Domingo, 06 de enero de 2008
ZENIT publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI el primer d?a del a?o de 2008, durante la misa que presidi? -en la bas?lica vaticana de San Pedro-- en la solemnidad de la Madre de Dios, XLI Jornada mundial de la paz.

Queridos hermanos y hermanas:


Hoy comenzamos un a?o nuevo y nos lleva de la mano la esperanza cristiana. Lo comenzamos invocando sobre ?l la bendici?n divina e implorando, por intercesi?n de Mar?a, Madre de Dios, el don de la paz para nuestras familias, para nuestras ciudades y para el mundo entero.


Con este deseo os saludo a todos vosotros, aqu? presentes, comenzando por los ilustres embajadores del Cuerpo diplom?tico acreditado ante la Santa Sede, que han venido para participar en esta celebraci?n con ocasi?n de la Jornada mundial de la paz. Saludo al cardenal Tarcisio Bertone, mi secretario de Estado, al cardenal Renato Raffaele Martino y a todos los componentes del Consejo pontificio Justicia y paz. A ellos, en particular, les expreso mi gratitud por su compromiso de difundir el Mensaje para la Jornada mundial de la paz, que este a?o tiene como tema: "Familia humana, comunidad de paz".

La paz. En la primera lectura, tomada del libro de los N?meros, hemos escuchado la invocaci?n: "El Se?or te conceda la paz" (Nm 6, 26). El Se?or conceda la paz a cada uno de vosotros, a vuestras familias y al mundo entero. Todos aspiramos a vivir en paz, pero la paz verdadera, la que anunciaron los ?ngeles en la noche de Navidad, no es conquista del hombre o fruto de acuerdos pol?ticos; es ante todo don divino, que es preciso implorar constantemente y, al mismo tiempo, compromiso que es necesario realizar con paciencia, siempre d?ciles a los mandatos del Se?or.


Este a?o, en el Mensaje para esta Jornada mundial de la paz puse de relieve la ?ntima relaci?n que existe entre la familia y la construcci?n de la paz en el mundo. La familia natural, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es "cuna de la vida y del amor" y "la primera e insustituible educadora de la paz". Precisamente por eso la familia es "la principal "agencia" de paz" y "la negaci?n o restricci?n de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz" (cf. nn. 1-5). Dado que la humanidad es una "gran familia", si quiere vivir en paz, no puede por menos de inspirarse en esos valores, sobre los cuales se funda y se apoya la comunidad familiar.


La providencial coincidencia de varias celebraciones nos impulsa este a?o a un esfuerzo a?n mayor para realizar la paz en el mundo. Hace sesenta a?os, en 1948, la Asamblea general de las Naciones Unidas hizo p?blica la "Declaraci?n universal de derechos humanos". Hace cuarenta a?os, mi venerado predecesor Pablo VI celebr? la primera Jornada mundial de la paz. Este a?o, adem?s, recordaremos el 25? aniversario de la adopci?n por parte de la Santa Sede de la "Carta de los derechos de la familia". "A la luz de estas significativas efem?rides -cito aqu? lo que escrib? precisamente al concluir el Mensaje-, invito a todos los hombres y mujeres a tomar una conciencia m?s clara de la pertenencia com?n a la ?nica familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez m?s esta convicci?n, de la cual depende la instauraci?n de una paz verdadera y duradera" (L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 14 de diciembre de 2007, p. 5).


Nuestro pensamiento se dirige ahora, naturalmente, a la Virgen Mar?a, a la que hoy invocamos como Madre de Dios. Fue el Papa Pablo VI quien traslad? al d?a 1 de enero la fiesta de la Maternidad divina de Mar?a, que antes ca?a el 11 de octubre. En efecto, antes de la reforma lit?rgica realizada despu?s del concilio Vaticano II, en el primer d?a del a?o se celebraba la memoria de la circuncisi?n de Jes?s en el octavo d?a despu?s de su nacimiento -como signo de sumisi?n a la ley, su inserci?n oficial en el pueblo elegido- y el domingo siguiente se celebraba la fiesta del nombre de Jes?s.


De esas celebraciones encontramos algunas huellas en la p?gina evang?lica que acabamos de proclamar, en la que san Lucas refiere que, ocho d?as despu?s de su nacimiento, el Ni?o fue circuncidado y le pusieron el nombre de Jes?s, "el que le dio el ?ngel antes de ser concebido en el seno de su madre" (Lc 2, 21). Por tanto, esta solemnidad, adem?s de ser una fiesta mariana muy significativa, conserva tambi?n un fuerte contenido cristol?gico, porque, podr?amos decir, antes que a la Madre, ata?e precisamente al Hijo, a Jes?s, verdadero Dios y verdadero hombre.


Al misterio de la maternidad divina de Mar?a, la Theotokos, hace referencia el ap?stol san Pablo en la carta a los G?latas. "Al llegar la plenitud de los tiempos -escribe- envi? Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley" (Ga 4, 4). En pocas palabras se encuentran sintetizados el misterio de la encarnaci?n del Verbo eterno y la maternidad divina de Mar?a: el gran privilegio de la Virgen consiste precisamente en ser Madre del Hijo, que es Dios.
As? pues, ocho d?as despu?s de la Navidad, esta fiesta mariana encuentra su lugar m?s l?gico y adecuado. En efecto, en la noche de Bel?n, cuando "dio a luz a su hijo primog?nito" (Lc 2, 7), se cumplieron las profec?as relativas al Mes?as. "Una virgen concebir? y dar? a luz un hijo", hab?a anunciado Isa?as (Is 7, 14). "Concebir?s en tu seno y dar?s a luz un hijo" (Lc 1, 31), dijo a Mar?a el ?ngel Gabriel. Y tambi?n un ?ngel del Se?or -narra el evangelista san Mateo-, apareci?ndose en sue?os a Jos?, lo tranquiliz? dici?ndole: "No temas tomar contigo a Mar?a tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Esp?ritu Santo. Dar? a luz un hijo" (Mt 1, 20-21).


El t?tulo de Madre de Dios es, juntamente con el de Virgen santa, el m?s antiguo y constituye el fundamento de todos los dem?s t?tulos con los que Mar?a ha sido venerada y sigue siendo invocada de generaci?n en generaci?n, tanto en Oriente como en Occidente. Al misterio de su maternidad divina hacen referencia muchos himnos y numerosas oraciones de la tradici?n cristiana, como por ejemplo una ant?fona mariana del tiempo navide?o, el Alma Redemptoris Mater, con la que oramos as?: "Tu quae genuisti, natura mirante, tuum sanctum Genitorem, Virgo prius ac posterius", "T?, ante el asombro de toda la creaci?n, engendraste a tu Creador, Madre siempre virgen".


Queridos hermanos y hermanas, contemplemos hoy a Mar?a, Madre siempre virgen del Hijo unig?nito del Padre. Aprendamos de ella a acoger al Ni?o que por nosotros naci? en Bel?n. Si en el Ni?o nacido de ella reconocemos al Hijo eterno de Dios y lo acogemos como nuestro ?nico Salvador, podemos ser llamados, y seremos realmente, hijos de Dios: hijos en el Hijo. El Ap?stol escribe: "Envi? Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi?ramos la filiaci?n adoptiva" (Ga 4, 4-5).
El evangelista san Lucas repite varias veces que la Virgen meditaba silenciosamente esos acontecimientos extraordinarios en los que Dios la hab?a implicado. Lo hemos escuchado tambi?n en el breve pasaje evang?lico que la liturgia nos vuelve a proponer hoy. "Mar?a conservaba todas estas cosas medit?ndolas en su coraz?n" (Lc 2, 19). El verbo griego usado, sumb?llousa, en su sentido literal significa "poner juntamente", y hace pensar en un gran misterio que es preciso descubrir poco a poco.


El Ni?o que emite vagidos en el pesebre, aun siendo en apariencia semejante a todos los ni?os del mundo, al mismo tiempo es totalmente diferente: es el Hijo de Dios, es Dios, verdadero Dios y verdadero hombre. Este misterio -la encarnaci?n del Verbo y la maternidad divina de Mar?a- es grande y ciertamente no es f?cil de comprender con la sola inteligencia humana.
Sin embargo, en la escuela de Mar?a podemos captar con el coraz?n lo que los ojos y la mente por s? solos no logran percibir ni pueden contener. En efecto, se trata de un don tan grande que s?lo con la fe podemos acoger, aun sin comprenderlo todo. Y es precisamente en este camino de fe donde Mar?a nos sale al encuentro, nos ayuda y nos gu?a. Ella es madre porque engendr? en la carne a Jes?s; y lo es porque se adhiri? totalmente a la voluntad del Padre. San Agust?n escribe: "Ning?n valor hubiera tenido para ella la misma maternidad divina, si no hubiera llevado a Cristo en su coraz?n, con una suerte mayor que cuando lo concibi? en la carne" (De sancta Virginitate 3, 3). Y en su coraz?n Mar?a sigui? conservando, "poniendo juntamente", los acontecimientos sucesivos de los que fue testigo y protagonista, hasta la muerte en la cruz y la resurrecci?n de su Hijo Jes?s.


Queridos hermanos y hermanas, s?lo conservando en el coraz?n, es decir, poniendo juntamente y encontrando una unidad de todo lo que vivimos, podemos entrar, siguiendo a Mar?a, en el misterio de un Dios que por amor se hizo hombre y nos llama a seguirlo por la senda del amor, un amor que es preciso traducir cada d?a en un servicio generoso a los hermanos.


Ojal? que el nuevo a?o, que hoy comenzamos con confianza, sea un tiempo en el que progresemos en ese conocimiento del coraz?n, que es la sabidur?a de los santos. Oremos para que, como hemos escuchado en la primera lectura, el Se?or "ilumine su rostro sobre nosotros" y nos "sea propicio" (cf. Nm 6, 25) y nos bendiga.


Podemos estar seguros de que, si buscamos sin descanso su rostro, si no cedemos a la tentaci?n del desaliento y de la duda, si incluso en medio de las numerosas dificultades que encontramos permanecemos siempre anclados en ?l, experimentaremos la fuerza de su amor y de su misericordia. El fr?gil Ni?o que la Virgen muestra hoy al mundo nos haga agentes de paz, testigos de ?l, Pr?ncipe de la paz. Am?n.


[Traducci?n del original italiano por L'Osservatore Romano.

? Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 22:09  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios