Lunes, 24 de diciembre de 2007
D?a 25 de Diciembre
Solemnidad de la Natividad del Se?or


La dimensi?n humana



Nos convendr? leer de cuando en cuando este pr?logo del Evangelio de san Juan, para intentar, con la Gracia de Dios, calar m?s y m?s en su sentido, de modo que alcancemos un conocimiento progresivamente m?s completo de c?mo han sido las cosas en el mundo ?las verdaderamente fundamentales?, y de lo que somos y podemos llegar a ser por la voluntad de Dios.

Muy frecuentemente nos invita a la Iglesia a meditar la Sagrada Escritura, para que incorporemos m?s en nuestra vida la incuestionable verdad de que todo procede de Dios: Todo fue hecho por ?l, y sin ?l no se hizo nada de cuanto ha sido hecho, nos dice san Juan. Pues, si agradecemos a un amigo un regalo, un favor, una ayuda... y, de alg?n modo, nos sentimos obligados con ?l, cu?nto m?s nos sentiremos agradecidos y querremos corresponder a Dios, por quien existimos y es el principio de todo enriquecimiento ulterior.

Advierte el evangelista san Juan enseguida, que no todos aceptan esta verdad ni reconocen a Dios, a pesar de ser la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo. Para reconocer a Dios en Jesucristo necesita el hombre una regeneraci?n peculiar, que equivale a un nuevo nacimiento. Esta es una ense?anza repetidamente presente en este cuarto evangelio. De diversos modos y en distintos momentos, recoge el Evangelista palabras de Jes?s con las que afirma que la dimensi?n vital propia del hombre no es s?lo humana. El Evangelio, la buena noticia que Jesucristo comunica a la humanidad, es precisamente que, por ?l, el hombre puede vivir un vida superior, sobrenatural: m?s excelsa que la meramente humana: Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia, declarar? Jesucristo.

No ha venido el Se?or a traernos una vida humana m?s confortable, ni tampoco para librarnos de los dolores de nuestro caminar cotidiano, como si su misi?n fuera construir para los hombres un para?so en la tierra. La "salvaci?n" que Cristo ha tra?do al mundo, a la que alude el significado de su nombre ?Jes?s es salvador?, es la libertad de la gloria de los hijos de Dios, como dice san Pablo en su Carta a los Romanos. Ser hijos de Dios, aunque por adopci?n, no en igualdad de naturaleza como Jesucristo, puesto que somos criaturas, es la consecuencia de acoger personalmente el Evangelio: a cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios.

El Se?or vino a la Tierra, se hizo carne en Mar?a y naci? en Bel?n, y trajo su misma vida para los hombres. La vida cristiana es la vida de los hijos de Dios, que supone mucho m?s que unos comportamientos correctos. No nos basta a los cristianos con cumplir unas leyes, con ser ciudadanos ejemplares, ni tampoco con sentirnos a gusto y en paz con todos. Todo esto y m?s, ?claro que es necesario para el cristiano!, pero no basta. Si queremos agradar a Dios, no es suficiente con ser lo que solemos llamar "una buena persona": honrado a carta cabal, buen cumplidor en casa y en el trabajo, muy amigo de sus amigos... porque Dios es verdaderamente Padre nuestro. Nosotros, por consiguiente, hemos de fomentar un afecto singular del coraz?n que debe mover hacia ?l toda nuestra entera existencia. Es el afecto que se afianza y acrecienta en la intimidad de la oraci?n y en la comuni?n: En verdad, en verdad os digo que si no com?is la carne del Hijo del Hombre y no beb?is su sangre, no tendr?is vida en vosotros.

No queramos "andarnos por las ramas", ocupados en proyectos cortos, porque no culminan en Dios como objeto definitivo. Busquemos directamente agradarle, amarle, haciendo rendir en su honor las cualidades, los talentos, que hemos recibido de su bondad. Para esto alentaremos muy a menudo los deseos de amarle con obras, en unos minutos de silencioso coloquio con ?l junto al sagrario, o donde mejor podamos recogernos en oraci?n.

Nuestra Madre, como nos quiere, ser? siempre, si se lo pedimos, la gran aliada de nuestros deseos por actualizar el sentido sobrenatural de nuestra vida.


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Espiritualidad
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