Domingo, 16 de diciembre de 2007
Comentario a las lecturas del Domingo Tercero de Adviento - A, publicado en el Diario de Avisos el domingo 16 de Diciembre de 2007 bajo el ep?grafe "el domingo, fiesta de los cristianos"

Dos retratos>

DANIEL PADILLA


Ni siquiera en la c?rcel olvid? Juan su papel de precursor. Ni siquiera encerr?ndolo pudieron impedir que aquella "voz" siguiera anunciando la llegada del Mes?as. Lo hab?a hecho desde la soledad del desierto. Ahora lo hace desde la soledad de
la c?rcel. Y es que Juan sab?a muy bien para qu? hab?a nacido. "A ti ni?o, te llamar?n, profeta del Alt?simo porque ir?s delante del Se?or, a preparar sus caminos". A eso ci?? todos sus pasos: a definir, a retratar, a presentar a Jes?s, animando a todos a una indispensable renovaci?n interior.

Un d?a dijo: "Yo les bautizo con agua. Pero El les bautizar? con Esp?ritu Santo y fuego". Y todos supieron que "el que hab?a de venir" nos transformar?a "desde dentro". Entendieron que nuestra incorporaci?n a El por el bautismo nos dar?a una "sobre-naturaleza", nos har?a "renacer de nuevo".

Otro d?a dijo: "Ah? tienen al Cordero que quita el pecado del mundo". Y todos pensaron: "Si aquel cordero, sacrificado por los israelitas en Egipto, supuso la liberaci?n de la esclavitud, este Nuevo Cordero nos librar? de otras esclavitudes mayores".

Otro d?a dijo, en fin: "Entre ustedes hay uno que es anterior a m?, que es mayor que yo, al cual no soy digno de soltarle las correas de las sandalias". Y las turbas entendieron: "Est?
hablando del Hijo de Dios, del Esperado, del Salvador". ?Exacto, Juan!

Pues, bien, ni siquiera en la c?rcel ces? en su empe?o. Cuando le pusieron los grilletes, bien pudo pensar:
"?Misi?n cumplida! Ahora ?que las nubes lluevan al Justo!". Pero no. Llam? a dos de sus disc?pulos y los envi? a Jes?s para conminarlo: "?Eres T? el Mes?as o no?". Era como una petici?n de urgencia: "?Por favor, pres?ntate ya, sal del anonimato, empieza tu obra, antes de que mi "voz" quede ahoga-da para siempre!". Conmovedor de verdad este personaje indiscutible del Adviento, este retratista ?nico de Jes?s, este pintor perfeccionista y tenaz del Mes?as.

Pero, atenci?n, amigos, que es ahora Jes?s el que toma la paleta y, en tres pinceladas, nos hace el retrato de Juan. "Al irse aquellos disc?pulos, dijo Jes?s refiri?ndose a Juan: ?Qu? salen a ver en el desierto? ?Una ca?a agitada por el viento?" ?Qu? primera pincelada! ?Qu? perturbador interrogante para nosotros! En es-ta ?poca, en que todos, m?s o menos, somos hombrecillos sin silueta, marionetas movidas por hilos, veletas al viento, en esta ?poca en que giramos al son que toca la televisi?n, la propaganda, la masificaci?n o el respeto humano, Jes?s dice que miremos a Juan.

Segunda pincelada: "?Qu? salen a ver? ?Un hombre vestido ricamente?". Cuando en la inminente Navidad, la vertiente de lo pagano nos arrastre por el aturdimiento de las cenas opulentas y de cotill?n, por los abrigos de pieles y el despilfarro, olvidando "el mundo del hambre", habr? que mirar tambi?n, con mucho sonrojo, a este Juan vestido como un salvaje, que come saltamontes.

Y, tercera pincelada: "?Juan es m?s que un profeta! ?Es el mayor hombre nacido de una mujer!". ?Puede decirse m?s?
Necesito, Se?or, con urgencia, aprender el estilo de Juan. Necesito saber presentarte a los hombres con la garra convincente con que ?l te present?. Garra que nac?a de su humildad, que se hac?a m?s patente en el oscurecimiento y la impotencia de la c?rcel. Por eso, t? a?adiste: "Sin embargo, el m?s peque?o en el reino puede ser m?s grande que ?l". ?Para anunciar y presentar "al que ES", necesitamos convencernos de que ?no somos!
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