S?bado, 08 de diciembre de 2007
Benedicto XVI presenta la figura de san Cromacio de Aquileya
Intervenci?n de Benedicto XVI en la audiencia general del mi?rcoles, 5 de Dciembre de 2007, dedicada a presentar la figura de san Cromacio de Aquileya.


Ciudad del Vaticano, 5 diciembre de 2007.


Queridos hermanos y hermanas:

En las ?ltimas catequesis hemos hecho una excursi?n por las Iglesias de Oriente de lengua sem?tica, meditando sobre Afraates el persa y san Efr?n el sirio; hoy regresamos al mundo latino, al norte del Imperio Romano, con san Cromacio de Aquileya. Este obispo desempe?? su ministerio en la antigua Iglesia de Aquileya, ferviente ! centro de vida cristiana situado en la D?cima regi?n del Imperio Romano, la Venetia et Histria.

En el a?o 388, cuando Cromacio subi? a la c?tedra episcopal de la ciudad, la comunidad cristiana local hab?a madurado ya una gloriosa historia de fidelidad al Evangelio. Entre la segunda mitad del siglo III y los primeros a?os del IV, las persecuciones de Decio, de Valeriano y de Diocleciano hab?an cosechado un gran n?mero de m?rtires. Adem?s, la Iglesia de Aquileya hab?a tenido que afrontar, al igual que las dem?s Iglesias de la ?poca, la amenaza de la herej?a arriana. El mismo Atanasio, el heraldo de la Ortodoxa de Nicea, a quienes los arrianos hab?an expulsado al exilio, encontr? durante un tiempo refugio en Aquileya. Bajo la gu?a de sus obispos, la comunidad cristiana resisti? a las insidias de la herej?a y reforz? su adhesi?n a la fe cat?lica.

En septiembre del a?o 381, Aquileya fue sede de un s?nodo, que reuni? a unos 35 obispos de las costas de ?frica, del valle del Rin, y de toda la D?cima regi?n. El s?nodo pretend?a acabar con los ?ltimos residuos de arrianismo en Occidente. En el Concilio particip? el presb?tero Cromacio como perito del obispo de Aquileya, Valeriano (370/1-387/8). Los a?os en torno al s?nodo del a?o 381 representan la ?edad de oro? de la comunidad de Aquileya. San Jer?nimo, que hab?a nacido en Dalmacia, y Rufino de Concordia hablan con nostalgia de su permanencia en Aquileya (370-373), en aquella especie de cen?culo teol?gico que Jer?nimo no duda en definir ?tamquam chorus beatorum?, ?como un coro de bienaventurados? (Cr?nica: PL XXVII, 697-698). ! En este cen?culo, que en ciertos aspectos recuerda las experiencias comunitarias vividas por Eusebio de Verceli y por Agust?n, se conforman las personalidades m?s notables de las Iglesias del Alto Adri?tico.

Pero ya en su familia Cromacio hab?a aprendido a conocer y a amar a Cristo. Nos habla de ella, con palabras llenas de admiraci?n, el mismo Jer?nimo, que compara a la madre de Cromacio con la profetisa Ana, a sus hermanas con las v?rgenes prudentes de la par?bola evang?lica, a Cromacio mismo y su hermano Eusebio con el joven Samuel (Cf. Ep?stola VII: PL XXII,341). Jer?nimo sigue diciendo: ?El beato Cromacio y el santo Eusebio eran tan hermanos de sangre como por la uni?n de ideales? (Ep?stola VIII: PL XXII, 342).

Cromacio hab?a nacido en Aquileya hacia el a?o 345. Fue ordenado di?cono y despu&eacut! e;s presb?tero; por ?ltimo, fue elegido pastor de aquella Iglesia (a?o 388). Tras recibir la consagraci?n episcopal del obispo Ambrosio, se dedic? con valent?a y energ?a a una ingente tarea por la extensi?n del terreno que se hab?a confiado a su atenci?n pastoral: la jurisdicci?n eclesi?stica de Aquileya, que se extend?a desde los territorios de la actual Suiza, Baviera, Austria y Eslovenia, hasta llegar a Hungr?a.

Es posible hacerse una idea de c?mo Cromacio era conocido y estimado en la Iglesia de su tiempo por un episodio de la vida de san Juan Cris?stomo. Cuando el obispo de Constantinopla fue exiliado de su sede, escribi? tres cartas a quienes consideraba como los m?s importantes obispos de occidente para alcanzar su apoyo ante los emperadores: una carta la escribi? al obispo de Roma, la segunda al obispo de Mil?n, la terce! ra al obispo de Aquileya, es decir, Cromacio (Ep?stola CLV: PG LII, 702). Tambi?n para ?l eran tiempos dif?ciles a causa de la precaria situaci?n pol?tica. Con toda probabilidad Cromacio falleci? en el exilio, en Grado, mientras trataba de escapar de los saqueos de los b?rbaros, en el mismo a?o 407 en el que tambi?n mor?a Cris?stomo.

Por prestigio e importancia, Aquileya era la cuarta ciudad de la pen?nsula italiana, y la novena del Imperio romano: por este motivo llamaba la atenci?n de los godos y de los hunos. Adem?s de causar graves lutos y destrucci?n, las invasiones de estos pueblos comprometieron gravemente la transmisi?n de las obras de los Padres conservadas en la biblioteca episcopal, rica en c?dices. Se perdieron tambi?n los escritos de Cromacio, que se desperdigaron, y con frecuencia fueron atribuidos a otros aut! ores: a Juan Cris?stomo (en parte, a causa de que sus dos nombres comenzaban igual: ?Chromatius? como ?Chrysostomus?); o a Ambrosio y a Agust?n; e incluso a Jer?nimo, a quien Cromacio hab?a ayudado mucho en la revisi?n del texto y en la traducci?n latina de la Biblia. El redescubrimiento de gran parte de la obra de Cromacio se debe a afortunadas vicisitudes, que han permitido en los a?os recientes reconstruir un corpus de escritos bastante consistente: m?s de unos cuarenta sermones, de los cuales una decena en fragmentos, adem?s de unos sesenta tratados de comentario al Evangelio de San Mateo.

Cromacio fue un sabio maestro y celoso pastor. Su primer y principal compromiso fue el de ponerse a la escucha de la Palabra para ser capaz de convertirse en su heraldo: en su ense?anza siempre se basa en la Palabra de Dios y a ella regresa siempre. Algunos temas los! lleva particularmente en el coraz?n: ante todo, el misterio de la Trinidad, que contempla en su revelaci?n a trav?s de la historia de la salvaci?n. Despu?s est? el tema del Esp?ritu Santo: Cromacio recuerda constantemente a los fieles la presencia y la acci?n de la tercera Persona de la Sant?sima Trinidad en la vida de la Iglesia.

Pero el santo obispo afronta con particular insistencia el misterio de Cristo. El Verbo encarnado es verdadero Dios y verdadero hombre: ha asumido integralmente la humanidad para entregarle como don la propia divinidad. Estas verdades, repetidas con insistencia, en parte en clave antiarriana, llevar?an unos cincuenta a?os despu?s a la definici?n del Concilio de Calcedonia.

El hecho de subrayar intensamente la naturaleza humana de Cristo lleva a Cromacio a hablar de la Virgen Mar?a. Su doctrina mariol?gica es tersa y precisa! . Le debemos algunas descripciones sugerentes de la Virgen Sant?sima: Mar?a es la ?virgen evang?lica capaz de acoger a Dios?; es la ?oveja inmaculada? que engendr? al ?cordero cubierto de p?rpura? (Cf Sermo XXIII,3: ?Scrittori dell'area santambrosiana? 3/1, p. 134).

El obispo de Aquileya pone con frecuencia a la Virgen en relaci?n con la Iglesia: ambas, de hecho, son ?v?rgenes? y ?madres?. La eclesiolog?a de Cromacio se desarrolla sobre todo en el comentario a Mateo. Estos son algunos de los conceptos repetidos: la Iglesia es ?nica, ha nacido de la sangre de Cristo; es un vestido precioso tejido por el Esp?ritu Santo; la Iglesia est? all? donde se anuncia que Cristo naci? de la Virgen, donde florece la fraternidad y la concordia. Una imagen particularmente querida por Cromacio es la del barco en el ! mar en la tempestad --vivi? en una ?poca de tempestades, como hemos visto--: ?No hay duda?, afirma el santo obispo, ?que esta nave representa a la Iglesia? (cfr Tract. XLII,5: ?Scrittori dell'area santambrosiana? 3/2, p. 260).

Como celoso pastor, Cromacio sabe hablar a su gente con un lenguaje fresco, colorido e incisivo. Sin ignorar la perfecta construcci?n latina, prefiere recurrir al lenguaje popular, rico de im?genes f?cilmente comprensibles. De este modo, por ejemplo, tomando pie del mar, pone en relaci?n por una parte la pesca natural de peces que, echados a la orilla, mueren; y por otra, la predicaci?n evang?lica, gracias a la cual los hombres son salvados de las aguas enfangadas de la muerte, e introducidos en la verdadera vida (Cf. Tract. XVI,3: ?Scrittori dell'area santambrosiana? 3/2, p. 106).

Desde el punto de vista del buen past! or, en un per?odo borrascoso como el suyo, flagelado por los saqueos de los b?rbaros, sabe ponerse siempre al lado de los fieles para alentarles y para abrir su esp?ritu a la confianza en Dios, que nunca abandona a sus hijos.

Recogemos, al final, como conclusi?n de estas reflexiones, una exhortaci?n de Cromacio que todav?a hoy sigue siendo v?lida: ?Invoquemos al Se?or con todo el coraz?n y con toda la fe --recomienda el obispo de Aquileya en un Serm?n--, pid?mosle que nos libere de toda incursi?n de los enemigos, de todo temor de los adversarios. Que no tenga en cuenta nuestros m?ritos, sino su misericordia, ?l que tambi?n en el pasado se dign? liberar a los hijos de Israel no por sus m?ritos, sino por su misericordia. Que nos proteja con su acostumbrado amor misericordioso, y que act?e a trav?s de nosotros lo que dijo san Mois&eacut! e;s a los hijos de Israel: "El Se?or pelear? en vuestra defensa y vosotros quedar?is en silencio". Quien pelea es ?l y es ?l quien vence... Y para que se digne hacerlo tenemos que rezar lo m?s posible. ?l mismo dice por labios del profeta: "Inv?came en el d?a de la tribulaci?n; yo te liberar? y t? me glorificar?s"? (Sermo XVI,4: ?Scrittori dell'area santambrosiana? 3/1, pp. 100-102).

De este modo, precisamente al inicio del Adviento, san Cromacio nos recuerda que el Adviento es tiempo de oraci?n, en el que es necesario entrar en contacto con Dios. Dios nos conoce, me conoce, conoce a cada uno de nosotros, me ama, no me abandona. Sigamos adelante con esta confianza en el tiempo lit?rgico reci?n comenzado.


Publicado por verdenaranja @ 15:30  | Habla el Papa
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