Mi?rcoles, 05 de diciembre de 2007
Art?culo del padre Fernando Lorente, o.h., publicada en EL D?A, mi?rcoles 5 de Diciembre en la secci?n CRITERIOS, bojo el ep?grafe "Luz en el Camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


?Qu? hacemos de nuestra vida?


SIEMPRE que nos sintamos que estamos "preparados" para la venida del Se?or equivale a decir que cada momento que avanzamos tiene una resonancia de eternidad. A nuestros viejos, maestros relojeros, contemplando y reflexionando sobre las blancas esferas de sus relojes, les gustaban decir: "El tiempo es fugaz". Siempre lo es, y precisamente por eso es precioso. Cu?ntas veces en el correr de nuestra existencia hemos contemplado que las cosas que m?s nos gustaba eran las que menos nos duraban. Y nuestra vida, por m?s que se nos vaya alargando, cada d?a se nos hace y es muy breve; y por eso tenemos que fructificarla porque sigue siendo muy bella.

Nuestro gran escritor y poeta, Jos? M? Pem?n, expresaba no estar "preparado" con estas palabras: "Soy m?s amigo del viento que de la brisa/ Hay que hacer el bien de prisa". Pero aqu?, la prisa no tenemos que cansarla necesariamente con el agobio enfermizo, con el ajetreo nervioso, con los quehaceres agotadores. F?cilmente, podemos comprobar c?mo nuestra civilizaci?n occidental est? pecando gravemente contra el don precioso de la vida: la est? deshumanizando mercantilmente en lo material y en lo moral. La vida, por muy larga que sea para algunos, es demasiado corta para que la hagamos mezquina (Benjam?n Disraeu). Nunca se ha de medir la vida por los a?os, sino por lo que en ellos se ha vivido. Siempre seremos j?venes mientras vivamos esperanzados y empe?ados en valores e ideales eternos.

Bien merece no olvidarnos de que en la vida mantengamos los ritmos -como en la m?sica, como en la respiraci?n, como en las cordadas de los alpinistas- si queremos una existencia arm?nica. Y los ritmos -los menciona la Biblia- los marca la vida: "Hay tiempo de arrancar, y tiempo de plantar, tiempo de hablar y tiempo de callar, tiempo de coser y tiempo de rasgar". El tiempo mide nuestra vida y nuestras posibilidades de realizarlas. Por eso, todo lo pierde quien pierde el tiempo.

Es desde esta breve biograf?a de la tierra desde donde tenemos que alcanzar la meta del cielo y desde este trabajo. Hay un proverbio brasile?o que nos recuerda: la tierra no tiene sed de la sangre de los guerreros, sino del sudor de los buenos trabajadores.

Desde estas aptitudes concretas que moldean una vocaci?n es desde donde tenemos que madurar para la eternidad. Y la vocaci?n eleva la categor?a de la ocupaci?n; la categor?a de la ocupaci?n se rebaja irremisiblemente si la vocaci?n no existe o la hemos perdido por no aprovechar el tiempo en mantenerla.

El descubrimiento de la vocaci?n personal -en la vida pol?tica, profesional, en la vida cristiana, en el estado seglar, religioso, sacerdotal- es el tiempo m?s importante de toda la existencia del ser humano. ?Qu? hacemos de nuestra vida ante esta realidad vocacional-personal y del tiempo para manifestarla con las obras que ella nos exige, como llamada expresa de Dios?

* Capell?n de la Cl?nica

S. Juan de Dios
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