S?bado, 01 de diciembre de 2007
Publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia del domingo, primero de Adviento, 2 de Diciembre de 2007.

I Domingo de Adviento [A]


Isa?as 2, 1-5; Romanos 13, 11-14; Mateo 24, 37-44


?Velad!

Empieza [el domingo] el primer a?o del ciclo lit?rgico trienal, llamado a?o A. En ?l nos acompa?a el Evangelio de Mateo. Algunas caracter?sticas de este Evangelio son: la amplitud con la que se refieren las ense?anzas de Jes?s (los famosos sermones, como el de la monta?a), la atenci?n a la relaci?n Ley-Evangelio (el Evangelio es la ?nueva Ley?). Se le considera como el Evangelio m?s ?eclesi?stico? por el relato del primado a Pedro y por el uso del t?rmino ?Ecclesia?, Iglesia, que no se encuentra en los otros tres Evangelios.

La palabra que destaca sobre todas, en el Evangelio de este primer domingo de Adviento, es: ?Velad, pues, porque no sab?is qu? d?a vendr? vuestro Se?or... Estad preparados, porque en el momento que no pens?is, vendr? el Hijo del hombre?. Se pregunta a veces por qu? Dios nos esconde algo tan importante como es la hora de su venida, que para cada uno de nosotros, considerado singularmente, coincide con la hora de la muerte. La respuesta tradicional es: ?Para que estuvi?ramos alerta, sabiendo cada uno que ello puede suceder en sus d?as? (San Efr?n el Sirio). Pero el motivo principal es que Dios nos conoce; sabe qu? terrible angustia habr?a sido para nosotros conocer con antelaci?n la hora exacta y asistir a su lenta e inexorable aproximaci?n. Es lo que m?s atemoriza de ciertas enfermedades. Son m?s numerosos hoy los que mueren de afecciones imprevistas de coraz?n que los que mueren de ?penosas enfermedades?. Si embargo dan m?s miedo estas ?ltimas porque nos parece que privan de esa incertidumbre que nos permite esperar.

La incertidumbre de la hora no debe llevarnos a vivir despreocupados, sino como personas vigilantes. El a?o lit?rgico est? en sus comienzos, mientras que el a?o civil llega a su fin. Una ocasi?n ?ptima para hacer hueco a una reflexi?n sabia sobre el sentido de nuestra existencia. La misma naturaleza en oto?o nos invita a reflexionar sobre el tiempo que pasa. Lo que dec?a el poeta Giuseppe Ungaretti de los soldados en la trinchera del Carso, durante la primera guerra mundial, vale para todos los hombres: ?Se est? / como en oto?o / en los ?rboles / las hojas?. Esto es, a punto de caer, de un momento a otro. ?El tiempo pasa y el hombre no se da cuenta?, dec?a Dante.

Un antiguo fil?sofo expres? esta experiencia fundamental con una frase que se ha hecho c?lebre: ?panta rei?, o sea, todo pasa. Ocurre en la vida como en la pantalla televisiva: los programas se suceden r?pidamente y cada uno anula el precedente. La pantalla sigue siendo la misma, pero las im?genes cambian. Es igual con nosotros: el mundo permanece, pero nosotros nos vamos uno tras otro. De todos los nombres, los rostros, las noticias que llenan los peri?dicos y los telediarios del d?a --de m? de ti, de todos nosotros--, ?qu? permanecer? de aqu? a alg?n a?o o d?cada? Nada de nada. El hombre no es m?s que ?un trazo que crea la ola en la arena del mar y que borra la ola siguiente?.

Veamos qu? tiene que decirnos la fe a prop?sito de este dato de hecho de que todo pasa. ?El mundo pasa, pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre? (1 Jn 2, 17). As? que existe alguien que no pasa, Dios, y existe un modo de que nosotros no pasemos del todo: hacer la voluntad de Dios, o sea, creer, adherirnos a Dios. En esta vida somos como personas en una balsa que lleva un r?o en crecida a mar abierto, sin retorno. En cierto momento, la balsa pasa cerca de la orilla. El n?ufrago dice: ??Ahora o nunca!?, y salta a tierra firme. ?Qu? suspiro de alivio cuando siente la roca bajo sus pies! Es la sensaci?n que experimenta frecuentemente quien llega a la fe. Podr?amos recordar, como conclusi?n de esta reflexi?n, las palabras que santa Teresa de ?vila dej? como una especie de testamento espiritual: ?Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa. S?lo Dios basta?.



Traducci?n del original italiano realizada por Marta Lago
Publicado por verdenaranja @ 10:23  | Espiritualidad
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