S?bado, 01 de diciembre de 2007
VATICANO - ESPECIAL - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - ?SPE SALVI?, la segunda Enc?clica de Su Santidad Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Es un grande fresco sobre la Esperanza cristiana, la nueva Enc?clica del Santo Padre Benedicto XVI: ?Spe Salvi facti sumus?, ?En la esperanza hemos sido salvados? (Cf Rm 8,24) es el t?tulo, y es de suponer que ocupar? no poco el tiempo y el estudio de los cristianos y de los hombres de buena voluntad.

Despu?s de habernos regalado la ?Deus caritas est?, sobre la Caridad, el Santo Padre dona a la Iglesia un texto sobre la virtud de la esperanza, la que P?guy defin?a la ?ni?a? entre las tres virtudes teologales, que parece ser llevada de la mano por las m?s grandes, la fe y la caridad, pero que es, en realidad, la que conduce y sostiene a ambas.

Se trata de un texto din?mico, de 50 n?meros, no subdividido oficialmente en partes pero que, de hecho, est? compuesto por una amplia definici?n de la esperanza cristiana, con no pocas puntualizaciones y correcciones de errores en la concepci?n de esta virtud, y una segunda parte con el t?tulo ?Lugares de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza?, en la que surge toda la paternidad y la ayuda del Papa a sus hijos y a todos los hombres para volver, como Iglesia, a educar en la esperanza.

Los primeros 13 n?meros son un apasionado an?lisis b?blico-teol?gico de la esperanza. Pregunta el Papa: ??Pero de qu? tipo es esta esperanza para poder justificar la afirmaci?n seg?n la cual a partir de ella, y simplemente porque ella existe, nosotros somos redimidos? ?Y de qu? tipo de certeza se trata?? (n. 1). Y surge, con toda evidencia, que la esperanza cristiana es certeza, no duda, fundada sobre la fe, incluso que ?esperanza es el equivalente de fe? (n. 2). ?La esperanza, entonces, es una Persona, es Cristo mismo, ya que s?lo quien es capaz de ofrecer una esperanza que supera incluso la muerte dona la verdadera esperanza!

La vida eterna es, entonces, la verdadera medida de la esperanza humana. La lucha contra la muerte, el librarse de la muerte, ha representado siempre un elemento caracter?stico de la experiencia humana; pero ??Queremos nosotros verdaderamente esto - vivir eternamente? Quiz?s hoy muchas personas rechazan la fe simplemente porque la vida eterna no les parece una cosa deseable. No quieren de ninguna manera la vida eterna, sino la presente, y la fe en la vida eterna parece, para este fin, m?s bien un obst?culo. Seguir viviendo eternamente - sin fin - parece m?s una condena que un don. La muerte, ciertamente, la quisi?ramos retrasar los m?s posible. Pero vivir para siempre, sin un final - esto, en realidad, puede ser solamente aburrido y al final insoportable? (n. 10).

El Santo Padre nos conduce as? a una pregunta radical, a la pregunta fundamental de toda existencia humana: ?hay una contradicci?n en nuestra actitud, que remite a una contradicci?n interior de nuestra misma existencia. Por un lado, no queremos morir; sobre todo quien nos ama no quiere que muramos. Por otro lado, sin embargo, ni siquiera deseamos continuar a existir ilimitadamente y la tierra no ha sido creada tampoco con esta perspectiva. Entonces, ?qu? queremos verdaderamente? Esta paradoja de nuestra misma actitud suscita una pregunta m?s profunda: ?qu? es, en realidad, la ?vida?? ?Y qu? significa verdaderamente ?eternidad??? (n.11). La respuesta a estas preguntas ocupa gran parte del camino del texto, y es un recorrido extraordinariamente fascinante que conduce al lector no s?lo a profundizar los propios conocimientos, sino tambi?n a una gran introspecci?n, a un di?logo consigo mismo y con el significado radical de su existencia.

El an?lisis hist?rico del desarrollo del concepto de esperanza de los tiempos modernos (nn. 16-23) lleva consigo un gran aporte, incluso cr?tico, a las derivas de un pensamiento que, reducido antropoc?ntricamente, midiendo todo en base al hombre, ha terminado por querer excluir a Dios. La ideolog?a del progreso, que ha ilusionado, e ilusiona, al hombre, es identificada con extraordinaria claridad, por las ideas de Bacon, de las que se llega a afirmar: ?Francis Bacon y los seguidores de la corriente de pensamiento que en ?l se inspira, se equivocaban al considerar que el hombre habr?a sido redimido a trav?s de la ciencia? (n. 25).

Y Benedicto XVI, como gran conocedor del coraz?n y de la realidad del hombre afirma: ?No es la ciencia que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor. Esto vale ya en el ?mbito puramente intramundano. Cuando uno en su vida experimenta un grande amor, este es un momento de ?redenci?n? que le da un sentido nuevo a su vida. Pero pronto se dar? cuenta tambi?n de que el amor que le es donado no resuelvo, por s? solo, el problema de su vida. Es un amor que sigue siendo fr?gil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita del amor incondicionado. Tiene necesidad de esta certeza? (n. 26). Y tambi?n: ?nosotros tenemos necesidad de las esperanzas - m?s peque?as o m?s grandes - que, d?a a d?a, nos mantienen en camino. Pero sin la gran esperanza, que debe superar todo lo dem?s, ellas no bastan. Esta gran esperanza puede solamente ser Dios? (n. 31).

De gran relieve todo el an?lisis, realizado por la enc?clica, de la relaci?n entre esperanza y libertad, en el que se afirma que el haber querido reducir la esperanza a los l?mites estrechos de las realidades mundanas, a lo humanamente realizable, excluyendo la dimensi?n salvadora de una esperanza que no es solamente el fruto del actuar y del progreso humano, en una concepci?n que de hecho es autoredentora, ha determinado la reducci?n de la libertad: ?una esperanza que no tenga que ver conmigo personalmente no es ni siquiera una verdadera esperanza. Y se hizo evidente que esta era una esperanza contra la libertad, porque la situaci?n de las cosas humanas depende en cada generaci?n nuevamente de la libre decisi?n de los hombres que a ella pertenecen. Si esta libertad, por causa de las condiciones y de las estructuras, fuese [?] eliminada, el mundo, a fin de cuentas, no ser?a bueno, porque un mundo sin libertad no es para nada un mundo bueno? (n. 30).

En la preocupaci?n del Pastor de la Iglesia Universal de indicar a todos sus hijos, y a los hombres de buena voluntad, donde y como se ?aprende? la esperanza, el Santo Padre individua tres ?lugares? fundamentales: en primer lugar la Oraci?n (nn. 32-34), luego la acci?n y el sufrir humanos (nn. 35-40) y, por ?ltimo, el Juicio final (nn. 41-48). El texto concluye con un extraordinario fresco dedicado a Mar?a sant?sima, ?Estrella de la Esperanza? (nn. 48-50). (Agencia Fides 30/11/2007; l?neas 69, palabras 1105)
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