Lunes, 03 de diciembre de 2007
ZENIT publica las palabras que pronunci? Benedicto XVI el domingo, 2 de Diciembre de 2007, antes y despu?s de rezar la oraci?n mariana del ??ngelus?.


Queridos hermanos y hermanas:

Con este primer domingo de Adviento comienza un nuevo a?o lit?rgico: el Pueblo de Dios se vuelve a poner en camino para vivir el misterio de Cristo en la historia. Cristo es el mismo de ayer, de hoy de siempre (Cf. Hebreos 13, 8); la historia sin embargo cambia y necesita ser constantemente evangelizada; necesita ser renovada en su interior y la ?nica verdadera novedad es Cristo: ?l es su pleno cumplimiento, el futuro luminoso del hombre y del mundo. Resucitado de entre los muertos, Jes?s es el Se?or a quien Dios someter? todos los enemigos, incluida la misma muerte (Cf. 1 Corintios 15, 25-28). El Adviento es, por tanto, el tiempo propicio para despertar en nuestros corazones la espera de ?Aquel que es, que era y que va a venir? (Apocalipsis 1, 8). El Hijo de Dios ya vino a Bel?n hace veinte siglos, viene en cada momento al alma y a la comunidad que est?n dispuestos a recibirlo, vendr? de nuevo al final de los tiempos para ?juzgar a vivos y muertos?. Por este motivo, el creyente siempre est? vigilando, animado por la ?ntima esperanza de encontrar al Se?or, como dice el Salmo: ?Espero en el Se?or, mi alma espera en su palabra; mi alma aguarda al Se?or m?s que los centinelas la aurora? (Salmo 129 [130], 5-6).

Este domingo es, por tanto, un d?a sumamente indicado para ofrecer a toda la Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad mi segunda enc?clica, que he querido dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana. Se titula ?Spe salvi?, pues comienza con la expresi?n de san Pablo: ?Spe salvi facti sumus ? en esperanza fuimos salvados? (Romanos 8,24). En ?ste, al igual que en otros pasajes del Nuevo Testamento, la palabra ?esperanza? est? ?ntimamente unida a la palabra ?fe?. Es un don que cambia la vida de quien lo recibe, como demuestra la experiencia de muchos santos y santas. ?En qu? consiste esta esperanza tan grande y tan ?confiable? que nos permite decir que en ella est? nuestra ?salvaci?n?? En definitiva, consiste en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento de su coraz?n de Padre bueno y misericordioso. Jes?s, con su muerte en la cruz y con su resurrecci?n, nos ha revelado su rostro, el rostro de un Dios tan grande en el amor que nos ha dado una esperanza inquebrantable, que ni siquiera la muerte puede resquebrajar, pues la vida de quien conf?a en este Padre se abre a la perspectiva de la felicidad eterna.

El desarrollo de la ciencia moderna ha confinado cada vez m?s la fe y la esperanza a la esfera privada e individual de manera que aparece de forma evidente y en ocasiones dram?tica, que el hombre y el mundo tienen necesidad de Dios --?del verdadero Dios!--, pues de lo contrario quedar?an privados de esperanza. La ciencia sin duda contribuye al bien de la humanidad, pero no es capaz de redimirla. El hombre es redimido por el amor, que hace que la vida personal y social se convierta en buena y hermosa. Por este motivo la gran esperanza, la que es plena y definitiva, est? garantizada por Dios, que en Jes?s nos ha visitado y nos ha donado la vida, y en ?l volver? al final de los tiempos. Es en Cristo que esperamos, ?es ?l a quien esperamos!

Con Mar?a, su Madre, la Iglesia sale al encuentro del Esposo: lo hace con las obras de caridad, pues la esperanza, como la fe, se demuestra con el amor.

Buen Adviento a todos.

[Al final del ?ngelus, el Papa salud? en varios idiomas a los peregrinos. En espa?ol, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola que participan en esta oraci?n mariana. Al comenzar el Adviento, invito a todos a ensanchar el coraz?n para vivir con gozo el inefable don de la venida de Hijo de Dios al mundo, y a permanecer vigilantes y firmes en la fe, esperando su manifestaci?n definitiva y gloriosa. Feliz domingo.

Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina

? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Publicado por verdenaranja @ 0:24  | Habla el Papa
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