Jueves, 20 de diciembre de 2007
ZENIT Publicamos la intervenci?n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi?rcoles, 19 de Diciembre de 2007, dedicada a la Navidad, la ?ltima del a?o 2007.


Queridos hermanos y hermanas:

En estos d?as, al acercarnos a la gran fiesta de Navidad, la liturgia nos apremia a intensificar nuestra preparaci?n, poni?ndonos a disposici?n muchos textos b?blicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, que nos estimulan a focalizar el sentido y el valor de esta celebraci?n anual.

Si por una parte la Navidad nos permite conmemorar el prodigio incre?ble del nacimiento del Hijo unig?nito de Dios de la Virgen Mar?a en la gruta de Bel?n, por otra nos exhorta tambi?n a esperar, velando y rezando, a nuestro Redentor, que en el ?ltimo d?a ?vendr? a juzgar a los vivos y a los muertos?.

Quiz? hoy tambi?n nosotros, los creyentes, esperamos realmente al Juez; ahora bien, todos esperamos justicia. Vemos tantas injusticias en el mundo, en nuestro peque?o mundo, en casa, en el barrio, as? como en el gran mundo de los Estados, de las sociedades. Y esperamos que se haga justicia. La justicia es un concepto abstracto: se hace justicia. Nosotros esperamos que venga concretamente quien puede hacer justicia. En este sentido, rezamos: ?Ven a tu manera, Jesucristo, como Juez?. El Se?or sabe c?mo entrar en el mundo y crear justicia.

Pedimos que el Se?or, el Juez, nos responda, que realmente cree justicia en el mundo. Esperamos justicia, pero no puede ser s?lo una para los dem?s. Esperar justicia en el sentido cristiano significa sobre todo que nosotros mismos comencemos a vivir bajo los ojos del Juez, seg?n los criterios del Juez; que comenzamos a vivir en su presencia, realizando la justicia en nuestra vida. De este modo, haciendo justicia, poni?ndonos en presencia del Juez, esperamos la justicia.

Este es el sentido del Adviento, de la vigilancia. La vigilancia del Adviento quiere decir vivir bajo los ojos del Juez y prepararnos de este modo y preparar al mundo a la justicia. De esta manera, por tanto, viviendo bajo los ojos del Dios-Juez, podemos abrir el mundo a la venida de su Hijo, predisponer el coraz?n a acoger ?al Se?or que viene?. El Ni?o, a quien hace unos dos mil a?os adoraron los pastores en una gruta en la noche de Bel?n, no se cansa de visitarnos en la vida cotidiana, mientras como peregrinos nos encaminamos hacia el Reino.

En su espera, el creyente se hace int?rprete de las esperanzas de toda la humanidad; la humanidad anhela la justicia y, de este modo, aunque frecuentemente de una manera inconsciente, espera a Dios, espera la salvaci?n que s?lo Dios puede darnos. Para nosotros, los cristianos, esta espera se caracteriza por la oraci?n asidua, como se muestra en la serie particularmente sugerente de invocaciones que se nos proponen en estos d?as de la Novena de Navidad, tanto en la misa, en la ant?fona al Evangelio, como en la celebraci?n de las V?speras, antes del c?ntico del Magnificat.

Cada una de las invocaciones, que imploran la venida de la Sabidur?a, del Sol de justicia, del Dios-con-nosotros, contiene una oraci?n dirigida al Esperado de los pueblos para que apresure su venida. Ahora bien, invocar el don del nacimiento del Salvador prometido significa tambi?n comprometerse para preparar el camino, para predisponer una digna morada no s?lo en el ambiente en torno a nosotros, sino sobre todo en nuestro esp?ritu.

Dej?ndonos guiar por el evangelista Juan, tratemos por tanto de dirigir en estos d?as nuestro pensamiento y coraz?n al Verbo eterno, al Logos, a la Palabra que se ha hecho carne y de cuya plenitud hemos recibido gracia sobre gracia (Cf. 1, 14.16). Esta fe en el Logos Creador, en la Palabra que ha creado el mundo, al que ha venido como un Ni?o, esta fe y su gran esperanza parece que hoy est?n alejadas de la realidad de la vida de cada d?a, p?blica o privada. Parece que esta verdad es demasiado grande. Nosotros mismos nos las apa?amos seg?n nuestras posibilidades, al menos es lo que parece. Pero el mundo se hace cada vez m?s ca?tico e incluso violento: lo vemos cada d?a. Y la luz de Dios, la luz de la Verdad, se apaga. La vida se hace oscura y sin br?jula.

?Qu? importante es, por tanto, ser realmente creyentes y como creyentes reafirmamos con fuerza, con nuestra vida, el misterio de salvaci?n que trae consigo la celebraci?n de la Navidad de Cristo!

En Bel?n se manifest? al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos revel? el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad. Si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ?qu? sentido tiene celebrar la Navidad? La celebraci?n se vac?a. Ante todo, nosotros, los cristianos, tenemos que reafirmar con convicci?n profunda y sentida la verdad de la Navidad de Cristo para testimoniar ante todo la conciencia de un don gratuito que es riqueza no s?lo para nosotros, sino para todos.

De aqu? se deriva el deber de la evangelizaci?n, que es precisamente comunicar este ?eu-angelion?, esta ?buena noticia?. Es lo que ha recordado recientemente el documento de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe con el t?tulo ?Nota doctrina sobre algunos aspectos de la Evangelizaci?n?, que quiero presentar a vuestra reflexi?n y profundizaci?n personal y comunitaria.

Queridos amigos, en esta preparaci?n inmediata a la Navidad, la oraci?n de la Iglesia se hace m?s intensa para que se realicen las esperanzas de paz, de salvaci?n, de justicia, de las que el mundo tiene necesidad urgente. Pedimos a Dios que la violencia se venza con la fuerza del amor, que los malos entendidos cedan el paso a la reconciliaci?n, que la prepotencia se transforme en deseo de perd?n, de justicia y de paz.

Que el augurio de bondad y de amor que nos intercambiamos en estos d?as llegue a todos los ambientes de nuestra vida cotidiana. Que la paz est? en nuestros corazones para que se abran a la acci?n de la gracia de Dios. Que la paz more en las familias y puedan pasar la Navidad unidas ante el Nacimiento y el ?rbol adornado iluminado. Que el mensaje de solidaridad y de acogida que procede de la Navidad contribuya a crear una profunda sensibilidad hacia las antiguas y nuevas formas de pobreza, hacia el bien com?n, en el que todos estamos llamados a participar. Que todos los miembros de la comunidad familiar, en especial los ni?os y los ancianos, las personas m?s d?biles, puedan sentir el calor de esta fiesta, y que se dilate despu?s durante todos los d?as del a?o.

Que la Navidad sea para todos la fiesta de la paz y de la alegr?a: alegr?a por el nacimiento del Salvador, Pr?ncipe de la paz. Como los pastores, apresuremos nuestro paso hacia Bel?n. En el coraz?n de la Nochebuena tambi?n nosotros podremos contemplar al ?Ni?o envuelto en pa?ales, acostado en un pesebre?, junto con Mar?a y Jos? (Lucas 2, 12.16).

Pidamos al Se?or que abra nuestro esp?ritu para que podamos entrar en el misterio de su Navidad. Que Mar?a, que entreg? su seno virginal al Verbo de Dios, que le contempl? siendo ni?o entre sus brazos maternos, y que sigue ofreci?ndolo a todos como Redentor del mundo, nos ayude a hacer de la pr?xima Navidad una ocasi?n de crecimiento en el conocimiento y en el amor de Cristo. Este es el deseo que formulo con cari?o a todos vosotros, que est?is aqu? presentes, a vuestras familias y a vuestros seres queridos.

?Feliz Navidad a todos vosotros!

[Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

A medida que se acerca la Navidad, la liturgia del Adviento nos alienta a prepararnos m?s intensamente para celebrarla, reproduciendo en nuestras almas los sentimientos de Mar?a y Jos? en las horas que precedieron al nacimiento de Jes?s. En Bel?n se manifest? al mundo la Luz que ilumina nuestra vida y nos fue revelado el Camino que conduce a la plenitud de la humanidad. ?Qu? sentido tiene festejar la Navidad si no se reconoce que Dios se hizo hombre? Los cristianos hemos de proclamar con convicci?n la verdad del nacimiento de Cristo, para testimoniar la certeza de un don inaudito, que es un tesoro no solamente para nosotros sino para todos. De aqu? surge el deber de la evangelizaci?n, que consiste justamente en compartir esta buena noticia. Que los deseos de bondad y de amor que se intercambian en estos d?as lleguen a todos los ?mbitos de nuestra vida cotidiana y contribuyan a crear una profunda sensibilidad ante todas las formas de pobreza. Que la Navidad sea para todos fiesta de paz y alegr?a por el nacimiento del Salvador, Pr?ncipe de la paz.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola. En particular, a los Tarsicios de Lucena, a las Delegaciones del Gobierno Mexicano y del Estado de Jalisco, a los Sacerdotes del Colegio Mexicano de Roma, as? como a los dem?s grupos venidos de Espa?a y de otros pa?ses latinoamericanos. Pidamos al Se?or que abra nuestra alma para que entre en ella el misterio de su Nacimiento. A todos vosotros y a vuestras familias os deseo una Santa y Feliz Navidad. Muchas gracias.

Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina

? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Habla el Papa
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