Mi?rcoles, 05 de diciembre de 2007
Benedicto XVI dirigi?ndose a los participantes de la 34? Conferencia de la FAO, a los que ha recibido en audiencia el 22 de noviembre.

Se?or Presiente,
Se?or Director General,
Se?oras y Se?ores,

Al reuniros para la Trig?sina Cuarta Conferencia de Alimentaci?n de los Estado Unidos, me es grato darles la bienvenida al Vaticano. Nuestro encuentro de hoy es parte de una tradici?n que se remonta al tiempo en el que vuestra Organizaci?n estableci? primero su sede en Roma. Estoy contento de tener de una vez m?s la ocasi?n de expresar aprecio por vuestro trabajo de eliminar el azote del hambre mundial.

Como ustedes saben, la Santa Sede ha mantenido siempre fuerte inter?s hacia cualquier esfuerzo hecho para liberar a la familia humana del hambre y la malnutrici?n, con la conciencia que resolver estos problemas requiere no s?lo extraordinaria dedicaci?n y capacitaci?n altamente refinada, sino sobre todo un esp?ritu genuino de cooperaci?n uniendo todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Esta noble finalidad llama a favor de un reconocimiento inquebrantable de la dignidad inherente de la persona humana en cualquier etapa de la vida. Todas las formas de discriminaci?n, y particularmente aquellas que desbaratan el desarrollo agr?cola, se deben rechazar toda vez que constituyen una violaci?n del derecho b?sico de toda persona a ser ?libre del hambre?. Estas convicciones son de hecho demandadas por la misma naturaleza de vuestro trabajo a favor del bien com?n de la humanidad, como expresadas tan elocuentemente por las palabras de vuestro lema -fiat panis- que est?n tambi?n en el coraz?n del Evangelio que la Iglesia est? llamada a proclamar.

Los datos reunidos a trav?s de vuestra investigaci?n y la extensi?n de vuestros programas por mantener el esfuerzo mundial a desarrollar los recursos naturales del mundo testifican claramente una de las m?s preocupantes paradojas de nuestro tiempo: la extensi?n implacable de la pobreza en el mundo que est? tambi?n experimentando prosperidad sin precedentes, no s?lo en la esfera econ?mica sino tambi?n en los campos de la ciencia y de la tecnolog?a que se desarollan con rapidez.

Los obst?culos que permanecen en el camino para llegar a esta tr?gica situaci?n pueden a veces ser desalentadores. Conflictos armados, brotes de enfermedad, condiciones atmosf?ricas y medioambientales adversas y el masivo desplazamiento forzado de personas: todos estos obst?culos deber?an servir como motivaci?n a redoblar nuestros esfuerzos para proporcionar a cada persona del pan diario de ?l o de ella. Por su parte, la Iglesia est? convencida que la b?squeda para soluciones t?cnicas m?s efectivas en un mundo siempre cambiante y en expansi?n exige programas previsores que encarnen valores duraderos enraizados en la inalienable dignidad y derechos de la persona humana.

La FAO contin?a jugando un papel esencial en mitigar el hambre del mundo, al recordar a la comunidad internacional de la necesidad urgente de actualizar constantemente m?todos y de designar estrategias adecuadas a los retos de hoy d?a. Expreso mi aprecio por los esfuerzos generosos hechos en este aspecto por todos los asociados con vuestra Organizaci?n. La Santa Sede ha seguido de cerca las actividades de la FAO durante los seis ?ltimos a?os y est? confiada que los ressultados significativos ya logrados continuar?n. La FAO fue una de las primeras organizaciones internacionales con la que la Santa Sede estableci? relaciones diplom?ticas. El 23 de Noviembre de 1948, durante la Cuarta Sesi?n de vuestra Conferencia, a la Santa Sede se le concedi? el ?nico status de ?Observador Permanente?, asegurando as? su derecho a participar en las actividades de los diversos departamentos y agencias afiliadas de la FAO en un camino en consonancia con la misi?n religiosa y moral de la Iglesia.

El esfuerzo unido de la comunidad internacional para eliminar la malnutrici?n y promover un genuino desarrollo necesariamente exige estructuras claras de gesti?n, y una valoraci?n real?stica de los recursos necesarios para dirigir un amplio campo de diferentes situaciones. Requiere la contribuci?n de cada miembro de la sociedad ?individuos, organizaciones voluntarias, negocios, y gobiernos locales y nacionales- siempre con el debido respeto por aquellos principios ?ticos y morales que son patrimonio com?n de todo pueblo y el fundamento de toda vida social. La comunidad internacional debe siempre aprovechar este precioso tesoro de los valores communes toda vez que el desarrollo genuino y duradero solo puede ser promovido con un esp?ritu de cooperaci?n y una buena voluntad a participar en los recursos profesionales y t?cnicos.

Es m?s, hoy m?s que nunca, la familia humana necesita encontrar las herramientas y estrategias capaces de superar los conflictos causados por diferencias sociales, rivalidades ?tnicas, y la burda disparidad en niveles de desarrollo econ?mico. La humanidad est? sedienta de verdad y de paz duradera ?una paz que puede s?lo suceder si los individuos, grupos a todos los niveles, y los l?deres gubernamentales cultivan h?bitos de hacer decisi?n responsable enraizada firmemente en los principios fundamentales de justicia. Es por eso esencial que las sociedades dediquen sus energ?as a educar a aut?nticos pacificadores: Este es el cometido que afecta en un sentido particular a las organizaciones como la vuestra, que no puede dejar de reconocer como fundamento de aut?ntica justicia el destino universal de los bienes de la creaci?n.

La religion, como una ponderosa fuerza espiritual para curar las heridas de conflicto y division, tiene que hacer su propia contribuci?n distintiva en este aspecto, especialmente a trav?s del trabajo de formar las mentes y los corazones de acuerdo con una visi?n de la persona humana.

Se?oras y se?ores, el progreso t?cnico, importante como es, no lo es todo. Tal progreso debe ser colocado dentro de un contexto m?s amplio del bien integral de la persona humana. Debe constantemente llevar el alimento desde el patrimonio com?n de valores que pueden inspirar iniciativas concretas dirigidas hacia una distribuci?n m?s equitativa de bienes espirituales y materiales. Como escrib? en mi Enc?clica Deus Caritas Est, ?aquellos que est?n en una posici?n de ayudar a otros se dar?n cuenta que, al hacerlo as?, ellos mismos reciben ayuda, el ser capaces de ayudar a otros no es m?rito o logro de s? mismos? (N. 35). Este pricipio tiene especial aplicaci?n al mundo de la agricultura, en el que el trabajo de aquellos que son considerados muchas veces los miembros ?m?s bajos? de la sociedad deber?an ser debidamente reconocidos y estimados.

La actividad destacada de la FAO a favor el desarrollo de la seguridad de comida claramente se?ala a la correlaci?n entre el desarrollo de la pobreza y la negaci?n de los derechos humanos b?sicos, empezando con el derecho fundamental a una adecuada nutrici?n. La paz, prosperidad, y respeto por los derechos humanos son inseparables. ?Ha llegado la hora de garantizar, en nombre de la paz, que ning?n hombre, mujer y ni?o vuelvan a pasar hambre!
Queridos amigos, al renovar mi estima por vuestro trabajo, les aseguro mis oraciones que Dios Todopoderoso iluminar? y guiar? vuestras deliberaciones, de tal manera que la actividad de la FAO reponder? una vez m?s plenamente al deseo de la familia humana para la solidaridad, justicia y paz.

(Traducci?n particular no oficial del Ingl?s)


Links:
Texto en ingl?s
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=945
Publicado por verdenaranja @ 23:36  | Habla el Papa
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