Viernes, 30 de noviembre de 2007
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - La realidad es anterior a la ideolog?a. Tambi?n del ?Gender?.

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En estos tiempos de una tan proclamada sensibilidad ecol?gica s?lo en relaci?n a la naturaleza del hombre est? permitido hacer todo y el contrario de todo. Particularmente en occidente, pero gracias a la globalizaci?n de la informaci?n y de la cultura, de alguna manera tambi?n en todo el planeta, se est? manifestando como una falsa filosof?a que tiene consecuencias evidentemente pr?cticas en la vida de cada individuo, de la sociedad y de los estados. Se ha puesto en discusi?n la verdad de la creaci?n del ser humano como hombre y mujer (Gn 1,27). Sin embargo nadie vive teniendo que recorrer de nuevo el camino de miles de a?os de civilizaci?n: todos vivimos acogiendo y dando por descontado todo lo que nos ha precedido, sin ni siquiera sentir la necesidad de agradecer el gran trabajo realizado en los siglos pasados por nuestros hermanos hombres.

Ni siquiera somos capaces de sorprendernos por un dato tan simple como esencial: cada uno de nosotros antes no era y ahora es. Y un d?a, ya no estar? m?s sobre esta tierra. Una constataci?n tan elemental como incontestable y que nos habla de como cada uno de nosotros somos un ?dato?, que la vida es algo que antes que nada debemos acoger, para poder entender sus coordenadas, su origen y su fin, y s?lo en un segundo momento podemos ?inventar?, con toda la creatividad que nos da la liberta y que s?lo el hombre posee. Pero la libertad no puede ser nunca desarraigo o negaci?n de la realidad. La libertad es conciencia de pertenecer a una historia que inevitablemente nos precede.

En las recientes discusiones sobre la moral sexual y, m?s profundamente, sobre el conocimiento de propio mundo afectivo, la posici?n de los que creen poder ?inventar? su propio g?nero seg?n el caso lo requiera, reivindican una presunta (e imposible) libertad del hombre del dato biol?gico, que (aunque no s?lo) lo caracteriza, y no hacen otra cosa que manifestar el ?xito final de los errores filos?ficos de hace m?s de dos siglos atr?s.

El realismo que afirma la posibilidad de la raz?n de conocer una realidad que la precede y el conocimiento como encuentro, actual y presente, entre el sujeto que conoce y el objeto que es conocido, son las ?nicas premisas en un discurso filos?ficamente aceptable y pr?cticamente capaz de ser vivido. El propio g?nero no se inventa ni se escoge, es un dato irreversible. Y el g?nero es solamente doble: hombre y mujer. Eso se puede descubrir en el delicad?simo proceso de identificaci?n sexual, el cual tiene una gran necesidad de modelos de referencia definidos, que a su vez no tengan problemas de determinaci?n de g?nero.

Adem?s, justamente porque es un dato, el g?nero se acoge, quiz?s como un cruz, en todos aquellos casos en los que la identidad biol?gica y la psicol?gica no est?n de acuerdo, abriendo el camino a un trabajo de acompa?amiento psicol?gico y espiritual que garantice la fraternidad y el respeto indispensables para una aut?ntico crecimiento humano. Tambi?n en este ?mbito la emergencia es educativa: tenemos que volver a educar.

Frente a argumentos tan delicados llama fuertemente la atenci?n el comportamiento de los ?abanderados de la identidad irreal?. Las personas, sus caminos, sus fatigas y sus historias son reales. No las posiciones ideol?gicas y contrapuestas detr?s de las cuales se esconden inmensos intereses econ?micos que no tienen en cuenta para nada a las personas.

Del mismo modo es sorprendente constatar como en los ambientes en los que con m?s frecuencia se clama por el respeto de la naturaleza y de la sensibilidad ecol?gica se pretende, precisamente por cuestiones de ?g?nero?, superar completamente el dato natural cediendo a inconscientes desviaciones filos?ficas y libertinas, existencialmente practicadas, que esclavizan.

El hombre no es s?lo el fruto de sus antecedentes biol?gicos sino que est? constituido por estos y, extraordinariamente, en un poco de material est? presente un anhelo de Infinito, una total apertura al Misterio, que hace del hombre, hombre y mujer, el punto de autoconciencia del cosmos. Es por eso que el Catecismo de la Iglesia Cat?lica recuerda que ?Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad f?sicas, morales y espirituales, est?n orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armon?a de la pareja y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos? (2333). (Agencia Fides 29/11/2007; l?neas 53, palabras 774)
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