S?bado, 15 de diciembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia del domingo, tercero de Adviento, 16 de Diciembre de 2007.

III Domingo de Adviento [A]
Estad alegres; el Se?or est? cerca


Isa?as 35, 1-6a.8a.10; Santiago 5, 7-10; Mateo 11, 2-11



Comencemos, en nuestra reflexi?n, por la frase con la que Jes?s, en el Evangelio, tranquiliza a los disc?pulos de Juan el Bautista acerca del propio mesianismo: ?Se anuncia a los pobres la Buena Nueva?. El Evangelio es un mensaje de gozo: esto proclama la liturgia del tercer domingo de Adviento, que, por las palabras de Pablo en la ant?fona de ingreso, ha tomado el nombre de domingo ?Gaudete?, ?estad siempre alegres?, o sea, domingo de la alegr?a: ?Que el desierto y el sequedal se alegren... Se alegrar?n con gozo y alegr?a... en cabeza, alegr?a perpetua; sigui?ndolos, gozo y alegr?a. Pena y aflicci?n se alejar?n?.
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Todos quieren ser felices. Si pudi?ramos representar visiblemente a toda la humanidad, en su movimiento m?s profundo, ver?amos una inmensa multitud erguirse en torno a un ?rbol frutal sobre la punta de los pies y tender desesperadamente las manos, en el esfuerzo de tomar un fruto que en cambio se escapa. La felicidad, dijo Dante, es ese dulce fruto que el hombre busca entre las ramas de la vida.

Pero si todos buscamos la felicidad, ?por qu? tan pocos son verdaderamente felices y hasta los que lo son permanecen as? por tiempo tan escaso? Creo que la raz?n principal es que, en la escalada a la cumbre de la felicidad, erramos de vertiente; elegimos la que no lleva a la cima. La revelaci?n dice: ?Dios es amor?; el hombre ha cre?do que puede dar la vuelta a la frase y decir: ??El amor es Dios!? (la afirmaci?n es de Feuerbach). La revelaci?n dice: ?Dios es felicidad?; el hombre invierte de nuevo el orden y dice: ??La felicidad es Dios!?. ?Y qu? sucede as?? No conocemos en la tierra la felicidad en estado puro, como no conocemos el amor absoluto; conocemos s?lo fragmentos de felicidad que se reducen con frecuencia a ebriedades pasajeras de los sentidos. Cuando por eso decimos: ??La felicidad es Dios!?, divinizamos nuestras peque?as experiencias; llamamos ?Dios? a la obra de nuestras manos o de nuestra mente. Hacemos, de la felicidad, un ?dolo. Esto explica por qu? quien busca a Dios encuentra siempre la alegr?a, mientras que quien busca la alegr?a no siempre encuentra a Dios. El hombre se reduce a buscar la felicidad en raz?n de cantidad: siguiendo placeres y emociones cada vez m?s intensos, o a?adiendo placer a placer. Como el drogadicto que necesita dosis cada vez mayores para lograr el mismo grado de placer.

S?lo Dios es feliz y hace felices. Por eso un salmo exhorta: ?Ten tu alegr?a en el Se?or, y escuchar? lo que pida tu coraz?n? (Sal 37,4). Con ?l tambi?n los gozos de la vida presente conservan su dulce sabor y no se transforman en angustias. No s?lo los gozos espirituales, sino toda alegr?a humana honesta: la alegr?a de ver crecer a los propios hijos, del trabajo felizmente llevado a t?rmino, de la amistad, de la salud recuperada, de la creatividad, del arte, del esparcimiento en contacto con la naturaleza. S?lo Dios ha podido arrancar de los labios de un santo el grito: ?Basta, Se?or, de alegr?a; ?mi coraz?n ya no puede contener m?s!?. En Dios se encuentra todo lo que el hombre acostumbra a asociar a la palabra felicidad e infinitamente m?s, pues ?ni ojo vio, ni o?do oy?, ni al coraz?n del hombre lleg?, lo que Dios prepar? para los que le aman? (1 Co 2,9).

Es hora de empezar a proclamar con m?s valor la ?Buena Nueva? de que Dios es felicidad, que la felicidad -no el sufrimiento, la privaci?n, la cruz-- tendr? la ?ltima palabra. Que el sufrimiento sirve s?lo para quitar el obst?culo a la alegr?a, para dilatar el alma, para que un d?a pueda acoger la mayor medida posible.

[Traducci?n del original italiano realizada por Marta Lago]
Publicado por verdenaranja @ 16:51  | Espiritualidad
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