S?bado, 08 de diciembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del domingo, segundo de Adviento, 9 de Diciembre.

II Domingo de Adviento [A]

Isa?as 11, 1-10; Romanos 15, 4-9; Mateo 3, 1-12


Una voz en el desierto


En el Evangelio del segundo domingo de Adviento no nos habla directamente Jes?s, sino su precursor, Juan el Bautista. El coraz?n de la predicaci?n del Bautista se contiene en esa frase de Isa?as que repite a sus contempor?neos con gran fuerza: ?Voz del que grita en el desierto: preparad el camino del Se?or, enderezad sus sendas?. Isa?as, a decir verdad, expresaba: ?Una voz clama: en el desierto abrid camino al Se?or? (Is 40, 3). No es por lo tanto una voz en el desierto, sino un camino en el desierto. Los evangelistas, aplicando el texto al Bautista que predicaba en el desierto de Judea, han modificado la puntuaci?n, pero sin cambiar el sentido del mensaje.

Jerusal?n era una ciudad rodeada por el desierto: a Oriente los caminos de acceso, en cuanto se trazaban, f?cilmente desaparec?an por la arena que mueve el viento, mientras que a Occidente se perd?an entre las asperezas del terreno hacia el mar. Cuando una comitiva o un personaje importante deb?a llegar a la ciudad, era necesario salir y caminar por el desierto para abrir una v?a menos provisional; se cortaban las zarzas, se colmaban las hondonadas, se allanaban los obst?culos, se reparaba un puente o un paso. As? se hac?a, por ejemplo, con ocasi?n de la Pascua para acoger a los peregrinos que llegaban de la Di?spora. En este dato de hecho se inspira Juan el Bautista. Est? a punto de llegar, clama, uno que est? por encima de todos, ?el que debe venir?, el que esperan las gentes: es necesario trazar una senda en el desierto para que pueda llegar.

Pero he aqu? el salto de la met?fora a la realidad: este sendero no se traza sobre el terreno, sino en el coraz?n de cada hombre; no se traza en el desierto, sino en la propia vida. Para hacerlo, no es necesario ponerse materialmente al trabajo, sino convertirse: ?Enderezad las sendas del Se?or?: este mandato presupone una amarga realidad: el hombre es como una ciudad invadida por el desierto; est? cerrado en s? mismo, en su ego?smo; es como un castillo con un foso alrededor y los puentes alzados. Peor: el hombre ha complicado sus sendas con el pecado y ah? se ha quedado, seducido, como en un laberinto. Isa?as y Juan el Bautista hablan metaf?ricamente de precipicios, de montes, de pasos tortuosos, de lugares impracticables. Basta con llamar estas cosas por sus verdaderos nombres, que son orgullo, acidia, vejaciones, violencias, codicias, mentiras, hipocres?a, impudicias, superficialidades, ebriedades de todo tipo (se puede estar ebrio no s?lo de vino o de drogas, sino tambi?n de la propia belleza, de la propia inteligencia, o de uno mismo ?que es la peor ebriedad!). Entonces se percibe inmediatamente que el discurso tambi?n es para nosotros; es para cada hombre que en esta situaci?n desea y espera la salvaci?n de Dios.

Enderezar un sendero para el Se?or tiene por lo tanto un significado concret?simo: significa emprender la reforma de nuestra vida, convertirse. En sentido moral lo que hay que allanar y los obst?culos que hay que retirar son el orgullo -que lleva a ser despiadado, sin amor hacia los dem?s--, la injusticia -que enga?a al pr?jimo, tal vez aduciendo pretextos de resarcimiento y de compensaci?n para acallar la conciencia--, por no hablar de rencores, venganzas, traiciones en el amor. Son hondonadas a colmar la pereza, la acidia, la incapacidad de imponerse un m?nimo esfuerzo, todo pecado de omisi?n.

La palabra de Dios jam?s nos aplasta bajo una mole de deberes sin darnos al mismo tiempo la seguridad de que ?l nos brinda lo que nos manda hacer. Dios, dice [el profeta] Baruc, ?ha ordenado que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios? [Ba 5, 7. Ndr]. Dios allana, Dios colma, Dios traza la senda; es tarea nuestra secundar su acci?n, recordando que ?quien nos ha creado sin nosotros, no nos salva sin nosotros?.

Traducci?n del original italiano realizada por Marta Lago
Publicado por verdenaranja @ 16:23  | Espiritualidad
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