Mi?rcoles, 05 de diciembre de 2007
VATICANO - La misi?n de la Iglesia en el Magisterio post conciliar (segunda parte) - por el P. Adriano Garuti y Lara De Angelis

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El Papa Benedicto XVI en su primera enc?clica ?Deus caritas est? (25 de diciembre de 2005) ha afirmado que ?tarea de la Iglesia es comunicar incesantemente este amor divino, gracias a la acci?n vivificante del Esp?ritu Santo. Es en efecto el Esp?ritu quien transforma la vida de los creyentes, liber?ndolos de la esclavitud del pecado y de la muerte, y haci?ndolos capaces de testimoniar el amor misericordioso de Dios, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una ?nica familia? (cfr. n. 19).

Adem?s en el discurso a los participantes del Congreso promovido por la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos (en mayo del 2006) destac? el renovado impulso dado a la misi?n de la Iglesia por el Decreto Ad Gentes con estas precisas palabras: ?La Iglesia ha asumido en modo m?s claro la conciencia de su innata vocaci?n misionera, reconociendo un elemento constitutivo de su misma naturaleza, obedeciendo a la orden de Cristo, que mand? a sus disc?pulos a anunciar el Evangelio a todas las gentes (cfr.Mt 28, 18-20), no como algo facultativo, sino que pertenece a la propia vocaci?n del pueblo de Dios, un deber que le incumbe por orden del mismo Se?or Jesucristo?. El mismo Pont?fice, citando nuevamente su primera enc?clica, afirma que la caridad es ?el alma de la misi?n?, pues ?la misi?n, si no est? orientada por la caridad, es decir, si no brota de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a mera actividad filantr?pica y social?. Si la misi?n es animada por este esp?ritu constituye para todos los creyentes ?un compromiso irrenunciable y permanente? (Mensaje por la LXXX Jornada Misionera Mundial, 22 de octubre de 2006).

Es a?n m?s expl?cita en afirmar la necesidad de pertenecer a la Iglesia la Declaraci?n ?Dominus Iesus? de la Congregaci?n para la Doctrina de la fe (2000), que si bien tiene un car?cter prevalentemente cristol?gico, se refiere a la Iglesia como misterio salv?fico, cuando afirma que Cristo, ?nico mediador entre Dios y los hombres, Aquel que ha realizado el designio de salvaci?n del Padre, ?constituy? a la Iglesia como misterio salv?fico: ?l mismo est? en la Iglesia y la Iglesia est? en ?l; por eso, la plenitud del misterio salv?fico de Cristo pertenece tambi?n a la Iglesia, inseparablemente unida a su Se?or. Jesucristo, en efecto, contin?a su presencia y su obra de salvaci?n en la Iglesia y a trav?s de la Iglesia? (DI 16).

Para conseguir la salvaci?n es entonces necesario pertenecer a la Iglesia, si bien es verdadero que en diversos modos todos los hombres ?est?n llamados a formar el nuevo pueblo de Dios?, al cual ?en diversos modos pertenecen o est?n ordenados, sean estos fieles cat?licos, sean los otros creyentes en Cristo, sean, en fin, todos los hombres que por la gracia de Dios son llamados a la salvaci?n? (LG 13; cf GS 22).

Como conclusi?n de esta recopilaci?n de textos del Vaticano II y del Magisterio post conciliar, emerge que la Iglesia nace como misi?n del acto del Padre que env?a a su Hijo a nosotros, aceptado y cre?do gracias a la misi?n del Esp?ritu: el Cristo, enviado por el Padre, realiza su misi?n en plena fidelidad filial, conducido por el Esp?ritu. Sin Cristo no hay misi?n: ?l es principio, objeto y agente principal de la misi?n.

Cristo es el primer misionero de Dios, el profeta del Reino, el ?nico y ?ltimo Mediador de la salvaci?n. ?l ha sido enviado por el Padre, con un proyecto de salvaci?n trinitario ideado y preciso, que realiza en toda su vida, pero en modo especial en la Encarnaci?n y en la Hora pascual. En la misi?n de la Iglesia contin?a la misi?n de Cristo, no en el sentido que a la misi?n de Cristo sigue la de la Iglesia, sino en el sentido que la misi?n de Cristo contin?a en la misi?n de la Iglesia, Cristo realiza su misi?n con ella, es m?s, como Cristo es el misionero principal, la Iglesia realiza su misi?n con ?l. Se realiza as? el gran evento de la contemporaneidad de Cristo. Cristo puede ser nuestro salvador solo si es contempor?neo a nosotros.

La misi?n de la Iglesia hace contempor?neo a Cristo, para que ?l pueda salvar a todos los hombres. Sobre esta base se fundan las modalidades concretas de la misionariedad de la Iglesia y el di?logo interreligioso, este tambi?n re-conducible por una modalidad de la evangelizaci?n. En efecto, dejando firme este compromiso, ?conserva ?ntegra, hoy como siempre, su fuerza y su necesidad? Porque cree en el designio universal de salvaci?n, la Iglesia debe ser misionera? (DI 22). (6 - continua) (Agencia Fides 4/12/2007; l?neas 50, palabras 780)
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