Lunes, 07 de enero de 2008
ZENIT publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la bas?lica de San Pedro del Vaticano, durante las v?speras en las que particip? en la noche del 31 de diciembre, momento en que se enton? el ?Te Deum? de acci?n de gracias por el a?o 2007.


Queridos hermanos y hermanas:


Tambi?n al final de este a?o nos hemos reunido en la bas?lica vaticana para celebrar las primeras V?speras de la solemnidad de Mar?a sant?sima, Madre de Dios. La liturgia hace coincidir esta significativa fiesta mariana con el fin y el inicio del a?o solar. A la contemplaci?n del misterio de la maternidad divina se une, por tanto, el c?ntico de nuestra acci?n de gracias por el a?o 2007, que est? a punto de concluir, y por el a?o 2008, que ya vislumbramos. El tiempo pasa y su devenir inexorable nos impulsa a dirigir la mirada con profunda gratitud al Dios eterno, al Se?or del tiempo.


Juntos d?mosle gracias, queridos hermanos y hermanas, en nombre de toda la comunidad diocesana de Roma. A cada uno de vosotros dirijo mi saludo. En primer lugar, saludo al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas, as? como a los numerosos fieles laicos aqu? reunidos. Saludo al se?or alcalde y a las autoridades presentes. Extiendo mi saludo a toda la poblaci?n de Roma y, de modo especial, a quienes atraviesan situaciones de dificultad y de prueba. A todos aseguro mi cercan?a cordial, as? como un recuerdo constante en mi oraci?n.


En la breve lectura que hemos escuchado, tomada de la carta a los G?latas, san Pablo, hablando de la liberaci?n del hombre llevada a cabo por Dios con el misterio de la Encarnaci?n, alude de manera muy discreta a la mujer por medio de la cual el Hijo de Dios entr? en el mundo: "Al llegar la plenitud de los tiempos -escribe-, envi? Dios a su Hijo, nacido de mujer" (Ga 4, 4). En esa "mujer" la Iglesia contempla los rasgos de Mar?a de Nazaret, mujer singular por haber sido llamada a realizar una misi?n que la pone en una relaci?n muy ?ntima con Cristo; m?s a?n, en una relaci?n absolutamente ?nica, porque Mar?a es la Madre del Salvador.


Sin embargo, con la misma evidencia podemos y debemos afirmar que es madre nuestra, porque, viviendo su singular?sima relaci?n materna con el Hijo, comparti? su misi?n por nosotros y por la salvaci?n de todos los hombres. Contempl?ndola, la Iglesia descubre en ella los rasgos de su propia fisonom?a: Mar?a vive la fe y la caridad; Mar?a es una criatura, tambi?n ella salvada por el ?nico Salvador; Mar?a colabora en la iniciativa de la salvaci?n de la humanidad entera. As? Mar?a constituye para la Iglesia su imagen m?s verdadera: aquella en la que la comunidad eclesial debe descubrir continuamente el sentido aut?ntico de su vocaci?n y de su misterio.


Este breve pero denso pasaje paulino prosigue luego mostrando c?mo el hecho de que el Hijo haya asumido la naturaleza humana abre la perspectiva de un cambio radical de la misma condici?n del hombre. En ?l se dice que "envi? Dios a su Hijo (...) para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi?ramos la filiaci?n adoptiva" (Ga 4, 4-5). El Verbo encarnado transforma desde dentro la existencia humana, haci?ndonos part?cipes de su ser Hijo del Padre. Se hizo como nosotros para hacernos como ?l: hijos en el Hijo y, por tanto, hombres libres de la ley del pecado.


?No es este un motivo fundamental para elevar a Dios nuestra acci?n de gracias? Y nuestra gratitud tiene un motivo ulterior al final de un a?o, si tenemos en cuenta los numerosos beneficios y su constante asistencia que hemos experimentado a lo largo de los doce meses transcurridos. Precisamente por eso todas las comunidades cristianas se re?nen esta tarde para cantar el Te Deum, himno tradicional de alabanza y acci?n de gracias a la sant?sima Trinidad. Es lo que haremos tambi?n nosotros, al final de este encuentro lit?rgico, delante del Sant?simo Sacramento.


Cantando rezaremos: "Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti", "Socorre, Se?or, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa". Esta tarde rezaremos: Socorre, Se?or, con tu misericordia a los habitantes de nuestra ciudad, en la que, como en otros lugares, graves carencias y pobrezas pesan sobre la vida de las personas y de las familias, impidi?ndoles mirar al futuro con confianza. No pocos, sobre todo j?venes, se sienten atra?dos por una falsa exaltaci?n, o mejor, profanaci?n del cuerpo y por la trivializaci?n de la sexualidad.


?C?mo enumerar, luego, los m?ltiples desaf?os que, vinculados al consumismo y al laicismo, interpelan a los creyentes y a los hombres de buena voluntad? Para decirlo en pocas palabras, tambi?n en Roma se percibe el d?ficit de esperanza y de confianza en la vida que constituye el mal "oscuro" de la sociedad occidental moderna.


Sin embargo, aunque son evidentes las deficiencias, no faltan las luces y los motivos de esperanza sobre los cuales implorar la bendici?n especial de Dios. Precisamente desde esta perspectiva, al cantar el Te Deum, rezaremos: "Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuae", "Salva a tu pueblo, Se?or, mira y protege a tus hijos, que son tu heredad". Se?or, mira y protege en particular a la comunidad diocesana comprometida, con creciente vigor, en el campo de la educaci?n, para responder a la gran "emergencia educativa" de la que habl? el pasado 11 de junio durante el encuentro con los participantes en la Asamblea diocesana, es decir, la dificultad que se encuentra para transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia y de un correcto comportamiento (cf. Discurso en la inauguraci?n de los trabajos de la Asamblea diocesana de Roma, 11 de junio de 2007: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 22 de junio de 2007, p. 11).


Sin clamores, con paciente confianza, tratemos de afrontar esa emergencia, ante todo en el ?mbito de la familia. Sin duda, es consolador constatar que el trabajo emprendido durante estos ?ltimos a?os por las parroquias, por los movimientos y por las asociaciones en la pastoral familiar sigue desarroll?ndose y dando sus frutos.


Adem?s, Se?or, protege las iniciativas misioneras que implican al mundo juvenil: est?n aumentando y en ellas participa ya un n?mero notable de j?venes que asumen personalmente la responsabilidad y la alegr?a del anuncio y del testimonio del Evangelio. En este contexto, ?c?mo no dar gracias a Dios por el valioso servicio pastoral prestado en el mundo de las universidades romanas? Algo an?logo conviene llevar a cabo, a pesar de las dificultades, tambi?n en las escuelas.


Bendice, Se?or, a los numerosos j?venes y adultos que en los ?ltimos decenios se han consagrado en el sacerdocio para la di?cesis de Roma: actualmente son 28 los di?conos que esperan la ordenaci?n presbiteral, prevista para el pr?ximo mes de abril. As? rejuvenece la edad media del clero y se pueden afrontar las crecientes necesidades pastorales; adem?s, as? tambi?n se puede prestar ayuda a otras di?cesis.


Aumenta, especialmente en las periferias, la necesidad de nuevos complejos parroquiales. Actualmente son ocho los que est?n en construcci?n. Recientemente yo mismo tuve la alegr?a de consagrar el ?ltimo de los que ya se han terminado: la parroquia de Santa Mar?a del Rosario en los M?rtires Portuenses. Es hermoso palpar la alegr?a y la gratitud de los habitantes de un barrio que entran por primera vez a su nueva iglesia.


"In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum", "Se?or, t? eres nuestra esperanza, no seremos confundidos para siempre". El majestuoso himno del Te Deum se concluye con esta exclamaci?n de fe, de total confianza en Dios, con esta solemne proclamaci?n de nuestra esperanza. Cristo es nuestra esperanza "segura". A este tema dediqu? mi reciente enc?clica, que lleva por t?tulo Spe salvi. Pero nuestra esperanza siempre es esencialmente tambi?n esperanza para los dem?s. S?lo as? es verdaderamente esperanza tambi?n para cada uno de nosotros (cf. n. 48).


Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia de Roma, pidamos al Se?or que haga de cada uno de nosotros un aut?ntico fermento de esperanza en los diversos ambientes, a fin de que se pueda construir un futuro mejor para toda la ciudad. Este es mi deseo para todos en la v?spera de un nuevo a?o, un deseo que encomiendo a la intercesi?n maternal de Mar?a, Madre de Dios y Estrella de la esperanza. Am?n.


[Traducci?n del original italiano por L'Osservatore Romano.

? Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Habla el Papa
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