S?bado, 08 de diciembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Solemnidad de la Inmaculada Concepci?n.

G?nesis 3, 9-15.20; Efesios 1,3-6.11-12; Lucas 1, 26-38

Sin pecado


Con el dogma de la Inmaculada Concepci?n la Iglesia cat?lica afirma que Mar?a, por singular privilegio de Dios y en vista de los m?ritos de la muerte de Cristo, fue preservada de contraer la mancha del pecado original y vino a la existencia ya del todo santa. Cuatro a?os despu?s de la definici?n del dogma por el Papa P?o IX, esta verdad fue confirmada por la Virgen misma en Lourdes en una de las apariciones a Bernadette con las palabras: ?Yo soy la Inmaculada Concepci?n?.

La fiesta de la Inmaculada recuerda a la humanidad que existe una sola cosa que contamina verdaderamente al hombre, y es el pecado. Un mensaje cu?nto m?s urgente que proponer. El mundo ha perdido el sentido del pecado. Se bromea como si fuera lo m?s inocente del mundo. Ali?a con la idea de pecado sus productos y sus espect?culos para hacerlos m?s atractivos. Se refiere al pecado, incluso a los m?s graves, con diminutivos: pecadillo, viciosillo. La expresi?n ?pecado original? se utiliza en el lenguaje publicitario para indicar algo bien distinto de la Biblia: ?un pecado que da un toque de originalidad a quien lo comete!

El mundo tiene miedo de todo menos del pecado. Teme la contaminaci?n atmosf?rica, las penosas enfermedades del cuerpo, la guerra at?mica, actualmente el terrorismo, pero no le da miedo la guerra a Dios, que es el Eterno, el Omnipotente, el Amor, mientras Jes?s dice que no se tema a quienes matan el cuerpo, sino s?lo a quien, despu?s haber matado, tiene el poder de arrojar a la gehenna (v. Lc 12, 4-5).

Esta situaci?n ?ambiental? ejerce una tremenda influencia hasta en los creyentes, que sin embargo quieren vivir seg?n el Evangelio. Produce en ellos un adormecimiento de la conciencia, una especie de anestesia espiritual. Existe una narcosis por pecado. El pueblo cristiano ya no reconoce a su verdadero enemigo, el se?or que le mantiene esclavizado, s?lo porque se trata de una dorada esclavitud. Muchos que hablan de pecado tienen de ?l una idea completamente inadecuada. El pecado se despersonaliza y se proyecta ?nicamente sobre las estructuras; se acaba por identificar el pecado con la postura de los propios adversarios pol?ticos o ideol?gicos. Una investigaci?n sobre qu? piensa la gente que es el pecado arrojar?a resultados que probablemente nos aterrorizar?an.

En lugar de librarse del pecado, todo el empe?o se concentra hoy en librarse del remordimiento del pecado; en vez de luchar contra el pecado se lucha contra la idea de pecado, sustituy?ndola con aquella --bastante distinta-- del ?sentimiento de culpa?. Se hace lo que en cualquier otro campo se considera lo peor de todo, o sea, negar el problema en lugar de resolverlo, volver a echar y sepultar el mal en el inconsciente en vez de extraerlo. Como quien cree que elimina la muerte suprimiendo el pensamiento sobre la muerte, o como el que se preocupa de bajar la fiebre sin curar la enfermedad, de la que aquella es s?lo un providencial s?ntoma. San Juan dec?a que si afirmamos estar sin pecado, nos enga?amos a nosotros mismos y hacemos de Dios un mentiroso (v. 1 Jn 1, 8-10); Dios, de hecho, dice lo contrario: que hemos pecado. La Escritura dice que Cristo ?muri? por nuestros pecados? (1 Co 15, 3). Suprime el pecado y has hecho vana la propia redenci?n de Cristo, has destruido el significado de su muerte. Cristo habr?a luchado contra simples molinos de viento, habr?a derramado su sangre por nada.

Pero el dogma de la Inmaculada nos dice tambi?n algo sumamente positivo: que Dios es m?s fuerte que el pecado y que donde abunda el pecado sobreabunda la gracia (v. Rm 5, 20). Mar?a es la se?al y la garant?a de esto. La Iglesia entera, detr?s de Ella, est? llamada a ser ?resplandeciente, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada? (Ef 5, 27). Un texto del Concilio Vaticano II dice: ?Mientras que la Iglesia en la Sant?sima Virgen ya lleg? a la perfecci?n, por la que se presenta sin mancha ni arruga, los fieles, en cambio, a?n se esfuerzan en crecer en la santidad venciendo el pecado; y por eso levantan sus ojos hacia Mar?a, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos, como modelo de virtudes? [ Lumen gentium, n. 65].

[Traducci?n del original italiano realizada por Marta Lago]
Publicado por verdenaranja @ 1:11  | Espiritualidad
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