Lunes, 10 de diciembre de 2007
ZENIT publica las palabras que pronunci? Benedicto XVI el domingo, 9 de Diciembre de 2007, al rezar la oraci?n mariana del ?ngelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.


Queridos hermanos:

Ayer, solemnidad de la Inmaculada concepci?n, la liturgia nos invitaba a dirigir la mirada hacia Mar?a, madre de Jes?s y madre nuestra, estrella de esperanza para todo hombre. Hoy, segundo domingo de Adviento, nos presenta la austera figura del Precursor, que el evangelista Mateo introduce con estas palabras: ?Por aquellos d?as apareci? Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Convert?os porque ha llegado el Reino de los Cielos"? (Mateo 3, 1-2).

Su misi?n consisti? en preparar y allanar el camino ante el Mes?as, exhortando al pueblo de Israel a arrepentirse de los propios pecados y a corregir toda iniquidad. Con palabras exigentes, Juan Bautista anunciaba el juicio inminente: ?todo ?rbol que no d? buen fruto ser? cortado y arrojado al fuego? (Mateo 3, 10). Alertaba sobre todo ante la hipocres?a de quien se sent?a seguro s?lo por el hecho de pertenecer al pueblo elegido: ante Dios --dec?a-- nadie tiene t?tulos de los que vanagloriarse, sino que tiene que dar ?fruto digno de conversi?n? (Mateo 3, 8).

Mientras contin?a el camino del Adviento, mientras nos preparamos para celebrar la Navidad de Cristo, resuena en nuestras comunidades este llamamiento de Juan Bautista a la conversi?n. Es una apremiante invitaci?n a abrir el coraz?n y a acoger al Hijo de Dios que viene entre nosotros para manifestar el juicio divino.

El Padre, escribe el evangelista Juan, no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el poder de juzgar, pues es Hijo del hombre (Cf. Juan 5, 22.27). Y hoy, en el presente, se juega nuestro destino futuro; con el comportamiento de nuestra vida decidimos nuestra suerte eterna. En el ocaso de nuestros d?as sobre la tierra, en el momento de la muerte, seremos juzgados seg?n nuestra semejanza al Ni?o que est? por nacer en la pobre gruta de Bel?n, pues ?l es el criterio de medida que Dios ha dado a la humanidad.

El Padre celestial, que en el nacimiento de su Hijo unig?nito nos manifest? su amor misericordioso, nos llama a seguir sus huellas haciendo que nuestra existencia sea, como la suya, un don de amor. Y el fruto del amor es ese ?fruto digno de conversi?n? al que se refiere san Juan Bautista, mientras se dirige con palabras cortantes a los fariseos y a los saduceos, que acudieron a su bautismo entre la muchedumbre.

A trav?s del Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a trav?s de los siglos a toda generaci?n. Sus palabras duras y claras resultan particularmente saludables para nosotros, hombres y mujeres de nuestro tiempo, en el que incluso la manera de vivir y percibir la Navidad experimenta por desgracia con demasiada frecuencia una mentalidad materialista.

La ?voz? del gran profeta nos pide que preparemos el camino al Se?or que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. Que la Virgen Mar?a nos gu?e hacia una verdadera conversi?n del coraz?n para que podamos tomar las decisiones necesarias para sintonizar nuestras mentalidades con el Evangelio.

[Al concluir el ?ngelus, Benedicto XVI salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola aqu? presentes y a cuantos participan en el rezo del ?ngelus a trav?s de la radio y la televisi?n. ?Qu? Mar?a, Estrella de la Esperanza, brille sobre vosotros y gu?e vuestros pasos en este tiempo de Adviento. ?Feliz domingo!

Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina

? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Habla el Papa
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