Domingo, 09 de diciembre de 2007
Comentario a las lecturas del segundo domingo de Adviento - A publicado en Diario de Avisos el domingo 9 de Diciembre de 2007 bajo el ep?grafe "el domingo, fiesta de los cristianos".

Juan es su nombre


DANIEL PADILLA


Al glosar el Evangelio de hoy, quiero comenzar por una abierta declaraci?n de principios: soy un ferviente admirador de Juan. Ya su figura externa me impresiona. En esta ?poca de las ambig?edades y de lo h?brido, en estos d?as en que "lo masculino" -atuendos y comportamientos- se ha "afeminado" tanto, y "lo femenino" -lenguaje y ciertos movimientos liberado-res- se ha "masculinizado" hasta lo inveros?mil, me cautiva la silueta de este hombre-hombre, vestido con pelo de camello, habitante del desierto, alimentado con saltamontes y miel silvestre. Y me cautiva quiz? m?s, porque esta sociedad nuestra, no sabiendo ya qu? inventar, ha colocado, como reclamo de lo m?s urgente, lo unisex: vestidos unisex, peinados unisex...

Pero a?n atrae m?s, naturalmente, su hombr?a interior, su silueta espiritual, el limpio mensaje asc?tico de este Juan del desierto curtido en el fr?o m?s cruel o bajo el sol m?s t?rrido. Un mensaje que se hac?a dur?simo con los poderosos: "No te es l?cito vivir con la mujer de tu hermano";
descarnado con los fariseos: "Son una raza de v?boras"; enternecido con los soldados: "No hagan extorsi?n a nadie y cont?ntense con la paga"; suplicante con los publicanos:
"No pidan m?s de lo tasado". Y todo esto, no como doctrina propia, sino sabi?ndose voz recibida de lo Alto, consciente de que estaba "preparando los caminos del Otro", "enderezando las sendas". S?. Entusiasma este Juan que no hac?a spots publicitarios con frasecitas monas y musiquilla blandengue de fondo. Entusiasma este Juan crecido en el silencio de las
noches estrelladas, que iba al grano y sin rodeos en su papel de precursor: "Hay que cambiar. Hay que convertirse. Porque el hacha est? tocando ya la ra?z, y todo ?rbol sin frutos ser? talado y echado al fuego".

No estudi? diplomacias, no, en ninguna escuela. Ni sab?a de ret?ricas. Al pan, le llamaba "pan". Y al vino, que "no prob? nunca", le llamaba "vino". Por eso, le mataron. Una ondulante mujer, precursora del sex-symbol, exigi? que le entregaran, en una bandeja, su cabeza: ?su noble cabeza! La frivolidad gan? la batalla a la verdad limpia, directa y sonora que sal?a de aquella "voz, que clamaba en el desierto". Pero s?lo en apariencia. Porque "todas las gentes de Judea y del Jord?n acud?an a ?l". Y, tocadas por el Esp?ritu, "confesaban sus pecados y ?l las bautizaba".

?Saben por qu?? Porque, siendo como era "majestuoso y casi sobrehumano", seg?n le calificaba Papini, adem?s, era humilde. Muy humilde. Ni siquiera "se sent?a digno de soltar las correas de las sandalias de aquel" a quien anunciaba. Sab?a muy bien, igual que Isa?as, que "era el Esp?ritu el que estaba sobre ?l y le enviaba para dar la Buena Noticia".
Consideraci?n de urgencia. Nos hace falta Juan. En estas ciudades rebosantes de multitudes, de muchedumbres informes y masificadas, en estas ciudades que, bajo otros aspectos, son verdaderos desiertos, est? haciendo falta que aparezca Juan con su mensaje. Me lo imagino entrando en uno de nuestros salones m?s concurridos, en una grande y moderna cafeter?a, por ejemplo. Me lo imagino, en fin, ante el asombro y el escalofr?o de todos, que abre su boca y empieza a decir: "Yo soy la voz del que clama en el desierto".
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