S?bado, 08 de diciembre de 2007
D?a 3 de Diciembre
San Francisco Javier


La misi?n del ap?stol


Ser bautizados supone haber sido destinados, por voluntad de Dios y en virtud de su libre decisi?n y poder, a su misma vida trinitaria. Los que hemos sido bautizados tenemos un porvenir sobrenatural, recibido gratuitamente, que no tenemos capacidad para comprender del todo ni para explicar. Y es a causa de su inmensa grandeza, pues supera nuestra inteligencia y nuestra capacidad de expresi?n, pero es el ?nico capaz de satisfacer plenamente todos nuestros anhelos. La figura de san Francisco Javier, ap?stol en el lejano oriente, que hoy conmemoramos, nos hace patente la gran relevancia del misterio trinitario, al que ?l consagr? su vida, administrando el Santo Bautismo a miles de mujeres y de hombres muy lejos de su Navarra natal.

Las ?ltimas palabras de Jes?s a los ap?stoles, instantes antes de ascender a los cielos, se refieren al bautismo. Son palabras que vienen a resumir toda su ense?anza, y como la esencia de la doctrina que vino a traer al mundo y la raz?n por la que tom? carne humana. Son, por otra parte, un mandato expreso a los que hab?a escogido para la misi?n de difundir su ense?anza y preparado durante su vida p?blica. Mandato que sintieron asimismo dirigido a ellos muchos otros, como san Francisco Javier, a lo largo de los siglos, gracias a los cuales gozamos hoy del conocimiento de Dios y sus misericordias con los hombres, muchos millones de cristianos, a la vuelta de veinte siglos desde la Encarnaci?n.

Jes?s quiso dejar muy claro lo decisivo que ser?a la difusi?n del Evangelio para el bien temporal y eterno de los hombres. Quiso declarar expresamente que la vida trinitaria, para la que el hombre fue pensado por el Creador y destinado al mundo; esa vida en la que s?lo puede consistir la plenitud humana, se logra por el camino de los mandamientos: todo cuanto os he mandado, les dijo. Las ?ltimas palabras de Jes?s, antes de su Ascensi?n a los cielos, son para enviar por todo el mundo a sus Ap?stoles. Comenzaba as? la tarea de evangelizaci?n universal, que todav?a reclama m?s y m?s trabajadores, pues, aunque muchos conocen a Cristo, tambi?n son muchos los que no han tenido oportunidad de conocerlo o viven como si no le hubieran conocido.

Jes?s impulsa a sus ap?stoles a evangelizar a todos los pueblos. Toda la humanidad es, por tanto, destinataria del bautismo que nos constituye en hijos de Dios por Jesucristo. De todo hombre, de toda mujer, espera amor nuestro Creador y Padre, con tal de que haya recibido el bautismo y, sobre este sacramento, la conveniente instrucci?n en el Evangelio. Grande es, por tanto, la responsabilidad de cuantos ya nos sabemos hijos de Dios. Tenemos, como dice un salmo, el mundo por heredad. Hemos de ver a nuestros semejantes, por lejanos que puedan estar f?sica o moralmente, como candidatos al Reino de los Cielos, que corre de nuestra cuenta animar. ?C?mo?: como tratamos de atraer a nuestros conocidos y amigos a nuestra casa, a nuestro negocio, a nuestra diversi?n; como intentamos captar, incluso a quienes todav?a no conocemos para que apoyen las iniciativas sociales y, econ?micas o pol?ticas... que nos interesan.

Es ser y sentirse ap?stoles, mujeres y hombres capacitados por su bautismo ?y m?s por su confirmaci?n? para extender, con el poder de Cristo, el reino de Dios en nuestro mundo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, id pues..., dice Jes?s a sus ap?stoles, antes de ascender al Cielo, para que se sientan con confianza ante la tarea que les encomienda. Con confianza porque ser? eficaz su esfuerzo, acrecentado con el poder de Cristo, por insuperables que parezcan los obst?culos o la resistencia a la Gracia divina. Esa confianza es, a la vez, seguridad en que, con ese mismo poder de Cristo que vivifica al ap?stol, ser? capaz de agradar a Dios a pesar de su debilidad.

M?s de una vez podremos notar el cansancio por el trabajo apost?lico. Es el esfuerzo que fatiga al bogar contracorriente, al hacer rectos ?hacia Dios? los caminos retorcidos del ego?smo humano. Es notar incomprensi?n y hasta agresiva rebeld?a, cuando s?lo se pretende agradar gratuitamente y favorecer. Recordemos, entonces, a Nuestro Se?or cansado, fatigado por el camino de una ciudad a otra, con sed, como cerca de Sicar pidiendo de beber a la mujer samaritana, o tan agoado de todo el d?a, que se duerme en la barca, a pesar de la tempestad, y deben despertarle atemorizados los disc?pulos. Recordemos, en fin, a Nuestro Se?or cargando con la Cruz camino del G?lgota, con tanto m?s amor por la humanidad cuanto mayor es el sufrimiento y la incomprensi?n que soporta. As? le toc? vivir tambi?n a san Francisco Javier y a los ap?stoles de todos los tiempos.

No nos han de faltar, si embargo, las fuerzas ni la alegr?a en el servicio de Dios: sabed que yo estoy con vosotros todos los d?as hasta el fin del mundo, dijo Jes?s a sus ap?stoles y nos repite ahora a cada uno. Como tampoco echaremos de menos el consuelo de Nuestra Madre, Mar?a, que ha de ser adem?s eficaz c?mplice en las aventuras que emprendamos para que otros descubran la vida divina. No hemos de temer por sentirnos solos, casi los ?nicos en la empresa sobrenatural de difundir el evangelio. Ya sabemos, como advirti? el Se?or, que son pocos los que pasan por la puerta angosta, que conduce al Reino de los Cielos y muchos, en cambio, los que penetran por la puerta espaciosa que conduce a la perdici?n.

El cristiano, hoy como ayer, si es consecuente con su fe, se siente como el fermento entre la masa: con una enorme capacidad de transformaci?n de su entorno, aunque cuantitativamente pueda pasar inadvertido. Su eficacia, como queda dicho, se debe a la vida de Dios que habita en ?l, de la que vive; la misma que se siente llamado a difundir. As? actuaron los que formaban la primera comunidad cristiana, en un mundo pagano y hostil a la fe, y tantos otros a lo largo de los siglos. Y antes, la Madre de Dios ?Nuestra Madre?: hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Esp?ritu Santo.



Publicado por verdenaranja @ 15:23  | Espiritualidad
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