todos los Pueblos. ?El Rey vendr? y ha venido porque la Reina estaba lista para acogerlo!
Solo Mar?a Sant?sima ha sido hecha capaz, por la fuerza de la gracia divina, de ser la Madre de Dios y, por lo tanto, ser elevada a una dignidad que Santo Tom?s de Aquino describe ?casi infinita?: ?la beata Virgen Mar?a, porque es Madre de Dios, tiene una dignidad en cierto modo infinita, derivante del bien infinito que es Dios? (Santo Tom?s de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 25, a. 6). ?Meditamos lo suficiente estas palabras del Doctor de la Iglesia?
Solo sobre Ella, en efecto, el Esp?ritu Santo ha descendido para obrar el m?s grande milagro de todos los tiempos: ?el Verbo se hizo carne y vino a habitar en medio de nosotros? (Jn 1, 14). Quien detiene la mirada sobre Mar?a, animado por una fe simple y pura, as? como Jes?s la ha querido,

contemplando el misterio de la encarnaci?n de Dios, no podr? sino sorprenderse de la excelsa grandeza de la Virgen Madre. Dios le ha donado, en el orden de la econom?a de la salvaci?n, un rol absolutamente ?nico: el de ser la Madre del Redentor y, por ello, tambi?n la Madre de todos los redimidos.
Este rol universal de Mar?a es progresivamente descubierto y nosotros cristianos del ventun?simo siglo, no hemos ciertamente llegado a la cumbre del conocimiento de Mar?a; menos a?n nuestras alabanzas podr?n ser suficientes para exaltar su grandeza. ?De Mar?a nunquam satis?, recita un famoso dicho, y esto es verdadero incluso hasta nuestros d?as. La experiencia bimilenaria de la Iglesia nos dice claramente que la profec?a del Magn?ficat se realiza, puntualmente, en cada siglo, en modo evidente: ?Todas las generaciones te llamar?n beata?.

As? como Isabel proclam? ??bendita t? entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ?A qu? debo que la madre de mi Se?or venga a m??? (Lc 1, 42- 43), porque ha reconocido en Ella la extraordinaria dignidad de Madre del Salvador, as? tambi?n el Pueblo de Dios en camino, descubre siempre en Mar?a nuevas maravillas y, animado por el Esp?ritu Santo, bajo la gu?a del Magisterio de la Iglesia, eleva alabanzas, la invoca sin cansarse y da testimonio de su grandeza.
Llamar ?beata? a Mar?a no significa solamente venerarla sino tambi?n reconocer cada vez m?s las profundidades y alturas de gracia, que su vocaci?n contiene, y que se vierten en el coraz?n de cada uno y del mundo entero. Toda verdadera madre, en efecto, dona todo aquello que posee a los hijos, comenzando por su propia vida; ?cu?nto m?s a?n la Madre de todas las madres! La aut?ntica devoci?n mariana se nutre del amoroso conocimiento de la Madre de Dios, que no puede sino generar el filial testimonio de nuestro pertenecer a Ella. S?, Mar?a es grande y potente porque es la Madre de nuestro Redentor que desde la Cruz nos ha confiado a Ella: ?Mujer, he ah? a tu Hijo?.

?Mujer eres tan grande y tanto vales/ que quien gracia quiere y a T? no recurre/ es como quien quiere volar sin alas?. Estos versos altamente po?ticos que Dante ha dedicado a la Virgen en la Divina Comedia, expresan claramente la mediaci?n materna de Mar?a: quien quiere experimentar los milagros de la gracia, se diriga con confianza a la Madre de Dios y , como en Can?, Jes?s transformar? incluso los eventos de nuestra fr?gil existencia, cambiando la calidad y haci?ndolos evenetos de misericordia.

La Virgen camina al lado del Hijo por los caminos del mundo y por los caminos misteriososdel Esp?ritu, lo introduce en la historia comunitaria y personala, pidi?ndole en el banquete de nuestros d?as el milagro que nos parec?a imposible, pero que, con Ella, se realiza siempre: el de la santidad. Este poder de Mar?a se revela a todos aquellos que a Ella se dirigen y que la aclaman gozosos: ??Bendita t? entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ?A qu? debo que la madre de mi Se?or venga a m??? (Agencia Fides 21/11/2007; l?neas 53, palabras 817)
Publicado por verdenaranja @ 22:27  | Espiritualidad
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