S?bado, 01 de diciembre de 2007
La Delegaci?n Diocesana de Liturgia de Tenerife nos ofrece la siguiente reflexi?n.

1? Semana de Adviento
(Convendr?a este primer domingo, entrar solemnemente la Palabra y colocarla en un lugar destacado ya que comenzamos el nuevo a?o lit?rgico y, por consiguiente, el nuevo ciclo. Podr?a colocarse despu?s de la celebraci?n en el amb?n vuelta hacia el pueblo, o en un lugar destacado, o, como indican las nuevas r?bricas del Misal Romano, junto al Sagrario)

A MODO DE REFLEXI?N

En l?nea con la din?mica propia del Adviento que nos invita a reflexionar en estas dos primeras semanas sobre la segunda venida del Se?or, nos encontramos en la texto de hoy con un lenguaje de tono apocal?ptico.

Este lenguaje, que a nosotros puede resultarnos extra?o, era familiar en Israel en el tiempo de Jes?s. Su intenci?n primaria no era una descripci?n de cat?strofes naturales, como en ocasiones suele pensarse. Su finalidad era la de subrayar la esperanza en una intervenci?n decisiva de Dios en la historia, encamin?ndola hacia la salvaci?n.

La imagen del Hijo del Hombre, que tiene su protagonismo en el libro del profeta Daniel es la base para esa afirmaci?n: ?Dios va a actuar decisivamente en el mundo, porque la historia es un camino que no resulta ajeno al actuar de Dios?.

Ante esa intervenci?n, el creyente ha de vivir en estado de vigilancia. No conoce el d?a ni la hora, pero es consciente de que su Se?or se hace presente y viene. La divisi?n de los personajes, tal como la presenta el evangelio, nos habla del drama de la libertad humana ante la intervenci?n de Dios. No es indiferente la actitud que se asuma. El hombre y la mujer pueden secundar o bien bloquear o hacer infructuosa en su vida la salvaci?n que viene de Dios.

Pero esta invitaci?n a la vigilancia no est? coloreada por el temor o la amenaza. Lo realmente decisivo es que quien viene es nuestro Se?or. No se acerca alguien ajeno, no se trata principalmente de una transformaci?n de la naturaleza, que pudiese asustarnos.

La vigilancia, en el fondo, es el modo de mantener ?fresca? esa relaci?n con ?l para que, en ning?n caso y bajo ninguna circunstancia, uno se vea privado de mantenerla eternamente.

A la comunidad cristiana, que peregrina en la espera de su Se?or tantos siglos despu?s sigue dirigi?ndose la misma invitaci?n a renovar esa relaci?n de pertenencia con el Se?or que viene y a no dejar que ni el cansancio, ni la costumbre, ni la monoton?a puedan sofocar la intensidad de la misma.
Publicado por verdenaranja @ 14:25  | Espiritualidad
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