S?bado, 08 de diciembre de 2007
D?a 9 de Diciembre
II Domingo de Adviento - A


Rectitud de intenci?n



Vamos avanzando en el Adviento, y en este segundo domingo nos propone la Iglesia la ense?anza de Jes?s a un grupo integrado en su mayor parte por fariseos y saduceos, que se ten?an por cumplidores habituales de la ley, aunque seg?n interpretaciones distintas. El Se?or critica su conducta, que paree?a ya consolidada, y el reproche puede ser de actualidad y dirigido a un grupo como el que nosotros formamos. Nosotros tambi?n podr?amos decir que ya somos cristianos, que ya rezamos, que cumplimos con lo prescrito... ?tantas cosas m?s podr?amos decir para justificarnos?, tratando de mostrar que, por nuestra condici?n, ya hacemos lo suficiente para ser considerados buenos.

En este Adviento, tiempo de preparaci?n personal porque viene Dios ?en cierto sentido? m?s especialmente, procuramos examinar nuestra vida, no sea que necesite ser de alg?n modo corregida aunque tengamos habitualmente la impresi?n de ser buenos, de haber sido ?de siempre? buenos cristianos. Esa impresi?n ten?an los fariseos y los saduceos: que, por el hecho de ser los oficialmente cumplidores de la ley, pensaban que ya no deb?an preocuparse m?s. Su seguridad se apoyaba, como la de algunos hoy d?a, en pertenecer a una clase posiblemente heredada y, por tanto, sin m?rito alguno de su parte o quiz?s con el exclusivo m?rito de mantener unas pr?cticas religiosas bastante rutinarias.

Os aseguro que Dios puede, aun de estas piedras, suscitar hijos de Abrah?n, les reprocha el Bautista. Les viene a decir que la condici?n inicial en la vida espiritual no nos basta, la tenemos por providencia de Dios y punto de partida para lo que se espera de cada uno, para lo que pide Dios de nosotros. Con raz?n, pues, castigar? el Se?or a los que sin raz?n se tranquilizan al pensar, satisfechos, en una bondad ?la suya? heredada o vivida casi s?lo por la fuerza de la costumbre.

No queramos nosotros sentirnos satisfechos ning?n d?a, como si ya hubi?ramos cumplido con Dios o como si, por la educaci?n cristiana recibida y pac?ficamente asimilada, poco m?s debi?ramos hacer y exigirnos, aparte de lo que ya vamos haciendo hoy, con poco esfuerzo por nuestra parte. Espera el Se?or de cada uno amor, decisiones personales aut?nticas en su servicio, manifestadas, por tanto, en obras. Y que donde no llegaron nuestras obras, llegue el arrepentimiento con dolor, porque no supimos querer al Se?or como ?l espera. Deber? ser ?se el momento de un renovado prop?sito, fruto de la contrici?n.

Suavemente movidos por la Gracia y con la luz clara de estas palabras del Se?or, podemos decidirnos a rectificar lo que sea necesario, para que la venida de Dios a los hombres en la pr?xima Navidad nos encuentre bien dispuestos. Acogeremos as? con m?s provecho, gozosos, el tesoro de su misericordia y amor. Ser? entonces el momento de responder serena y sencillamente a los que nos pregunten, que el origen de la verdadera alegr?a ?de la felicidad? no puede ser otro que una efectiva uni?n con Dios; que la fatiga y hasta el dolor, precio humano de esa uni?n, se tienen por bien pagados; y que es nuestro mismo Se?or quien, en su misericordia, nos da las fuerzas para poder y superar la flaqueza que nos detiene.

No olvidemos, en todo caso, las palabras amenazantes de Juan, aunque sea preferible actuar por razones positivas: el hacha est? ya puesta a la ra?z de los ?rboles, y todo ?rbol que no d? buen fruto ser? cortado y arrojado al fuego. Espera Nuestro Dios que le acojamos cargados de futos, habiendo hecho rendir, para ?l, las buenas cualidades que nos ha otorgado. ?Qu? hago con mi tiempo, con mi imaginaci?n, con mi esfuerzo? Puedo y debo ocuparlos en Dios, aun a costa de renunciar a ser personalmente el protagonista de la historia de mi vida. Necesito servir al desarrollo en m? del plan trazado por el Creador desde antes de la constituci?n del mundo, seg?n la expresi?n de san Pablo.

En este tiempo de Adviento, cuenta Dios con mi espera ilusionada, mientras me esmero en los detalles, quiz? peque?os, con los que puedo mejorar para acogerle mejor. Cada esfuerzo en esa mejora ser? manifestaci?n de amor, como el amor de Mar?a cuando dispon?a lo necesario antes del nacimiento de Jes?s.


Publicado por verdenaranja @ 15:14  | Espiritualidad
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