Domingo, 13 de enero de 2008
Comentario a las lecturas de la fiesta del Bautismo del Se?or - A, publicado en el Diario de Avisos el d?a 13 de Enero de 2008 bajo el ep?grafe "el domingo, fiesta de los cristianos".

Contado entre
los pecadores


DANIEL PADILLA


E1 amor, cuando es verdadero, lleva al amante a l?mites insospechados. Lo ve?amos el domingo pasado, cuando dec?amos que "la Palabra -con may?scula, por favor- se hizo carne". Lleva a l?mites insospechados, con riesgo hasta de la propia vida. La hagiografia nos suele contar casos de amor impresionante. Una Isabel de Hungr?a, por ejemplo, que recorr?a las calles de su ciudad curando a los enfermos apestados. Un Juan de Dios, limosnero de los pobres, lavando sus ?lceras m?s repugnantes. La historia de las misiones est? igualmente llena de ejemplos magn?ficos.

?Recuerdan "Molokai"? Era la enternecedora vida del P. Dami?n que, por amor a los leprosos, se hace leproso. ?Y de cualquier misionero, que, en no se qu? r?o, salvaba a nado, uno a uno, la vida de cuatro ni?os, mu-riendo ?l al final, al fallarle el coraz?n por el esfuerzo tit?nico? S?, el amor ha escrito mil p?ginas heroicas. A veces turbulentas y tr?gicas. El cine duro ha reconstruido, m?s de una vez, la aventura de una mujer enamorada, que, sin pensarlo dos veces se une a un criminal para protegerlo y encubrirlo.

Les digo estas cosas, porque el evangelio nos presenta la figura de un Jes?s que, por salvar al hombre, si no se identifica con el pecado, s? se identifica con la humanidad pecadora.

No se hace pecado, claro est?. Pero, en cierto modo, carga con ?l y lo asume, para eliminarlo. Se acerca tanto al
abismo, que queda confundido entre los pecadores.

V?anlo ah?, entrando en las aguas del Jord?n. Nadie lo distinguir?a de los otros. Es uno m?s. Y quiere, como
ellos, acercarse al bautismo de Juan por el camino de la penitencia. El asombrado Juan es el que pone las cosas en claro: "?Soy yo el que debo ser bautizado por Ti y T? vienes a m??" - ?Es tan desbordado el amor al hombre de este Dios que, por curarle de la lepra, se hace leproso. Por evitar que "nos ahoguemos", se arroja al abismo para salvarnos, dejando su propia vida en el empe?o. Quiere tanto a este pecador que soy yo, que carga con el peso de mi pecado y con el castigo que merezco.

?Recuerdan a Jes?s, a los doce a?os, "perdido" en el templo? A la angustia de su madre que pregunta "?por qu? has hecho eso?", Jes?s contesta sin inmutarse: "Yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre". Pues, bien, si se acercan ahora, cuando entra en el Jord?n como "perdido" tambi?n entre los pecadores, y le preguntan, "?por qu? haces eso?", les dir? algo parecido: "Yo debo ocuparme en las cosas de mis hermanos". Y "esas cosas", amigos, ya lo saben, son nuestro pecado. Lo predijo mucho tiempo antes Isa?as: "Ser? contado entre los malhechores".

Pues, ?se es el tema. En esta ?poca en que "se ha perdido la con-ciencia de pecado", como venimos diciendo desde P?o XII; en esta ?poca, en la que, en entrevistas a pol?ticos, deportistas y famosos, a la pregunta del periodista sobre "si corregir?a algo de su vida", todos contestan con seguridad: "yo no me arrepiento de nada"; en esta ?poca tan satisfecha, puede resultar anacr?nica la figura de este Jes?s, penitente del Jord?n, que le dice a Juan: "Baut?zame, porque es conveniente que as? se haga".

Pero deber?amos meditar en ello nosotros, los "modernos", los que hemos borrado la palabra "pecado" de nuestro diccionario existencial. Porque esta escena viene, adem?s, avalada por la firma de "lo Alto". Ya saben que, a continuaci?n se abrieron los cielos y se oy? una voz que dec?a: "Este es mi Hijo... ?Escuchadle!".
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