S?bado, 08 de diciembre de 2007
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los Obispos de la Conferencia Episcopal Coreana, recibidos en audiencia el lunes 3 de diciembre de 2007, junto al Prefecto apost?lico de Ulan Bator (Mongolia), con ocasi?n de la visita Ad Limina Apostolorum.

Queridos hermanos obispos,

?Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en ?l? (1 Jn 4,16). Con saludos fraternales os doy la bienvenida, obispos de Corea y de la Prefectura Apost?lica de Ulaanbaatar, y doy las gracias al Reverend?simo John Chang Yik, Presidente de la Conferencia Episcopal, por los amables sentimientos expresados de vuestra parte. Ardientemente correspondo a ellos y os aseguro a vosotros, y a aquellos confiados a vuestro cuidado pastoral, mis oraciones y solicitud. Como siervos del Evangelio, hab?is venido a ver a Pedro (cf Gal 1, 18) y a fortalecer los lazos de colegialidad que expresan la unidad de la Iglesia en la diversidad y salvaguardar la tradici?n entregada por los ap?stoles (cf. Patores Gregis, 57).

La Iglesia en vuestros pa?ses ha hecho progreso considerable desde la llegada de los misioneros a la regi?n hace ya cuatrocientos a?os, y su regreso a Mongolia justamente hace quince a?os. Este crecimiento es debido en no peque?a parte al testimonio relevante de los M?rtires de Corea y otros por toda Asia que permanecieron firmemente fieles a Cristo y a su Iglesia. La fortaleza de su testimonio habla elocuentemente del concepto fundamental de comuni?n que unifica y vivifica la vida eclesial en todas sus dimensiones. Las numerosas exhortaciones del evangelista San Juan a permanecer en el amor y la verdad de Cristo evoca la imagen de una segura e intacta morada. Dios nos ama primero y nosotros, conducidos hacia su don de agua viva ?constantemente bebemos de nuevo de la fuente original, que es Jesucristo, desde cuyo coraz?n traspasado fluye el amor deDios?. (Deus Caritas Est, 7). Sin embargo San Juan tambi?n tuvo que urgir a sus comunidades permanecer en ese amor, porque algunos ya hab?an sido reducidos por las distracciones que conducen a la debilidad interior y a su eventual separaci?n de la comunicadad de creyentes.

Esta advertencia a permanecer en el amor de Cristo tambi?n tiene particular significado para ustedes hoy d?a. Vuestro informe atestigua del cebo del materialismo y de los efectos negativos de una mentalidad secularista. Cuando hombres y mujeres son conducidos fuera de la morada del Se?or, inivitablemente vagan en un desierto de soledad individual y de fragmentaci?n social, porque ?es s?lo en la Palabra hecha carne que el misterio del hombre llega verdaderamente a ser claro? (Gaudium et Spes, 22)

Queridos hermanos, desde esta perspectiva es evidente que para ser pastores efectivos de esperanza deb?is esforzaros por asegurar que el lazo de comuni?n que une a Cristo con todos los bautizados sea salvaguardado y experimentado como el coraz?n del misterio de la Iglesia (cf. Ecclesia in Asia, 24). Con los ojos fijos en el Se?or, los fieles deben repetir de nuevo el grito de fe de los M?rtires: ?Sabemos y creemos en el amor que Dios nos tiene? (1 Jn 4, 16). Tal fe es sustentada y alimentada por el progresivo encuentro con Jesucristo que viene a los hombtre y mujeres a trav?s de la Iglesia: el signo y el sacramento de comuni?n con Dios y de unidad entre todos los pueblos (cf Lumen Gentium, 1). La puerta a este misterio de comuni?n con Dios es por consiguiente el Bautismo. Este sacramento de iniciaci?n, lejos de ser un rito social o bienvenida a una comunidad particular, es la iniciativa de Dios (cf Rito de Bautismo, 98). Aquellos renacidos a trav?s de las aguas de la nueva vida entran por la puerta de la Iglesia Universal y son conducidos dentro del dinamismo de la vida de fe. En verdad, la importancia profunda de este sacramento marca vuestra creciente preocupaci?n de que no pocos de los numerosos adultos recibidos dentro de la iglesia en vuestra regi?n cada a?o fracasen en mantener un compromiso ?en la plena participaci?n en las celebraciones lit?rgicas que es? un derecho y obligaci?n por raz?n? del Bautismo? (Sacrosantum Concilium, 14). Les animo a asegurar, especialmente a trav?s de una feliz mistagogia, que ?la llama de la fe? se mantenga ?viva en los corazones? (Rito de Bautismo, 100) de los bautizados recientemente.

La palabra comuni?n tambi?n hace referencia por consiguiente a la Eucarist?a centro de la Iglesia como San Pablo elocuentemente ense?a (cf. 1 Cor 10, 16-17). La Eucarist?a arraiga nuestro conocimiento de la Iglesia en el encuento ?ntimo entre Jes?s y la humanidad y revela la fuente de unidad eclesial: la acci?n de Cristo de d?rsenos a s? mismo nos hace su cuerpo. La commemoracion de la muerte y resurrecci?n de Cristo en la Eucarist?a es la ?suprema manifestaci?n sacramental de comuni?n en la Iglesia? (Ecclesia de Eucarist?a, 38) a trav?s de la que las iglesias locales se permiten ser atraidas dentro delos brazos abiertos del Se?or y fortalecidas en la unidad dentro del ?nico cuerpo (cf. Sacramentum Critatis, 15).

Vuestros programas designados para iluminar la importancia de la Misa Dominical deber?an ser inspirados con una sana y estimuladora catequesis sobre la Eucarist?a. Esto favorecer?a un entendimiento renovado del aut?ntico dinamismo de la vida cristiana entre vuestros fieles. Me uno a ustedes en urgir a los laicos ? y de un modo especial a los j?venes de vuestra regi?n ? explorar la profundidad y la anchura de nuestra comuni?n eucar?stica. Reunidos cada Domingo en la Casa del Se?or, somos consumidos por el amor y la verdad de Cristo y con poder para traer esperanza al mundo.

Queridos hermanos, los hombres y mujeres consagrados son rectamente reconocidos como ?testigos y artesanos de aquel plan de comuni?n que permanece en el centro de la historia seg?n Dios? (Vita Consecrata, 39).Por favor asegurad a los religiosos hombres y mujeres en vuestros territorios de mi aprecio por la contribuci?n prof?tica que ellos est?n haciendo a la vida eclesial en vuestras naciones. Estoy seguro que, fieles a su naturaleza esencial y respectivos carismas, llevar?n valiente testimonio del espec?ficamente critiano ?don de s? por amor del Se?or Jes?s y, en ?l, de cada miembro de la familia humana? (ibidem, 3).

Por vuestra propia parte, os animo a asegurar que los religiosos sean bienvenidos y apoyados en sus esfuerzos a contribuir a la tarea com?n de extendr el Reino de Dios. Uno de los m?s bellos aspectos de la historia de la Iglesia es seguramente sus escuelas de espiritualidad. Articulando y participando estos tesoros de vida con los laicos, los Religiosos har?n mucho por aumentar la vitalidad de la vida eclesial dentro de vuestras juridicciones. Ellos ayudar?n a disipar la noci?n de que la comuni?n significa mera uniformidad ya que ellos dan testimonio de la vitalidad del Esp?ritu Santo que anima a la Iglesia en cada generaci?n.
Deseo concluir reiterando brevemente la importancia de la promoci?n del matrimonio y de la vida familiar en vuestra regi?n. Vuestros esfuerzos en este campo permanecen en el coraz?n de la evangelizaci?n de la cultura y contribuye mucho al bienestar de la sociedad en su totalidad. Este apostolado vital, en el que muchos sacerdotes y Religiosos est?n ya comprometidos, pertenece justamente tambi?n a los laicos. La complejidad creciente de materias con respecto a la familia ? incluyendo los avances en la ciencia biom?ica acerca de lo que habl? recientemente al Embajador de Corea en la Santa Sede ? levanta la cuesti?n de proporcionar la capacitaci?n apropiada para aquellos comprometidos a trabajar en esta ?rea. En este aspecto, deseo llamar vuestra atenci?n a la valiosa contrtibuci?n hecha por el Instituto de Estudios sobre el matrimonio de Vida Familiar ahora presente en muchas partes del mundo.

Finalmente, queridos Hermanos, os pido comunicar a vuestro pueblo mi particular gratitud por su generosidad a la Iglesia universal. Ambos el n?mero creciente de misioneros y las contribuciones ofrecidas por los laicos son un signo elocuente de su desinteresado esp?ritu. Soy tambi?n conciente de los gestos pr?cticos de reconciliaci?n emprendidos para el bienestar de aquellos en Corea del Norte. Animo estas iniciativas e invoco el cuidado providencial de Dios Todopoderoso sobre Corea del Norte. A lo largo de los siglos, Asia ha dado a la Iglesia y al mundo un sin fin de h?roes de la fe que son conmemorados en el gran canto de alabanza: Te martyrum candidatus laudat exercitus. Que ellos permanezcan como testigos perennes de la verdad y del amor al que todos los cristianos est?n llamados a proclamar. Con fraternal afecto os recomiendo a la intercesi?n de Mar?a, modelo de todos los disc?pulos, y cordialmente imparto mi Bendici?n Apost?lica a vosotros y los sacerdotes, Religiosos, yfieles laicos de vuestra Di?cesis y Prefetura.

(Traducci?n particular no ofical desde el Ingl?s)

Links:
El texto en ingl?s:
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=960
Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Habla el Papa
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