Martes, 25 de diciembre de 2007
El Santo Padre, Benedicto XVI, ha recordado el 500 aniversario del nacimiento de san Francisco Javier, Ap?stol del Jap?n, celebrado con alegr?a el pasado a?o en toda la Iglesia, a los Obispos del Jap?n, recibidos en audiencia durante su vista Ad Limina Apostolorum, el 15 de diciembre.


Queridos Hermanos Obispos,

Me allegro de recibiros en vuestra visita ad Limina, al venir a venerar las tumbas de los Ap?stoles Pedro y Pablo. Doy gracias por las amables palabras que el Arzobispo Meter Takeo Okada me ha dirigido en vuestro nombre, y os ofrezco mis buenos deseos m?s calurosos y oraciones para vosotros y para todo el pueblo confiado a vuestro cuidado pastoral. Hab?is venido a la ciudad donde Pedro llev? a cabo su misi?n de la evangelizaci?n y fue testigo de Cristo incluso hasta el derramamiento de su sangre ? y vosotros hab?is venido a encontraros con el sucesor de Pedro. En este sentido fortalec?is los fundamentos apost?licos de la Iglesia en vuestro pa?s y expres?is visiblemente vuestra comuni?n con todos los otros miembros del Colegio de Obispos y con el Romano Pont?fice (cf Pastores Gregis, 8). Quiero aprovechar esta oportunidad para reiterar mi condolencia por el reciente paso del Cardenal Etephen Hamao, Presidente Em?rito del Consejo Pontificio de Migrantes e Itinerantes, y para expresar mi aprecio por sus a?os de servicio a la Iglesia. En su persona ?l ejemplific? los lazos de comuni?n entre la Iglesia en Jap?n y la Santa Sede. Que descanse en paz.

El pasado a?o la Iglesia celebr? con gran alegr?a el quinientos aniversario del nacimiento de San Francisco Javier, Ap?stol del Jap?n. Me uno en dar gracias a Dios por el trabajo misionero que llev? a cabo en vuestra tierra, y por las semillas de fe cristiana que plant? en ese momento de la primera evangelizaci?n del Jap?n. La necesidad de proclamar a Cristo valientemente y con coraje es una prioridad continua para la Iglesia; en verdad es un deber solemne puesto sobre ella por Cristo que mand? a los ap?stoles ?id por todo el mundo, proclamad la Buena Nueva a toda la creaci?n? (Mc 16, 16). Vuestra tarea hoy d?a es buscar nuevas v?as de hacer vivo el mensaje del Cristo en el entorno cultural del Jap?n moderno. Aunque los cristianos formen s?lo un peque?o porcentaje de la poblaci?n, la fe es un tesoro que necesita se compartido con toda la sociedad japonesa. Vuestro liderazgo en esta ?rea necesita inspirar al clero y religiosos, catequistas, maestros, y familias para que ofrezcan una explicaci?n de la esperanza que ellos poseen (cf 1 Pe 3, 15). Esto requiere sucesivamente catequesis s?lida, basada en las ense?anzas del Catecismo de la Iglesia Cat?lica y el Compendium. Haced que la luz de la fe luzca ante todos de tal manera que ?puedan ver vuestras buenas obras y den gloria a vuestro padre que est? en los cielos? (Mt 5, 16).

Efectivamente el mundo est? hambriento del mensaje de esperanza que trae el Evangelio. Incluso en pa?ses tan altamente desarrollados como los vuestros, muchos est?n descubriendo que el ?xito econ?mico y el avance tecnol?gico no son suficientes en s? mismos para llenar el coraz?n humano. Cualquiera que no conozca a Dios ?est? en ?ltima instancia sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida? (Spe Salvi, 27). Recordad al pueblo que la vida no es s?lo ?xito y beneficio profesionales. A trav?s de la pr?ctica de caridad, en la familia y en la comunidad, pueden ser conducidos hacia ?ese encuentro con Dios en Cristo que despierta su amor y abre su esp?ritu a los otros? (Deus Caritas est, 31). Esta es la gran esperanza, que los cristianos en el Jap?n pueden ofrecer a sus compatriotas; no es extra?a a la cultura japonesa, sino que refuerza y da nuevo ?mpetu a todo lo que es bueno y noble en el patrimonio de vuestra querida naci?n. El bien merecido respeto que los ciudadanos de vuestro pa?s muestra hacia la Iglesia, por su magn?fica contribuci?n a la educaci?n, asistencia sanitaria y muchos otros campos, os da una oportunidad de dialogar con ellos y hablarles con alegr?a de Cristo, ?luz que ilumina a todo hombre? (Jn 1, 9). Los j?venes especialmente est?n en riesgo de ser decepcionados por el glamour de la cultura secular moderna. Sin embargo, como las mayores o menores esperanzas que aparecen a primera vista prometiendo much?simo (cf Spe Salvi, 30), esto resulta ser una falsa esperanza ? y tr?gicamente, desilusi?n que conduce frecuentemente a la depresi?n y a la desesperaci?n, incluso al suicidio. Si su energ?a y entusiasmo juveniles se pueden dirigir hacia las cosas de Dios, que solas son suficientes para satisfacer sus m?s profundos anhelos, m?s j?venes ser?n inspirados a comprometer sus vidas a Cristo, y algunos reconocer?n la llamada a servirle en el sacerdocio o en la vida religiosa. Invitadles a considerar si ?sta puede ser su vocaci?n. Nunca teng?is miedo de hacerlo as?. Animad a vuestros sacerdotes y religiosos tambi?n a ser activos en promover vocaciones, y llevar a vuestro pueblo a la oraci?n, pidiendo al Se?or ?que env?e trabajadores a su mies? (Mt 9, 38).
La mies del Se?or en el Jap?n est? hecha cada vez m?s de gentes de diversas nacionalidades, en la medida que m?s de la mitad de la poblaci?n cat?lica est? formada de inmigrantes. Esto da una oportunidad de enriquecer la vida de la Iglesia en vuestro pa?s y a experimentar la catolicidad del pueblo de Dios. Al dar pasos para asegurar que todos est?n hechos para sentirse acogidos en la Iglesia, pod?is recurrir a los muchos dones que los inmigrantes traen. Al mismo tiempo, necesit?is permanecer vigilantes en asegurar que las normas lit?rgicas y disciplinarias de la Iglesia universal sean cuidadosamente observadas.

El Jap?n moderno ha optado enteramente por el di?logo con el mundo entero, y la Iglesia Cat?lica, con sus alcances universales, puede hacer una valiosa contribuci?n a este proceso de apertura siempre mayor a la comunidad internacional.
Otras naciones pueden tambi?n aprender del Jap?n, desde su sabidur?a acumulada de su antigua cultura, y especialmente desde el testimonio hacia la paz que ha caracterizado su postura en el escenario pol?tico del mundo durante los ?ltimos sesenta a?os. Hab?is hecho o?r la voz de la Iglesia sobre la importancia duradera de este testimonio, tanto mayor en un mundo donde los conflictos armados causan tanto sufrimiento a los inocentes. Os animo a continuar hablando sobre asuntos de preocupaci?n p?blica en la vida de vuestra naci?n, y a asegurar que vuestras declaraciones sean fomentadas y ampliamente diseminadas, de manera que sean correctamente o?das en todos los niveles dentro de la sociedad. En este sentido, el mensaje de esperanza que el Evangelio trae puede verdaderamente tocar los corazones y las mentes, conduciendo hacia una mayor confianza en el futuro, mayor amor y respeto por la vida, aumentando la apertura hacia el forastero y el sojourner en vuestro medio. ??El que tiene esperanza vive de otra manera, a aquel que espera le ha sido regalado el don de la vida? (Spe Salvi, 2).

En esta visi?n, la pr?xima beatificaci?n de 188 m?rtires japoneses ofrece un claro signo de la fortaleza y vitalidad de testimonio cristiano en la historia de vuestro pa?s. Desde los d?as m?s antiguos, los hombres y mujeres japoneses han estado preparados a derramar su sangre por Cristo. A trav?s de la esperanza de vuestro pueblo ?que ha sido tocado por Cristo, la esperanza ha surgido para otros que estaban viviendo en la oscuridad y sin esperanza? (Epe Salvi, 8). Me uno a vosotros en dar gracias a Dios por el elocuente testimonio de Meter Kibe y sus compa?eros, que han ?lavado sus ropas blancas en la sangre del Cordero? y ahora sirven a Dios d?a y noche en su templo (Ap 7, 14).

En este tiempo de Adviento, toda la Iglesia mira con ilusi?n hacia la celebraci?n del nacimiento del nuestro Salvador. Ruego que este tiempo de preparaci?n pueda ser para vosotros y para toda la Iglesia en Jap?n una oportunidad para crecer en la fe, esperanza y amor, de modo que el Pr?ncipe de Paz pueda verdaderamente encontrar una casa en vuestros corazones. Encomend?ndoos a todos vosotros y a vuestros sacerdotes, religiosos y fieles laicos a la intercesi?n de San Francisco Javier y los M?rtires de Jap?n cordialmente imparto mi Bendici?n Apost?lica como un compromiso de paz y alegr?a en el Se?or.

(Traducci?n particular no oficial desde el Ingl?s)

Publicado por verdenaranja @ 23:38  | Habla el Papa
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