S?bado, 29 de diciembre de 2007
D?a 30 de Diciembre
Fiesta: La Sagrada Familia: Jes?s, Mar?a y Jos?



El valor de la docilidad a Dios



Queremos fijarnos hoy en Jos?, el hombre que fue padre de Jesucristo, aunque no seg?n la carne. A trav?s de las palabras del Santo Evangelio, lo vemos servir a los planes de Dios con toda docilidad. Y sirve como persona inteligente, poniendo en ese quehacer su capacidad humana, con el deseo de llevar a cabo lo que se le pide en cada instante, de modo que no se interrumpa por ?l el proyecto divino. Se considera ante todo un servidor que debe hacer siempre lo posible para que las cosas de la vida discurran como Otro ?el Se?or del mundo? ha decidido; no seg?n su criterio particular. Lo realmente importante para ?l es el cumplimiento de la divina Voluntad; y, por consiguiente, hacer de su parte cuanto sea posible por secundarla.

Jos? no se considera una marioneta, caprichosamente movido por el querer de un extra?o; se siente amado por Dios. Sin embargo, con sensatez humilde, pensando que no es el Se?or del mundo, concluye que no le corresponde a ?l plasmar sus decisiones en el acontecer de la historia. Confiando, en cambio, en su Creador, que se le manifestaba omnipotente a trav?s de ?ngeles, somete tranquilo su inteligencia y su voluntad a Dios. Acepta Jos? el querer divino con paz gozosa, porque no se sent?a forzado o abrumado ante una voluntad inapelable, a la que se somet?a sin remedio. Los planes de Dios eran para Jos? un ideal, con el que buscaba identificarse. Por la fe descubr?a la divina Voluntad en el acontecer cotidiano y decid?a cumplirla, esperando siempre lo mejor, a impulsos de la caridad.

M?s de una vez se ha tachado a los cristianos de ser gente sin personalidad, abolida ?sta por la fe en Dios. Los que as? piensan ven en Dios un enemigo; o, al menos, un extra?o, indiferente a las ilusiones humanas. No es as?, desde luego, Nuestro Padre Dios, el Dios y Padre de Nuestro Se?or Jesucristo, seg?n la expresi?n paulina. Para el esposo de Mar?a y para cada cristiano que sabe lo que ese nombre significa, las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, son motivo de santo orgullo; de seguridad y paz humildemente vividas, aunque a veces tenga que ser frente a los que, temerariamente, han decidido guiarse de modo exclusivo por la inteligencia propia y nada quieren saber de si as? agradan a Dios.

Pidamos al Se?or cada uno, en nuestra oraci?n personal, la valent?a necesaria para ser sinceros: para reconocer comodidad y orgullo ?liberaci?n falsa en el fondo? tras esas tentaciones, que cualquiera podr?amos sentir, de librarnos de Dios, Nuestro Padre, como gu?a de la propia conducta. Porque, si d?ciles al Se?or, vivimos m?s dignamente, aunque sea perdiendo comodidad y amor propio, ser? as? como debemos comportarnos. Y pediremos entonces fortaleza a la hora del ex?men de conciencia, para descubrir las faltas ocultas que Dios nos muestra cuando somos sinceros. Una secreta complicidad entre el orgullo y la pereza, suele ser la causa de la falta de lucha contra los defectos. En el fondo un af?n c?modo y sin medida de libertad, al margen de Nuestro Dios y Se?or.

Y pediremos tambi?n a Dios, Nuestro Padre, por intercesi?n de san Jos?, constancia en esta vida a impulsos de la fe. As? imitaremos al Santo Patriarca, que ya en su juventud era tenido por hombre justo, seg?n nos dice san Mateo; es decir, honrado y fiel a Dios en todo. Por eso atiende d?cilmente a las indicaciones del Angel: acoge a Mar?a creyendo que ha concebido por obra del Esp?ritu Santo, pone el nombre de Jes?s al Ni?o, seg?n se le indica, marcha a Egipto..., y en regresa cuando se les dice. M?s tarde, como padre del Hijo de Dios seg?n la ley, le acompa?ar?, al cumplir doce a?os, con Santa Mar?a a Jerusal?n, en aquel viaje en el que Jes?s se retrasa y manifiesta tener una misi?n encomendada por el Padre Eterno.

Jos?, guiado por la fe, contribu?a eficazmente a la misi?n de Jesucristo antes de que se manifestara al mundo. No destac?, sin embargo, ante la gente como padre del Maestro, autor de tantos prodigios. Por el contrario, su vida discurri? entre el trabajo ordinario, en una de tantas aldeas de Israel, inadvertido en su hero?smo por vivir, como Dios esperaba, su vida de esposo de la Virgen y padre de Jes?s. Su fidelidad a Dios, desde que conoci? por el angel la concepci?n virginal de su Esposa, se apoya en la fe, y nos ha quedado como n?tido modelo para siempre.

Encomend?monos a la intercesi?n del Santo Patriarca, para que sepamos cada uno descubrir lo que va esperando Dios de nuestra vida cotidiana.



Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Espiritualidad
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