S?bado, 01 de diciembre de 2007
D?a 30 de Noviembre
Fiesta: San Andr?s, ap?stol


El triunfo de obedecer


?Oh buena cruz, que has sido glorificada por causa de los miembros del Se?or, cruz por largo tiempo deseada, ardientemente amada, buscada sin descanso y ofrecida a mis ardientes deseos (...), devu?lveme a mi Maestro, para que por ti me reciba el que por ti me redimi?. Con estas palabras, seg?n cuenta la tradici?n, finalizaba sus d?as en este mundo el ap?stol San Andr?s, cuya fiesta hoy celebramos. Era el colof?n de una vida entregada a Jesucristo, desde el d?a en que escuch? su llamada imperiosa, exigente y, eso s?, para una vida cuya grandeza en modo alguno podr?a haber imaginado.

Sin duda nos sorprende a los hombres de nuestro tiempo, tan amantes de la independencia y la autonom?a personales, este modo, que podr?a parecer autoritario en exceso y hasta arbitrario, en el comportamiento de Jes?s de Nazaret. A Santiago y Juan, sin m?s, los llam? y, dej?ndolo todo, le siguieron. Seguirme, dijo a Pedro y Andr?s. En este caso les promete algo ?os har? pescadores de hombres? que nos es dif?cil precisar hasta qu? punto lo pudieron comprender aquellos pescadores de Galilea. Sabemos, sin embargo, que estaban, como suele suceder casi siempre con la gente normal, ocupados en sus cosas: con su quehacer concreto de aquel momento y, sin duda, con sus planes para el resto de la jornada, una vez concluido aquel trabajo que les ocupaba. Los que llegaron a ser Ap?stoles de Jesucristo eran personas corrientes, posiblemente como cada uno de nosotros Tan corrientes como la mayor?a de las mujeres y de los hombres del mundo, que se dedican a sus cosas, sin imaginarse en absoluto que una tarea tan importante como la Redenci?n se ha llevado a cabo, y es preciso que llegue a ser efectiva en cada persona, en buena medida, por la actividad de gentes corrientes, como t? y como yo.

Andr?s, por referirnos en concreto a uno de aquellos que lleg? a ser de los primeros doce disc?pulos de Nuestro Se?or, seg?n el relato de san Mateo que nos ofrece hoy la Iglesia en el d?a fiesta, jam?s hab?a sospechado, mientras echaba la red con su hermano, que podr?an llegar a pescar algo mucho m?s importante que los peces del lago. Seguramente tampoco imaginaba por entonces que su vida acabar?a discurriendo, hasta f?sicamente, muy lejos de los afanes que parec?an absorberle por completo un d?a y otro: aquella pesca de la que depend?a su subsistencia y la de los suyos. Una tarea ciertamente trabajosa y no siempre grata, seg?n se desprende de otros pasajes del Evangelio, como aquella ocasi?n en la que Jes?s tuvo que escuchar, por boca de su hermano Sim?n: Maestro, hemos estado bregando durante toda la noche y no hemos pescado nada. Una vida, pues, absorbente, que reclamaba todo su inter?s y su esfuerzo y, sin embargo, muy peque?a frente a la que Jes?s le iba a proponer.

No se trataba, ante todo, seg?n los planes divinos, de poner a?n m?s empe?o, m?s hero?smo en la actividad, que ya la vida no era de suyo descansada para los pescadores de Galilea, hac?an cuanto pod?an. Mientras unos intentaban pescar, otros se preparaban para la pr?xima faena remendando las redes deterioradas de tanta brega. De lo que se trataba en adelante ?esa era la diferencia? era de obedecer a Cristo. Y Jes?s se present? aquel d?a con la propuesta humanamente hablando menos oportuna que aquellos hombres podr?an esperar. Pero no es necesario hacer un alarde de imaginaci?n para captar lo que quiere mostrarnos el evangelista con su relato. El hecho escueto que se nos transmite ?y es una ense?anza para los hombres todos los tiempos? es la prontitud en la respuesta de cuantos fueron llamados por Jes?s mientras pasaba junto al lago. Cristo llama y le siguen. Se nos quiere mostrar que cualquier otro af?n es menos importante. Que lo dem?s puede esperar. Que cumplir la voluntad de Dios no admite dilaci?n y es preciso poner los medios: organizar las cosas como mejor convenga, para que su voluntad, en lo que depende de cada uno, se cumpla.

?De verdad que pensamos ?seriamente? que es decisivo salirnos con la nuestra? S? es razonable, y hasta necesario, que tengamos humanos proyectos nobles. Nuestra naturaleza nos impulsa a la b?squeda del bien y cada uno concretamos esa tendencia buena de acuerdo con nuestra personalidad, con nuestras cualidades, aficiones o gustos; de acuerdo, y adem?s con los deberes que por diversos motivos nos corresponden. Reconozcamos, sin embargo, que posiblemente ponemos una ilusi?n desproporcionada en algunos de nuestros afanes. Que ese proyecto, aquella otra ilusi?n, el plan que con tanto cuidado hemos previsto, no se merece hasta tal punto nuestro inter?s, pues parece, en ocasiones, como si casi nos fuera la vida en ello.

?Sentimos ese mismo af?n por cumplir la voluntad de Dios? ?Nos preguntamos de cuando en cuando c?mo agradar m?s al Se?or en las circunstancias que configuran nuestra vida a cada paso? Esto s? que es decisivo: trabajar con la impresi?n cierta, indudable, de que Dios est? pasando, como junto a aquellos pescadores de Galilea, y nos llama. No posiblemente, para que abandonemos la tarea que nos ocupa, pero s? para que nos preguntemos si procuramos agradarle positivamente con nuestro modo de hacer lo que nos ocupa. Y lo mismo en casa que en la calle, con los amigos que con los colegas, con la familia que con los desconocidos..., hasta durante el sue?o, porque nuestro primer y ?ltimo pensamiento de cada jornada deben ser para Dios. As? todo nuestro d?a puede llegar a ser una permanente ilusi?n por hacer lo que Dios quiere, para que su voluntad se cumpla en nuestras obras. De este modo, el salirnos con la nuestra se convierte, sin perder en absoluto la libertad, en un imperioso deseo de que la voluntad de Dios se cumpla en nosotros.

La Madre de todos hombres ?Esclava del Se?or? no quiso otra cosa que cumplir con su vida la voluntad de Dios: h?gase en mi seg?n tu palabra, manifest? al arc?ngel con sencillez. Conducidos por su ejemplo y ayuda, experimentamos asimismo las delicias del triunfo de Dios en cada uno.


Publicado por verdenaranja @ 15:52  | Espiritualidad
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