S?bado, 15 de diciembre de 2007
VATICANO - ESPECIAL - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Anuncio, conversi?n y misi?n. Tres palabras clave de la ?Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelizaci?n? de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Dada en Roma el 3 de diciembre de 2007, memoria lit?rgica de San Francisco Javier, Patrono de las Misiones, se hizo p?blica hoy la ?Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelizaci?n?. Breve en la forma, de apenas 13 puntos, la Nota interviene sobre algunas cuestiones delicadas y esenciales para la misi?n de la Iglesia en las actuales circunstancias hist?ricas y culturales.

Partiendo del valor universal del mandamiento misionero de Cristo a los Ap?stoles y a la Iglesia toda, ?Como el Padre me ha enviado, as? tambi?n yo os env?o? (Jn 20,21), se destaca inmediatamente, en la introducci?n, como ?toda actividad de la Iglesia tiene una esencial dimensi?n misionera y no debe ser nunca separada del compromiso por ayudar a todos a encontrar a Cristo en la fe? (n. 2). Reconociendo la creciente confusi?n de la cultura contempor?nea, que ?considera que todo intento de convencer a los dem?s en cuestiones religiosas es un l?mite que se impone a la libertad? (n. 3), la Nota busca aclarar ?algunos aspectos de la relaci?n entre el mandato misionero del Se?or y el respeto de la conciencia y de la libertad religiosa de todos? (ibid.), evidentemente porque dicha concepci?n relativista del ?juicio de conciencia?, entendido por algunos como totalmente desvinculado de la verdad y de la posibilidad misma para el hombre de llega a la verdad, frena, desmotiv?ndola en sus ra?ces mismas, la misi?n y, en cierto sentido, la hace llegar a su ??ltima parada?.

El texto est? subdividido en tres partes y examina las implicaciones antropol?gicas, eclesiol?gicas y ecum?nicas de la misi?n de la Iglesia.

Particularmente interesante se presenta el an?lisis de las implicaciones antropol?gicas. Citando ampliamente la Enc?clica de Juan Pablo II ?Fides et ratio?, se propone recolocar en la perspectiva correcta la capacidad del hombre de entrar en relaci?n con la realidad: el hombre es capaz de conocer la realidad, de llegar a la verdad y es su deber moral, adem?s de una necesidad que no se puede suprimir, realizar este camino. Central, en toda la argumentaci?n, es el papel de la libertad, descrita como ?un medio [?] que le ofrece al hombre Aqu?l que lo cre?. Una oferta dirigida a su capacidad de conocer y amar aquello que es bueno y verdadero? (n. 4). Desde dicha perspectiva queda claramente estigmatizada la posici?n relativista de quien considera que es ?un atentado contra la libertad del otro? (ibid.), la propuesta clara y convencida, leg?tima y razonablemente argumentada, de aquello que se considera verdadero para uno mismo. Y tales posiciones relativistas no se dan solamente en las sociedades occidentales, ya que, aunque bajo otros perfiles, determinadas concepciones que provienen de Oriente niegan a la verdad ?su car?cter exclusivo, partiendo del presupuesto que ella se manifiesta por igual en doctrinas diversas, incluso contradictorias entre ellas? (ibid.). Como se sabe el Oriente no conoce el principio de no contradicci?n de memoria aristot?lica (A es A y no es B), mientras que el Occidente parece que lo ha olvidado, reduciendo en modo dram?tico la capacidad cognoscitiva del hombre. Se proponen de nuevo, aunque indirectamente, los diversos medios de conocimiento de la raz?n humana, con la conciencia de que el m?todo de la certeza cient?fica no es el ?nico m?todo de aproximaci?n a la realidad, sino que a ?l se une, necesariamente, el m?todo filos?fico y, sobre todo, el m?todo de la certeza moral, llegando al conocimiento-fe que es la ?capacidad de confiarse uno mismo y la propia vida a otra persona?; capacidad que representa ?uno de los actos antropol?gicamente m?s significativos y expresivos?, porque ?la verdad [?] debe ser buscada en un modo que responda a la dignidad de la persona humana? (n. 5).
Central en el modo de pensar la evangelizaci?n, y tambi?n como importante regla de convivencia entre las personas, es la certeza de que ?la verdad no se impone sino por la fuerza de la verdad misma? (Cf. Dignitatis humanae, n. 3), ya que es justamente dicha fuerza la que determina, con el tiempo, el camino y la victoria de aquello que es verdadero, correcto y bueno; victoria que se realiza, sobre todo, en el coraz?n de cada hombre, creado para reconocer y seguir la verdad. Por lo tanto ?estimular honestamente la inteligencia y la libertad de una persona al encuentro con Cristo y con su Evangelio no es una intromisi?n indebida con respecto a ella, sino una leg?tima oferta y un servicio que pude hacer m?s fecundas la relaci?n entre los hombres? (ibid.).

La invitaci?n es clara y sin posibilidad de error: volver a anunciar a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre y ?nico Salvador, con franqueza y fidelidad evang?licas, sin temores infundados, confiando en que la fuerza y la verdad que provienen del mismo Se?or, mantendr?n el camino de las mentes y de los corazones en el reconocimiento y la acogida de la ?nica verdad a la medida aut?ntica del coraz?n del hombre. Debe volver a ser clara, ante todo para los cristianos, y luego para el resto de los hombres, la conciencia de que ?la plena adhesi?n a Cristo, que es la Verdad, y el ingreso a su Iglesia no disminuyen sino que exaltan la libertad humana? (n. 7), superando, siempre y nuevamente, aquella actitud de timidez p?vida y antievang?lica que algunas veces no alienta a los creyentes a compartir con los hermanos aquello que ellos y la Iglesia tienen de m?s amado: a Cristo mismo.
En tal sentido, en la Nota se presenta como grandiosa la indicaci?n del m?todo de la evangelizaci?n: al lado del anuncio p?blico de la Iglesia, no pierden nunca su significado el testimonio personal y, sobre todo, la amistad. Si el Cristianismo es ?el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci?n decisiva? (Cf. Deus Caritas est n. 1), la amistad de Jes?s con los Ap?stoles, que es comunicada hoy hasta nosotros, constituye el m?todo de la evangelizaci?n, hasta la feliz s?ntesis que ve, entre los elementos de nuestra fe, el de ser una amistad que se comunica: del Dios-hombre al hombre y de persona a persona, hasta abrazar, como tendencia, a todo el g?nero humano. Constitutiva de la misi?n se presenta tambi?n la dimensi?n del martirio. Esta ha representado, de hecho, la conclusi?n de la misi?n de los Ap?stoles y ?contin?a siendo el modelo fundamental de la evangelizaci?n para todos los tiempos? (n. 8).


Las implicaciones eclesiol?gicas de la misi?n lanzan de nuevo un t?rmino siempre eficaz, pero que en los ?ltimos decenios ha sido menos usado en los mismos ambientes misioneros: la ?conversi?n?. Ella indica la exigencia de conducir a los paganos a la Iglesia, as? como aquel cambio de mentalidad y de acci?n que continuamente reforma el pensamiento y las obras, conduci?ndolos a una cada vez m?s grande identificaci?n con Cristo. (Cf. n. 9). Es reafirmado con claridad que la Iglesia ?no es [?] un grupo de poder? que desea extender su propia influencia a trav?s de la evangelizaci?n, sino que esta ?ltima es ?el ingreso en la red de amistad con Cristo, que vincula el cielo y la tierra, continentes y ?pocas diversas?. Reafirmando, muy felizmente, la hoy casi definitiva superaci?n de toda concepci?n ?Reinoc?ntrica?, la Nota afirma: ?el Reino de Dios [?] es ante todo una persona, que tiene el rostro y el nombre de Jes?s de Nazaret? (ibid.).

Se introduce, as?, una importante distinci?n entre pluralismo religioso ?de iure? y pluralismo religioso ?de facto?. Mientras es un dato incontestable que la libertad religiosa es una necesidad social e hist?rica, consecuencia del hecho de que la verdad no puede ser impuesta sino que debe ser hecha propia por el hombre desde el interior de su conciencia, no es admisible que, ?por principio?, ella sea considerada como expresi?n de la incapacidad del hombre de encontrar la verdad y por lo tanto como canonizaci?n ileg?tima del relativismo religioso (Cf. n. 10 nota 32). Leg?timo pluralismo religioso no es nunca sin?nimo de relativismo religioso: cada tradici?n religiosa tiene el deber de medirse a s? misma en la dif?cil sede de la verdad y de las necesidades fundamentales, y universales, del coraz?n del hombre, y finalmente, debe pasar el discernimiento cr?tico de la raz?n, entendida como apertura al Misterio, no como medida de todas las cosas.

La evangelizaci?n es, entonces, un deber al que los cristianos no pueden renunciar y es al mismo tiempo ?uno de sus derechos inalienables, expresi?n propia de la libertad religiosa, que tiene sus dimensiones ?tico-sociales y ?tico-pol?ticas correspondientes? (n. 10), con la conciencia de que, incluso el m?s hermoso testimonio cristiano, ser? impotente si no es justificado e iluminado por el anuncio ?claro e inequ?voco del Se?or Jes?s? (n. 11).
Ha llegado, por lo tanto, el momento de superar las falsas concepciones seg?n las cuales el no-creyente que conduce una vida aparentemente buena, no tiene otros deberes que cumplir: el primer mandamiento sigue siendo v?lido siempre y para todos los hombres y el ?pecado? del no-creyente es justamente la desobediencia al ?no tendr?s otro Dios fuera de m?.
Entre las importantes implicaciones ecum?nicas de la evangelizaci?n se encuentra ilustrada, por ?ltimo, la exclusi?n de toda forma de indiferentismo o confusionismo entre cat?licos y otras confesiones cristianas, poniendo en su correcto lugar, por el contrario, todas aquellas formas de conocimiento, escucha, discusi?n teol?gica, testimonio y anuncio, que constituyen un verdadero intercambio no s?lo de ideas sino tambi?n de dones.

El camino del ecumenismo y del di?logo interreligioso no es detenido por la evangelizaci?n y por el anuncio del Se?or, es m?s, una claridad en la identidad y en las intenciones, un di?logo libre de prejuicios y capaz de exponer las razones rec?procas, constituyen aquello que favorece en el mejor modo ese debate libre, absolutamente necesario para el progreso real del conocimiento rec?proco y del camino com?n.

La Nota concluye con la conciencia de que el anuncio representa ?el primer servicio que los cristianos pueden ofrecer a cada persona y a todo el g?nero humano? (n. 13).
Mendigamos que el Esp?ritu de siempre la fuerza a todos, fieles laicos y Pastores, para anunciar a Cristo con la inteligencia, generosidad y eficacia ?de los Amigos del Se?or? y con la valent?a de los M?rtires, ?nica medida verdadera y real de la evangelizaci?n. (Agencia Fides 14/12/2007; l?neas 136, palabras 1715)
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