Jueves, 06 de diciembre de 2007
Intervenci?n de Mons. Cristi?n Contreras Villarroel,
Obispo Auxiliar de Santiago y Secretario General de la CECh
en el Primer Encuentro de CONACE con el Mundo Cristiano
Santiago de Chile, 5 de diciembre de 2007


?Volver a vivir? despu?s de la droga


El Se?or ha querido convocarnos a este encuentro de diversas instituciones unidas por la intenci?n com?n de ayudar a enfrentar como sociedad el problema de las adicciones. Nos parece providencial que este encuentro ocurra justo en un momento en el que los m?s importantes referentes pol?ticos del pa?s han alcanzado principios de acuerdos para el tema de la seguridad ciudadana, acuerdos que realzan la importancia de la prevenci?n. Nos llena de esperanza que la preocupaci?n se traslade sustantivamente hacia los grandes procesos de educaci?n y de trabajo comunitario, m?s que a la construcci?n de c?rceles o a pr?cticas represivas.

Cu?nto deseamos que este consenso, nuevo fruto del di?logo que la Iglesia siempre estimula, se pueda concretar en soluciones reales para los hermanos que sufren, de un modo especial los m?s j?venes y los m?s pobres.

En el Chile de hoy, el problema de las drogas afecta a much?simas personas, familias y barrios. Hace un a?o el Presidente de la Conferencia Episcopal, por mandato del Comit? Permanente, dec?a que esta situaci?n ?se nos ha instalado casi sin darnos cuenta? y ?nos desaf?a a buscar respuestas m?s efectivas, teniendo siempre como norte y fin ?ltimo a la persona?(1). Para la Iglesia, el sufrimiento producido por el consumo de drogas, m?s que un problema individual, es un fen?meno social que se expresa en personas concretas, y que corresponde a manifestaciones de las ?nuevas pobrezas? de las que el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos invita a hacernos cargo(2).

El Documento Conclusivo de Aparecida afirma que el problema de la droga es ?como una mancha de aceite que invade todo. No reconoce fronteras, ni geogr?ficas ni humanas. Ataca por igual a pa?ses ricos y pobres, a ni?os, j?venes, adultos y ancianos, a hombres y mujeres?(3). Los obispos tambi?n han dejado en claro que ?la Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que est? destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones?(4).

Por eso no es casualidad que en Chile, con importantes ?xitos y tambi?n con algunos fracasos, la Iglesia Cat?lica haya asumido desde hace d?cadas como una de sus tareas propias el acompa?amiento a personas, familias y comunidades afectadas por este flagelo. El celo apost?lico, la dedicaci?n y el sacrificio del padre Sergio Naser y de sus principales colaboradores durante todos estos a?os, son un capital que honra a nuestra pastoral. Y nos honra fundamentalmente porque toda la iniciativa que la Pastoral de Alcoholismo y Drogadicci?n ha aportado hacia la sociedad, brota del coraz?n mismo del Evangelio. Es por amor a Jesucristo y por nuestra adhesi?n a su mensaje que estamos llamados a realizar esta misi?n.

La labor de la Iglesia en este campo se dirige especialmente en tres direcciones: prevenci?n, acompa?amiento y apoyo de las pol?ticas gubernamentales para enfrentar esta pandemia. En el campo de la prevenci?n, insistimos en la educaci?n en valores para las nuevas generaciones, especialmente el valor de la vida y del amor, la propia responsabilidad y la dignidad humana de los hijos de Dios. En el acompa?amiento, la Iglesia est? al lado del drogadicto y su entorno para ayudarle a recuperar su dignidad y vencer esta enfermedad. En el apoyo a la erradicaci?n de la droga, la Iglesia no deja de denunciar la criminalidad sin nombre de los narcotraficantes que comercian con tantas vidas humanas, teniendo como meta el lucro y la violencia en sus m?s bajas expresiones.

Perm?tanme evocar, en esta oportunidad, uno de los momentos m?s hermosos de los que hemos sido testigos en este a?o que termina. En mayo, el Santo Padre Benedicto XVI visit? la Hacienda de la Esperanza, en la localidad brasile?a de Guaratinguet?, una granja comunitaria creada en 1979 por un sacerdote alem?n para la recuperaci?n de j?venes toxic?manos y alcoh?licos, y para la acogida de madres solteras, de familias necesitadas, de personas sin techo y de enfermos de SIDA en fase terminal. En ese lugar, en ?ntima uni?n con Jesucristo a trav?s de la oraci?n y la meditaci?n b?blica, en la convivencia fraterna del duro trabajo cotidiano que les permite ganarse el sustento, los j?venes realizan su camino para abandonar la droga y volver a insertarse en su familia y en la sociedad.

El mismo Papa primero y semanas despu?s los obispos conocieron en boca de los propios recuperados, la maravilla de su conversi?n y del proceso de sanaci?n que los libera del flagelo de la droga, que les devuelve su dignidad y que los reencuentra con Cristo, con la Iglesia, con su familia y con la sociedad. El Papa, visiblemente conmovido, levant? la voz entonces para dirigirse a los narcotraficantes: ?Dios les pedir? cuentas de lo que han hecho?(5).

Junto a Benedicto XVI, reafirmamos hoy esta convicci?n: ?la dignidad humana no puede ser pisoteada de este modo?(6). El mal provocado recibe la misma reprobaci?n que Jes?s expres? a quienes escandalizaban a los ?m?s peque?os?, los preferidos de Dios?.

Hoy se habla mucho de prevenir. Como se?al? Mons. Goic: ?prevenir? sugiere la capacidad de anticiparse, identificando causas reales y atendiendo antes que la situaci?n se produzca?(7). Y eso mismo, en nuestra sociedad, significa atender a todas las personas en sus derechos y necesidades b?sicas desde su concepci?n en el vientre materno hasta su muerte natural. Por eso entregamos nuestro apoyo a aquellas iniciativas que, en este sentido, se realizan desde el Estado, la sociedad civil y las iglesias cristianas por acompa?ar a las personas que sufren la droga. Quiera el Se?or que todos estos esfuerzos se vean coronados en testimonios tan significativos como los que el Papa Benedicto XVI conoci? en la Hacienda Esperanza: testimonios de j?venes agradecidos que sent?an que hab?an vuelto a la vida. Es el testimonio que ustedes compartir?n durante esta jornada in?dita. Dios bendiga estos trabajos.

Muchas gracias.

---------------------------------------------------------------------
(1) Mons. Alejandro Goic, Presidente de la CECh, Hacia un Bicentenario libre del flagelo de la droga, 25 de septiembre de 2006.
(2) Cfr. Compendio Doctrina Social de la Iglesia n? 5
(3) Documento de Aparecida n? 422. Agradezco de modo especial el testimonio del periodista, profesor Jaime Coiro, presente en la Asamblea de Aparecida.
(4) ?bid.
(5) S.S. Benedicto XVI, Discurso en la Hacienda de la Esperanza, 12 de mayo de 2006.
(6) ?bid
(7) Presidente de la CECh, op cit n? 7.
Publicado por verdenaranja @ 21:35  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios