Lunes, 24 de diciembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia de medianoche de la Natividad del Se?or.


Isa?as 9, 2-4.6-7; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14


Gloria a Dios y paz a los hombres




Una antigua costumbre prev? para la fiesta de Navidad tres misas, llamadas respectivamente ?de medianoche?, ?de la aurora? y ?del d?a?. En cada una, a trav?s de las lecturas que var?an, se presenta un aspecto distinto del misterio de forma que se tenga de ?l una visi?n por as? decirlo tridimensional. El evangelio de la Misa de medianoche se concentra en el evento, en el hecho hist?rico. Se describe con una desconcertante sencillez, sin ostentaci?n alguna. Tres o cuatro l?neas de palabras humildes y corrientes para describir el acontecimiento, en absoluto, m?s importante en la historia del mundo: la llegada de Dios a la tierra.

La tarea de mostrar el significado y el alcance de este acontecimiento lo conf?a, el evangelista, al canto que los ?ngeles entonan despu?s de haber dado el anuncio a los pastores: ?Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Se?or?. En el pasado esta ?ltima expresi?n se traduc?a de manera distinta: ?Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad?. Con este significado la expresi?n entr? en el canto del ?Gloria? y se hizo habitual en el lenguaje cristiano. Tras el Concilio Vaticano II se suele indicar con ella a todos los hombres honestos, que buscan la verdad y el bien com?n, sean o no creyentes.

Pero se trata de una interpretaci?n inexacta y por ello actualmente en desuso. En el texto b?blico original se trata de los hombres a los que ama Dios, que son objeto de la buena voluntad divina, no que ellos tengan buena voluntad. De este modo, el anuncio resulta todav?a m?s consolador. Si la paz se otorgara a los hombres por su buena voluntad, entonces se limitar?a a pocos, a los que la merecen; pero como se otorga por la buena voluntad de Dios, por gracia, se ofrece a todos. La Navidad no apela a la buena voluntad de los hombres, sino que es anuncio luminoso de la buena voluntad de Dios hacia los hombres.

La palabra clave para entender el sentido de la proclamaci?n ang?lica es por lo tanto la ?ltima, la que habla del ?querer?, del ?amor? de Dios hacia los hombres, como fuente y origen de todo lo que Dios ha comenzado a realizar en Navidad. Nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos ?seg?n el benepl?cito de su voluntad?, escribe el Ap?stol; nos ha dado a conocer el misterio de su querer, seg?n cuanto hab?a establecido ?en su benevolencia? (Ef 1,5.9). Navidad es la suprema epifan?a de aquello que la Escritura llama la filantrop?a de Dios, o sea, su amor por los hombres: ?Se ha manifestado la bondad de Dios y su amor por los hombres? (Tito 3, 4).

S?lo despu?s de haber contemplado la ?buena voluntad? de Dios hacia nosotros podemos ocuparnos tambi?n de la ?buena voluntad? de los hombres: de nuestra respuesta al misterio de la Navidad. Esta buena voluntad se debe expresar mediante la imitaci?n de la acci?n de Dios. Imitar el misterio que celebramos significa abandonar todo pensamiento de hacer justicia solos, todo recuerdo de ofensas recibidas, suprimir del coraz?n todo resentimiento a?n justo, y ello respecto a todos. No admitir voluntariamente ning?n pensamiento hostil contra nadie; ni contra los cercanos ni contra los lejanos, ni contra los d?biles ni contra los fuertes, ni contra los peque?os ni contra los grandes de la tierra, ni contra criatura alguna que existe en el mundo. Y esto para honrar la Navidad del Se?or, porque Dios no ha guardado rencor, no ha mirado la ofensa recibida, no ha esperado a que otro diera el primer paso hacia ?l. Si esto no es posible siempre, durante todo el a?o, por lo menos hag?moslo en tiempo de Navidad. As? ?sta ser? de verdad la fiesta de la bondad.

Traducci?n del original italiano realizada por Marta Lago.
Publicado por verdenaranja @ 23:39  | Espiritualidad
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