S?bado, 29 de diciembre de 2007
Un texto sobre la Navidad. En ?l se recuerda que los Magos llevaron oro, incienso y mirra. ?Y qu? llevamos nosotros al Ni?o Jes?s?: El trabajo de todas las actividades humanas.




?D?as de Navidad, principios de 1939. Renacer y continuar, comenzar y seguir. En lo material, inercia es no cambiar: no moverse lo quieto, no detenerse lo que se mueve. Pero en lo espiritual, seguir y continuar no es nunca inercia.

Volvamos a lo mismo, siempre a lo mismo: Dios con nosotros, Jes?s ni?o; y nosotros, guiados por los ?ngeles, yendo a adorar al Ni?o Dios, que nos muestran la Virgen y S. Jos?. Por todos los siglos, de todos los confines del orbe, cargados y animados por el trabajo de todas las actividades humanas, ir?n llegando magos al Bel?n perenne del Sagrario. Cuida y trabaja, preparando tu ofrenda ?tu labor, tu deber? para esta Epifan?a de todos los d?as? [1].

La adoraci?n de los Magos, el Bautismo del Se?or, las bodas de Can?: tres manifestaciones de la divinidad del Verbo encarnado, tres epifan?as que est?n colocadas en el tiempo pero tienen sabor de eternidad, porque Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre [2].

En la hermosa carta que encabeza la cuartilla de Noticias del mes de diciembre de 1938, poco m?s de diez a?os despu?s de la fundaci?n del Opus Dei, nuestro Fundador contempla al Ni?o Dios en Bel?n.

Despu?s de reafirmar la definici?n de la vida interior que tantas veces hemos actualizado en nuestro itinerario de acercamiento al Se?or: comenzar y recomenzar, San Josemar?a une el misterio de la adoraci?n de los Magos con nuestro trabajo profesional. Relaciona el alcance eterno de aquella ofrenda con la dimensi?n divina que pueden cobrar nuestras ocupaciones ordinarias.

Nosotros somos tambi?n, de alg?n modo, aquellos magos que, guiados por la estrella de la vocaci?n, nos acercamos a Bel?n en el tiempo presente, desde todos los confines del orbe. Los Magos, que no son miembros del pueblo hebreo, sino gentiles, anuncian esa gran convocaci?n que ser? la Iglesia, Pueblo de Dios. Ven?an de Oriente, de m?s all? del Jord?n. Preguntaba Herodes d?nde estaba el Rey de los jud?os.

Los pr?ncipes de los sacerdotes y los escribas sab?an que el Mes?as ten?a que nacer en Bel?n [3], pero no se molestaron en ir a saludarle. Herodes se inquieta y toda Jerusal?n con ?l [4]; sin embargo, s?lo esos extranjeros hacen el viaje. Amar es m?s que conocer, saber no basta para llegar a Jes?s.

Cuarenta d?as despu?s del nacimiento, cuando el divino Ni?o hab?a sido presentado en el Templo, el viejo Sime?n proclamaba la Salvaci?n de los pueblos y profetizaba a quien iba a ser luz para iluminar a los gentiles y gloria de Israel [5]. Luz divina para todas las naciones y, por eso mismo, gloria de Israel.

Los pastores ?hebreos? y los Magos ?paganos? son los primeros de una multitud donde ya no habr? diferencia entre jud?o y griego, entre esclavo y libre, entre var?n y mujer [6]. Con los Magos, comienza a cumplirse la profec?a de Sime?n para los gentiles. Nosotros, siglos despu?s, formamos tambi?n parte de ese Pueblo convocado en la Nueva Alianza. ?Un pueblo de entre los jud?os y los gentiles que se condensara en unidad no seg?n la carne, sino en el Esp?ritu, y constituyera un nuevo Pueblo de Dios?[7]. El pan de las ovejas perdidas de la casa de Israel se hace pan para todos [8].

Los Magos llevan oro, incienso y mirra. ?Qu? llevamos nosotros al Ni?o Jes?s? Nos acercamos a Bel?n cargados y animados por el trabajo de todas las actividades humanas.

CARGADOS

Cargados, porque el trabajo duro, continuo, exigente, es para nosotros peso. El trabajo, siempre vocaci?n del hombre, con el pecado se volvi? esfuerzo, lucha y dolor. Con la desobediencia, entr? la muerte; muerte que Cristo quiso tambi?n padecer.

Nosotros, como los Magos, traemos mirra. Como Nicodemo, llevaremos una mixtura de mirra y ?loe a los pies de la Cruz, tomaremos su Cuerpo y lo envolveremos en lienzos, con los mejores aromas que podamos encontrar [9]: mirra de abnegaci?n por amor a Cristo y a las almas, de amor a la Cruz en el trabajo de cada d?a, aunque cueste y porque cuesta.

El trabajo nuestro, participaci?n en los sufrimientos de Cristo, es tambi?n b?lsamo para curar, para limpiar y aliviar las tremendas heridas que hemos abierto con nuestros pecados en su Sant?sima Humanidad. Nada falt? a la Pasi?n de Jes?s para salvarnos, pero, para que sus m?ritos se nos apliquen, debemos completar en nuestra carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para su cuerpo que es la Iglesia [10]. Alegr?a de participar en los sufrimientos de la Cruz para que Cristo se forme en cada miembro de su cuerpo m?stico: af?n de almas, amor redentor del cristiano. Nuestras fatigas sirven para la salvaci?n de muchas almas.

?D?nde est? el Rey de los jud?os?, preguntaba Herodes. ?A d?nde iremos, cargados con nuestro trabajo? Iremos al Bel?n perenne del Sagrario. All?, como fruto de la Misa ?trabajo de Dios?, como fruto de la Cruz, est? sustancialmente presente.

El pan de vida, pan bajado del cielo, pan para la vida del mundo [11], nos est? esperando ahora en el Bel?n del Sagrario, donde hay m?s humildad, m?s anonadamiento que en la cuna y que en el Calvario. Los Reyes Magos encontraron a Jes?s en B?t-lehem, que significa casa del pan. El grano de trigo que muriendo dar? mucho fruto yace sobre un poco de paja [12].

Vamos a Bel?n con el oro del desprendimiento de los ?xitos y de los fracasos, con el incienso de las ganas de servir y de comprender ?caridad, pureza: buen olor de Cristo? y la mirra del sacrificio de cada d?a [13].

ANIMADOS

Vamos animados por el trabajo, porque el trabajo es para nosotros camino para llegar a Jes?s; es, de alg?n modo, el camino hacia Bel?n: all? donde nace el Verbo encarnado, donde Cielos y tierra se unen, en el seno de Mar?a y, despu?s, en aquella humilde cuna de Bel?n. All? vamos nosotros, que tratamos de unir trabajo y oraci?n, oraci?n y trabajo: el mundo con Dios.

Vamos con buen ?nimo, con paso alegre. El trabajo es, en efecto, y a pesar de las dificultades que siempre conlleva ?y que algunas veces tanto nos hacen sufrir?, vida, tarea, don, crecimiento, servicio a Dios y a los dem?s. Por eso tratamos de quererlo, hacerlo con alegr?a, con entusiasmo: con pasi?n profesional. El trabajo es, en este sentido, motor que impulsa. Es bueno salir de casa con deseos de cumplir aquella tarea humana que constituye nuestra vocaci?n profesional y, a la vez, nos ubica en la sociedad.

?l es el artesano, el hijo del artesano [14], el que trabaj? treinta a?os en Nazaret. Es el Hijo de Dios que transform? el pan en su Cuerpo. ?Cu?nto le cost? el trabajo de la cruz! Abb?, no se haga mi voluntad sino la tuya [15]; y ese sometimiento de la voluntad lo actualizamos cada d?a cuando el sacerdote, prestando su voz y toda su persona al Se?or, actuando in Persona Christi Capitis, repite las palabras de la Instituci?n de la Eucarist?a: Esto es mi cuerpo entregado por vosotros. As? vamos, cargados y animados, tras las huellas de quien subi? a Jerusal?n con el peso de nuestros pecados, animado por deseos de salvaci?n, por deseos de entrega.

Quam dilecta tabernacula tua, Domine virtutum![16]. Vamos, animados por el trabajo, al Sagrario, al Tabern?culo, a la casa del Se?or de los Ej?rcitos, fuerza de nuestras luchas de paz por alcanzar las virtudes. Le ofrecemos esa lucha a ?l, porque no hay nada bueno que hayamos hecho que no venga de ?l. ?Qu? tienes que no hayas recibido?, dec?a San Pablo [17].

Esas virtudes que hemos tratado de ejercer en el trabajo son de Dios: la laboriosidad ?mi Padre no deja de trabajar, y yo tambi?n trabajo [18]?, la paciencia, la responsabilidad, el cuidado de las cosas peque?as, el esfuerzo por acabar, el af?n por hacer crecer a los dem?s y la humildad para valorar su trabajo, la alegr?a, el servicio. En el comenzar y recomenzar est? la lucha para adquirir esas virtudes, h?bitos operativos que forjan nuestra personalidad y, poco a poco, nos identifican con Cristo.

PARA AMAR

Al trabajar nosotros es ?l quien trabaja, quien sufre y se entrega, quien ama. Vamos hacia la casa del Pan, eterno Bel?n del Sagrario donde est? el Hijo ?nico del Padre, el Verbo eterno de Dios. En la patena, uniendo nuestra tarea al pan ?fruto de la tierra y de nuestro trabajo?; y en el c?liz, uniendo al vino ?fruto de la vid y de nuestro trabajo [19]? la gota de agua de nuestra vida.

Cuida y trabaja, dice san Josemar?a. Un trabajo bien hecho, cuidado, esmerado. El trabajo que corresponde al peque?o deber de cada momento: Haz lo que debes y est? en lo que haces [20]. Cuidado, esmero, preparaci?n de tu ofrenda.

Vamos al Sagrario que se encuentra en la parroquia, en una iglesia cercana al lugar de trabajo, o de camino; al Sagrario de alg?n oratorio. Vamos all? para acortar el tiempo hasta la pr?xima Misa, preparando la ofrenda de la jornada con el cuidado y la impaciencia de los enamorados, con la ilusi?n de hacer de cada d?a una Misa, para encomendar a nuestros familiares y amigos, para sentirnos amados..., ?y para amar! [21].

De modo muy especial, a la hora de las pruebas o cuando hay que dar un nuevo paso, quiz? m?s costoso, hacia un mayor abandono interior, ha llegado el momento de ir al Sagrario a hablar con el Se?or, que nos muestra sus llagas como credenciales de su amor; y, con fe en esas llagas que f?sicamente no contemplamos, descubriremos con los Ap?stoles la necesidad de que Cristo padeciera y as? entrara en su gloria; acogeremos m?s claramente la Cruz como un don divino, entendiendo as? aquella exhortaci?n de nuestro Padre: empe??monos en ver la gloria y la dicha ocultas en el dolor [22].

El Sagrario es Bel?n, casa del pan, siempre demasiado pobre para el Se?or. Es Bel?n porque all? est? con su alma, con su cuerpo, con su sangre y su divinidad [23], porque se ofrece, como en Bel?n, a nuestra contemplaci?n y a nuestra adoraci?n. No vamos a ?l con las manos vac?as, sino con el trabajo ya hecho y el que queda por hacer.

La Visita al Sant?simo Sacramento es una pausa de adoraci?n: Jes?s, aqu? est? Juan el lechero; o tambi?n: Se?or, aqu? est? este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero [24]. Con nuestro nombre, le hablamos de la ofrenda que le estamos preparando: soy el m?dico, el obrero, el juez, el maestro de escuela..., que vengo a darte lo que soy y lo que hago; y a pedirte perd?n por lo que he dejado de hacer.

Vamos a ?l con los ?ngeles y, como en Bel?n, est? Santa Mar?a y est? San Jos?. El padre y la madre de familia llevan a sus hijos a saludar a Jes?s en el Tabern?culo; el profesional al colega; el estudiante a su amigo, ense?ando con el ejemplo c?mo la fe mueve a ir al encuentro del Se?or que nos espera.


FE, PUREZA, VOCACI?N

Padrenuestro, Avemar?a, Gloria. Yo quisiera, Se?or, recibiros con aquella pureza, humildad y devoci?n con que os recibi? vuestra Sant?sima Madre, con el esp?ritu y fervor de los Santos[25]. Despu?s de adorar al Padre nuestro del Cielo, invocamos a la Madre de Dios y Madre nuestra, para que nos ense?e a dar gloria con nuestra vida a la Trinidad.

Ella nos dio el Cuerpo de Jes?s; Ella nos da a Cristo en la Eucarist?a. Sus manos recibieron el oro, el incienso y la mirra que los Magos ofrecieron a Jes?s. En sus manos se purifican nuestras ofrendas y tambi?n nuestras miserias. Da brillo al oro de nuestra fe, enciende con su amor materno el incienso de nuestra pureza y llena de aroma la mirra de nuestra entrega. Santa Mar?a mantiene vivo el fuego de nuestra fidelidad y de nuestro apostolado. Con ella daremos luz y calor. Seremos l?mparas de fe, de caridad ardiente, luz divina que alumbra el camino hacia Bel?n.

Vamos hacia esa ?ltima y eterna epifan?a divina, la ?ltima revelaci?n que describe el ?ltimo libro del Nuevo Testamento, escrito cuando, por una parte, parec?an crecer las confusiones doctrinales, amenazando la verdad de los cristianos, y, por otra, se desencadenaba la primera persecuci?n universal y sistem?tica contra la Iglesia.

El emperador, una criatura de barro ebria de gloria humana, pretend?a ser adorado como Se?or y Dios. Pero las sombras de gloria vana desaparecer?n con el r?o de agua de la vida, claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero. Los que ver?n su rostro no necesitar?n l?mparas porque el Se?or Dios alumbrar? sobre ellos y reinar?n por los siglos de los siglos [26].

Mientras tanto, el fulgor divino se propaga como un incendio, de coraz?n a coraz?n: fuego apost?lico que se alimenta de la fidelidad diaria, con la humildad que persevera en la fe, con el Pan que hace m?s firme la pureza, con la vocaci?n fortalecida en la Palabra, en la oraci?n.

Oro, incienso y mirra. Fe, pureza y camino: tres puntos intangibles que cada semana consideramos con el Se?or y que nos gusta comentar cuando queremos acudir a la ayuda de la direcci?n espiritual. As? recomenzamos, cada d?a, cada semana, preparando nuestra ofrenda para la Epifan?a de todos los d?as.

Guillaume Derville

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[1] Cfr. San Josemar?a Escriv? de Balaguer, Camino, edici?n cr?tico-hist?rica, preparada por Pedro Rodr?guez, 3? ed. Rialp, Madrid 2004, p?g. 1051 (comentario al punto 998).

[2] Cfr. Hb 13, 8.

[3] Cfr. Mi 5, 1-3.

[4] Cfr. Mt 2, 4-6.

[5] Lc 2, 34.

[6] Cfr. Gal 3, 28.

[7] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen Gentium, n. 9.

[8] Cfr. Mt 15, 24-28.

[9] Cfr. Jn 19, 39.

[10] Cfr. Col 1, 24.

[11] Cfr. Jn 6, 35,41,51.

[12] Cfr. Juan Pablo II, Mensaje del Santo Padre para la XX Jornada Mundial de la Juventud (Colonia, agosto 2005), 26-VIII-2004, n. 3

[13] Cfr. Es Cristo que pasa, nn. 35-37.

[14] Cfr. Mt 13, 55; Mc 6,3.

[15] Cfr. Mc 14, 36.

[16] Sal 84 [83], 2.

[17] Cfr. 1 Co 4, 7.

[18] Jn 5, 17.

[19] Cfr. Misal Romano, Liturgia Eucar?stica.

[20] Camino, n. 815.

[21] Cfr. Forja, n. 837.

[22] Mons. J. Echevarr?a, Carta pastoral a los fieles de la Prelatura y cooperadores con ocasi?n del A?o de la Eucarist?a, 6-X-2004, en ?Romana? 2004 (n? 39), p. 221.

[23] Cfr. Concilio de Trento, sesi?n XIII, Can. 1.

[24] Cfr. Guillaume Derville, Rezar 15 d?as con San Josemar?a Escriv?, Ciudad Nueva, Madrid 2002, p?gs. 71-72.

[25] Cfr. San Josemar?a Escriv? de Balaguer, Camino, edici?n cr?tico-hist?rica, preparada por Pedro Rodr?guez, 3? ed. Rialp, Madrid 2004, p?g. 689 (comentario al punto 540).

[26] Cfr. Ap 22, 1-5.



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