S?bado, 05 de enero de 2008
Intervenci?n de Benedicto XVI con motivo de la oraci?n mariana del ?ngelus del 26 de diciembre, fiesta de san Esteban, protom?rtir.

Ciudad del Vaticano, 26 de Diciembre de 2007.



Queridos hermanos y hermanas:

El d?a que sigue a la Navidad, la liturgia nos hace celebrar el "nacimiento para el cielo" del primer m?rtir, san Esteban. "Lleno de fe y de Esp?ritu Santo" (Hch 6, 5), fue elegido como di?cono en la comunidad de Jerusal?n, juntamente con otros seis disc?pulos de cultura griega. Con la fuerza que le daba Dios, san Esteban rea! lizaba numerosos milagros y anunciaba en las sinagogas el Evangelio con "sabidur?a inspirada". Fue lapidado a las puertas de la ciudad y muri?, como Jes?s, invocando el perd?n para sus asesinos (cf. Hch 7, 59-60).

El profundo v?nculo que une a Cristo con su primer m?rtir, san Esteban, es la caridad divina: el mismo Amor que impuls? al Hijo de Dios a abajarse y hacerse obediente hasta la muerte de cruz (cf. Flp 2, 6-8), impuls? despu?s a los Ap?stoles y a los m?rtires a dar la vida por el Evangelio.

Conviene poner siempre de relieve esta caracter?stica distintiva del martirio cristiano: es exclusivamente un acto de amor a Dios y a los hombres, incluidos los perseguidores. Por eso, hoy, en la santa misa, hemos pedido al Se?or que nos ense?e "a amar tambi?n a nuestros enemigos, imitando al m?rtir san Esteban, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores" (oraci?n "colecta").

?Cu?ntos hijos e hijas de la Iglesia, a lo largo de los siglos, han seguido este ejemplo! Desde la primera persecuci?n en Jerusal?n, pasando por las de los emperadores romanos, hasta las multitudes de m?rtires de nuestros tiempos. En efecto, tambi?n hoy, desde diversos lugares del mundo, con frecuencia llegan noticias de misioneros, sacerdotes, obispos, religiosos, religiosas y fieles laicos perseguidos, encarcelados, torturados, privados de libertad o impedidos de ejercerla por ser disc?pulos de Cristo y ap?stoles del Evangelio. A veces se sufre y se muere tambi?n por la comuni?n con la Iglesia universal y la fidelidad al Papa.

En la enc?clica Spe salvi (cf. n. 37), recordando la experiencia del m?rtir vietnamita Pablo Le-Bao-Thin! (que muri? en el a?o 1857), puse de relieve que el sufrimiento se transforma en alegr?a mediante la fuerza de la esperanza que brota de la fe.

El m?rtir cristiano, como Cristo y por la uni?n con ?l, "acepta en lo m?s ?ntimo la cruz, la muerte, y la transforma en una acci?n de amor. Lo que desde el exterior es violencia brutal, desde el interior se transforma en un acto de un amor que se entrega totalmente. (...) La violencia se transforma en amor y, por tanto, la muerte en vida" (Homil?a en la clausura de la Jornada mundial de la juventud, Marienfeld, domingo 21 de agosto de 2005: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 26 de agosto de 2005, p. 13). El m?rtir cristiano actualiza la victoria del amor sobre el odio y sobre la muerte.

Pidamos por todos los que sufren a causa de su fidelidad a Cristo y a su Iglesi! a. Que Mar?a sant?sima, Reina de los m?rtires, nos ayude a ser testigos cre?bles del Evangelio, respondiendo a los enemigos con la fuerza desarmante de la verdad y de la caridad.


Publicado por verdenaranja @ 15:20  | Habla el Papa
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