Martes, 11 de diciembre de 2007
Mensaje publicado por la Subcomisi?n para la Familia y la Defensa de la vida de la Conferencia Episcopal Espa?ola con motivo de la celebraci?n de la Jornada de la Familia y la Vida el 30 de diciembre.

NOTA DE LOS OBISPOS DE LA SUBCOMISI?N PARA LA FAMILIA
Y LA DEFENSA DE LA VIDA
JORNADA DE FAMILIA Y VIDA 2007


SIN EMBARGO, NUESTRA CIUDADAN?A
EST? EN EL CIELO (FLP 3, 20)


30 de diciembre de 2007


?Sin embargo, nuestra ciudadan?a est? en el cielo? (Flp 3, 20). Estas palabras de san Pablo nos invitan a considerar una verdad profunda de nuestra vida cristiana y familiar. Somos ciudadanos del cielo, y en la tierra estamos de camino hacia nuestra patria definitiva. El nacimiento del Hijo de Dios, que llenos de gozo contemplamos estos d?as, tiene como fin rescatarnos de las tinieblas para que podamos entrar en su luz maravillosa (1 Pe 2, 9), aquella luz que ilumina la Jerusal?n celestial (Ap 22, 4-5).

1. LOS M?RTIRES, CIUDADANOS DEL CIELO

El veintiocho de octubre pasado, la Iglesia en Espa?a ha celebrado con gozo la beatificaci?n de 498 m?rtires. En su vida, y singularmente en su martirio, se han mostrado como un ejemplo para nosotros. Ellos nos muestran c?mo ?la capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de la verdad y de la justicia, es constitutiva de la grandeza de la humanidad?1 .

Los obispos espa?oles deseamos que su testimonio fortalezca la vida y la identidad cristiana de las familias, y se convierta as? en ?semilla de nuevos cristianos?2 . En efecto, nuestros m?rtires eran cristianos como nosotros, educados en familias cristianas como muchas de las nuestras, donde recibieron los valores fundamentales para su vida 3: la fe en Dios Padre, el seguimiento de Cristo y la fuerza del Esp?ritu para responder a las dif?ciles circunstancias del tiempo que vivieron. Como las familias de los m?rtires fueron capaces de educarles en la fe, tambi?n hoy las familias pueden, con la ayuda de Dios y con su testimonio de vida, educar cristianos cuya santidad ilumine el comienzo de este tercer milenio.

2. IDENTIDAD DE LA FAMILIA CRISTIANA

Vivimos inmersos en una sociedad compleja, donde no falta la propuesta de una cultura laica que quiere organizar la vida social como si Dios no existiera. Los obispos espa?oles advertimos recientemente c?mo, en este contexto, es posible que surjan ?actitudes de rechazo, o bien, de desconfianza y oscurecimiento de la propia cultura y de la propia fe en el deseo de evitar posibles confrontaciones?4 . Es decir, nos encontramos ante un debilitamiento de la identidad cristiana, que tambi?n afecta a las familias.
El lema escogido para esta Jornada de Familia y Vida nos recuerda quienes somos: hijos de Dios y ciudadanos del cielo. Queremos as? fortalecer a las familias cristianas, record?ndoles su grandeza y dignidad. Lo hacemos con unas hermosas palabras de S. Le?n Magno que la liturgia del d?a de Navidad nos invita a considerar: ?Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qu? Cabeza perteneces y de qu? Cuerpo eres miembro. Acu?rdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz del Reino de Dios?5 .

a) La integraci?n de fe y vida

En particular queremos recordar a las familias cristianas dos rasgos que constituyen su identidad. El primero es la integraci?n de fe y vida. La fe no puede reducirse a una experiencia privada, extra?a por tanto a la vida familiar. La fe debe penetrar en la vida de cada uno y en la vida de la familia, manifest?ndose por consiguiente en todas las dimensiones de la existencia. Los padres cristianos deber?n dar ejemplo a sus hijos, en el testimonio de una vida inspirada en el Evangelio y alimentada en los sacramentos, muy especialmente en la Eucarist?a dominical.

b) La inserci?n en la comunidad eclesial

El segundo rasgo que queremos destacar es la inserci?n en la comunidad eclesial. No hay familia cristiana al margen de la Iglesia. Para esta integraci?n es fundamental el desarrollo de la pastoral familiar, de modo que nuestras comunidades parroquiales sean cada vez m?s una ?familia de familias cristianas?6 , donde la familia entera pueda participar en la Eucarist?a dominical, fuente y cumbre de la vida parroquial. Esta inserci?n de la familia en la comunidad eclesial se realiza tambi?n a trav?s de los movimientos familiares7 , que deben ser una ayuda para vivir el misterio de la comuni?n eclesial.
Solamente una familia cristiana con una identidad fuerte ser? capaz, en estos tiempos adversos, de transmitir la fe y de ser, ante los hombres, signo luminoso de la verdad, la bondad y la belleza del matrimonio y de la familia.

3. EL FORTALECIMIENTO DE LA IDENTIDAD CRISTIANA:
ALGUNOS RETOS ACTUALES


a) La Iniciaci?n cristiana

Para tener matrimonios y familias cristianas necesitamos formar primeramente cristianos. Estos se forman en la Iniciaci?n cristiana. En la celebraci?n del sacramento del Matrimonio nos encontramos frecuentemente personas con una fe muy d?bil, cuya Iniciaci?n cristiana no ha sido suficiente. La Iglesia debe afrontar este problema pastoral desde la ra?z, fortaleciendo el proceso de formaci?n del sujeto cristiano en la Iniciaci?n cristiana. ?En consecuencia, el primer fundamento de una pastoral familiar renovada es la vivencia intensa en nuestra Iglesia en Espa?a de la iniciaci?n cristiana?8 . Esta renovaci?n de la Iniciaci?n cristiana no puede prescindir de la familia9 .

b) La educaci?n cristiana de los hijos

Las familias cristianas est?n llamadas a educar como ciudadanos del cielo a sus hijos. Para ello cuentan con la preciosa colaboraci?n de la escuela cat?lica 10. Los m?rtires son tambi?n un fruto excelente de la educaci?n cristiana que recibieron. Su ejemplo puede ayudar hoy a las familias a educar en la fe a los hijos y transmitirles valores como el sacrificio, la renuncia, el dominio propio y el respeto, sin los cuales la convivencia familiar y social se deteriora gravemente.

Entre estas dificultades que las familias encuentran en su labor educativa est? la imposici?n de una nueva formaci?n moral mediante la Educaci?n para la Ciudadan?a. Las familias cristianas tienen que saber que en los centros educativos se va a dar, como cada vez es m?s manifiesto, una formaci?n moral en franca contradicci?n con la fe cristiana.
Para aclarar cualquier duda queremos recordar que ?esta ?Educaci?n para la ciudadan?a? de la LOE es inaceptable en la forma y el fondo: en la forma, porque impone legalmente a todos una antropolog?a [es decir, una visi?n del hombre] que s?lo algunos comparten y, en el fondo, porque sus contenidos son perjudiciales para el desarrollo integral de la persona?11 . Por ello, ?los padres har?n muy bien en defender con todos los medios leg?timos a su alcance el derecho que les asiste de ser ellos quienes determinen la educaci?n moral que desean para sus hijos?12 . Es m?s, ser?a una falta de solidaridad por parte de las familias que llevan a sus hijos a la escuela cat?lica adoptar una postura ?pasiva y acomodaticia?13 , justific?ndose en que sus hijos recibir?an una formaci?n moral conforme al ideario del centro, mientras un elevado n?mero de alumnos queda indefenso ante la imposici?n de una ?tica laica.

CONCLUSI?N

?Gloria a Dios en el cielo? (Lc 2, 14). El canto de los ?ngeles anunciando el Nacimiento del Salvador nos invita a elevar los ojos al cielo, donde est? nuestra ciudad definitiva. Nuestra vocaci?n a participar en la vida divina es el sentido de nuestra vida. Aunque vivimos en la tierra, nuestra ciudadan?a est? en el cielo. En efecto: los cristianos ?pertenecen a una sociedad nueva, hacia la cual est?n en camino y que es anticipada en su peregrinaci?n?14 .
Esta verdad funda nuestra identidad cristiana.

En estos d?as de Navidad, tan familiares y por eso tan entra?ables, invitamos a las familias a contemplar el misterio del Dios hecho hombre, a fortalecer su identidad cristiana y a vivir con gozo nuestra vida terrena aspirando los bienes del cielo (Col 3, 1-2).
Que el Se?or bendiga a todos en esta Navidad.

Los Obispos de la Subcomisi?n Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida

 Mons. Juli?n Barrio Barrio, Presidente de la CEAS
 Mons. Juan Antonio Reig Pla, Presidente de la Subcomisi?n
 Mons. Francisco Gil Hell?n
 Mons. Javier Mart?nez Fern?ndez
 Mons. Vicente Juan Segura

NOTAS:

1. BENEDICTO XVI, enc?clica Spe salvi, 38.
2. cf. TERTULIANO, Apolog?tico 50,13: PL 1, 534.
3. cf. BENEDICTO XVI, Homil?a en la Misa de clausura del V
4. Encuentro Mundial de las Familias (9 de julio de 2006).
5. LXXXIX ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEE, La escuela cat?lica. 6. Oferta de la Iglesia en Espa?a para la educaci?n en el siglo XXI (27 de abril de 2007), 7.
7. S. LE?N MAGNO, Serm?n 21, 3: PL 54, 192-193.
8. BENEDICTO XVI, Discurso a la Asamblea del Consejo
Pontificio para los Laicos, Roma (22 de septiembre de 2006).
9. LXXXI ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEE, Directorio de la pastoral familiar de la Iglesia en Espa?a (21 de noviembre de 2003), 274.
10. Ib?d., 22; cf. LXX ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEE, La iniciaci?n cristiana. Reflexiones y orientaciones, 18.
11. Ib?d.
12. cf. LXXXIX ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEE, La escuela cat?lica. Oferta de la Iglesia en Espa?a para la educaci?n en el siglo XXI (27 de abril de 2007). En este documento, los obispos hemos reflexionado ampliamente sobre la identidad de la escuela cat?lica, cuyo proyecto educativo ?pretende desarrollar todas las capacidades del ser humano desde la ?ptica de la Vida, la Palabra y la Persona de Jesucristo, al que todos pueden en su crecimiento escuchar, imitar y seguir compartiendo y promoviendo sus valores y su forma de vida en toda su actividad escolar y extraescolar. Esta propuesta educativa de la escuela cat?lica se concibe como formaci?n integral? (n. 18).
13. COMISI?N PERMANENTE DE LA CEE, La Ley Org?nica de Educaci?n (LOE), los Reales Decretos que la desarrollan y los derechos fundamentales de padres y escuelas (28 de febrero de 2007), Ib?d., 13.
14. cf. COMISI?N PERMANENTE DE LA CEE, Nueva declaraci?n sobre la Ley Org?nica de Educaci?n (LOE) y sus desarrollos: profesores de Religi?n y ?Ciudadan?a? (20 de junio de 2007), 13.
BENEDICTO XVI, enc?clica Spe salvi, 4.
Publicado por verdenaranja @ 21:43  | Hablan los obispos
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