Lunes, 17 de diciembre de 2007
Mensaje de Navidad que ha enviado el custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa ofm.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras, y una luz les brill? (Is. 9,1)


Queridos hermanos y hermanas,
el mundo mira a Bel?n, con un anhelo de esperanza y una necesidad de paz que sacuden profundamente el alma. Nosotros, que tenemos la dicha de vivir en Tierra Santa, volvemos a celebrar la Navidad como cada a?o, con el coraz?n tocado por una gracia que nos sorprende una vez m?s. Parece que esta fiesta quiera remover nuestra vejez interior, para hacer renacer en nuestro interior la l?mpida audacia de la infancia, cuando cre?amos que todo bien era alcanzable. La urgencia de la paz nos templa el coraz?n, a pesar de la amargura de las cr?nicas, y nos hace mendigos de esperanza. Mirar a la Gruta de Bel?n nos incita a esperar un mundo mejor. La necesidad de amar, que hunde sus ra?ces en lo profundo del alma, nos hace sobresaltarnos con la fe renovada ante la pobreza de Bel?n.

El des?nimo y la desilusi?n que oprimen nuestros corazones como una pesada carga, parecen disolverse. No podemos rechazar la esperanza, ante el misterio de un Dios que nace Ni?o, en una gruta de pastores.

En Navidad, incluso la persona m?s cruelmente herida por la vida, descubre que Dios contin?a viviendo en medio de nosotros. La guerra y la violencia no lograr?n ser la ?ltima palabra que concluya la historia. El odio y la desesperaci?n no borran la necesidad de amor que contin?a tenazmente viva en el esp?ritu de la persona. La luz de Dios contin?a brillando en el silencio de Bel?n, e ilumina los senderos de los hombres.

Experiencias de desilusi?n y de errores sociales pueden nublar los horizontes del alma, pero si levantamos nuestra mirada hacia la estrella de Bel?n, la vida vuelve a iluminarse. Comprendamos, con la simple y realista sabidur?a de la fe, que Dios sigue am?ndonos. Su Hijo, Jes?s, viene para ser habitante de esta tierra, para que se realice el milagro de la alegr?a y de la fraternidad, tambi?n entre nosotros. Con admiraci?n dirijamos nuestros ojos a Jos? y a la Virgen Santa, para que nos inunde su gozosa serenidad.

Esta Navidad queremos rezar para que, como ellos, tambi?n nosotros seamos capaces de acoger a Jes?s, y de creer que el Amor de Dios puede cambiar nuestra vida. Somos pobres, pero tenemos el coraje de creer. La luz verdadera, la que ilumina a toda persona ha venido al mundo (Juan 1,9), para que nosotros, embargados por una esperanza que no decae, podamos ser sus testigos.

A todos, mis afectuosos deseos de una Navidad Santa.

fray Pierbattista Pizzaballa ofm
Custodio de Tierra Santa
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