S?bado, 22 de diciembre de 2007
ZENITPublicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del domingo, IV de Adviento, 23 de Dciembre de 2007.


IV Domingo de Adviento [A]

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera


Isa?as 7, 10-14; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24



Hay algo que une las tres lecturas de este domingo: en cada una se habla de un nacimiento: ?He aqu? que una Virgen est? encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondr? por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros? (I lectura); ?Jesucristo... nacido de la estirpe de David, seg?n la carne? (II lectura); ?El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera...? (Evangelio). ?Podr?amos llamarlo ?domingo de los nacimientos?!

Es inevitable plantearse inmediatamente la pregunta: ?por qu? nacen tan pocos ni?os en Italia y en otros pa?ses occidentales? El principal motivo de la escasez de nacimientos no es de tipo econ?mico. Los nacimientos deber?an aumentar a medida que se camina hacia las franjas m?s elevadas de la sociedad, o seg?n se va del Sur al Norte del mundo, y en cambio sabemos que ocurre exactamente lo contrario.

El motivo es m?s profundo: es la falta de esperanza, con lo que implica: confianza en el futuro, impulso vital, creatividad, poes?a y alegr?a de vivir. Si casarse es siempre un acto de fe, traer al mundo un hijo es siempre una acto de esperanza. Nada se hace en el mundo sin esperanza. Necesitamos de la esperanza como del aire para respirar. Cuando una persona est? a punto de desmayarse, se grita a quienes est?n cerca: ??Dadle aire!?. Lo mismo se deber?a hacer con qui?n est? a punto de dejarse ir, de rendirse ante la vida: ??Dadle un motivo de esperanza!?. Cuando en una situaci?n humana renace la esperanza, todo parece distinto, aunque nada, de hecho, haya cambiado. La esperanza es una fuerza primordial. Literalmente hace milagros.

El Evangelio tiene algo esencial que ofrecer a nuestra gente, en este momento de la historia: la Esperanza con may?sculas, virtud teologal, o sea, que tiene por autor y garante a Dios mismo. La esperanzas terrenas (casa, trabajo, salud, el ?xito de los hijos...), aunque se realicen, inexorablemente desilusionan si no hay algo m?s profundo que las sustente y las eleve. Miremos lo que sucede con la tela de ara?a; es una obra de arte, perfecta en su simetr?a, elasticidad, funcionalidad, tensa desde todos los puntos por hilos que tiran de ella horizontalmente. Se sujeta en el centro por un hilo desde arriba, el hilo que la ara?a ha tejido descendiendo. Si uno desprende uno de los filamentos laterales, la ara?a sale, lo repara r?pidamente y vuelve a su sitio. Pero si se rompe ese hilo de lo alto, todo se distiende. La ara?a sabe que no hay nada que hacer y se aleja. La Esperanza teologal es el hilo de lo alto en nuestra vida, lo que sustenta toda la trama de nuestras esperanzas.

En este momento en que sentimos tan fuerte la necesidad de esperanza, la fiesta de Navidad puede representar la ocasi?n para una inversi?n de marcha. Recordemos lo que dijo un d?a Jes?s: ?Quien recibe a un ni?o en mi nombre, a m? me recibe?. Esto vale para quien acoge a un ni?o pobre y abandonado, para quien adopta o alimenta a un ni?o del Tercer Mundo; pero vale sobre todo para los padres cristianos que, am?ndose, en fe esperanza, se abren a una nueva vida. Muchas parejas que, cuando se anunci? el embarazo, se han visto por un momento llenas de confusi?n, estoy seguro de que sentir?n que pueden hacer propias las palabras de la profec?a navide?a de Isa?as: ??Acrecentaste el gozo, hiciste grande la alegr?a, porque un ni?o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado!?.


[Traducci?n del original italiano realizada por Marta Lago]
Publicado por verdenaranja @ 11:44  | Espiritualidad
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