Domingo, 13 de enero de 2008
Reflexi?n Teol?gico-Pastoral de la Jormada de la Infancia Misionera 2008, cogida de los materiales llegados a la parroquia para la celebraci?n.

MANOS A LA OBRA

Contemplar las manos de
Jes?s que nos aman
hasta el extremo


?Record?is c?mo comienza San Juan su primera carta? Nos dice as?: ?Lo que o?mos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos... os lo anunciamos ahora? (1Jn 1,1-3).

?Os parece que le pidamos a Juan, el ap?stol amado, que comparta con nosotros estos recuerdos?

S?, que nos d? su testimonio, que nos anuncie eso que vio y oy? para que podamos participar de su alegr?a. ?C?mo eran las manos de Jes?s, qu? hicieron?

?... Las contempl? ?nos dice Juan? especialmente aquella tarde, aquel jueves en el cen?culo y en aquellos d?as en Jerusal?n que ?l hab?a deseado tanto, en aquellos d?as en los que nos am? hasta el extremo. Fueron los d?as en los que sus manos dieron vida, crearon la Eucarist?a, se dejaron clavar y traspasar, y se nos mostraron como signo de resurrecci?n. Si quer?is saber algo de sus manos, de c?mo eran y lo que hac?an por los hombres, os invito a contemplarlas conmigo en aquellos momentos.

Lo primero que hizo fue algo sorprendente, que nunca antes le hab?amos visto hacer: con sus manos nos lav? los pies. Con sus manos se quitaba el manto, se ce??a la toalla y con calma echaba el agua en la jofaina. Con ellas realizaban gestos expresivos de su amor hasta el punto de que, arrodillado, sus manos fueron lavando nuestros pies. Su manos fueron aquella tarde manos que nos amaban. Lo hab?an sido toda su vida, pero aquel d?a quiso que las contempl?ramos en el gesto supremo de su amor. S?, sus manos nos amaron sirvi?ndonos.

Y, ya sentados a la mesa, sus manos tomaron el c?liz y despu?s el pan. Parec?an expresar con toda intensidad el sentido de su vida. Siempre hab?a afrontado con valor cualquier situaci?n, nunca hab?a escatimado esfuerzos para estar con todos, era como si todo su cuerpo quisiera multiplicarse para amar. Ahora, con sus manos, al coger el pan y el vino, nos dec?a que todo su ser era ofrenda de su amor por nosotros. S?, sus manos nos entregaron la ofrenda de su vida.

Y poco m?s tarde lleg? la Cruz. Yo estaba all?, con su Madre, y vi sus manos, las que tanto hab?an amado, aquellas manos siempre abiertas para acoger a todos. Ahora estaban m?s abiertas que nunca, como si a?n le faltar?n rostros por acariciar y enfermos por sanar. Y en la Cruz sus manos quedaron traspasadas. S?, sus manos crucificadas nos mostraron la fidelidad de su amor.

??Volveremos a ver sus manos??, nos pregunt?bamos. Nos lo hab?a prometido y... no pasaron muchos d?as. S?, fueron precisamente sus manos el signo que tuvimos para reconocerle de nuevo vivo entre nosotros. Lo cont? en mi evangelio intentando reflejar toda la fuerza de aquel momento. Dijo: ?Aqu? est?n mis manos? (Jn 20,27). Eran sus manos, ?l lo repet?a: ?Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona, palpadme? (Lc 24,39). S?, sus manos volvieron a ser para nosotros signo de la presencia del Amor.

As? recuerdo sus manos en aquellos d?as; entregadas para servir, ofrecidas para amar, crucificadas para acoger y resucitadas para acompa?ar ya para siempre a todo hombre. En ellas se contiene el sentido de toda su vida?.

Las manos de Jes?s
mostr?ndonos
su amor a todos


Y tras los recuerdos de Juan, les pedir?amos a otros muchos que se encontraron con Jes?s y sintieron la fuerza de sus manos que nos hablaran de ellas y de lo que sintieron al ser tocados por el Se?or. Ni?os y ancianos, hombres y mujeres, y muchos enfermos que ?tocaron y palparon al Verbo de la vida?. Sintieron el calor de las manos de Jes?s sobre sus cuerpos, sus heridas, sus enfermedades y, especialmente, el calor de las manos de Jes?s llenando sus corazones.

San Marcos nos presenta a muchos de esos enfermos en las primeras p?ginas de su evangelio. La suegra de Pedro fue una de aquellas afortunadas; estaba enferma y Jes?s ?se acerc?, la cogi? de la mano y la levant?. Se le pas? la fiebre y se puso a servirles? (Mc 1,31). Las manos de Jes?s curan y dan fuerza para servir.

A continuaci?n se le acerc? un leproso (Mc 1,40-41) con una petici?n en sus labios: ??Si quieres, puedes limpiarme?. Y Jes?s, sintiendo l?stima, extendi? la mano y lo toc? diciendo: ?Quiero, queda limpio?. Las manos de Jes?s responden a la oraci?n sincera y sanan el cuerpo y el coraz?n.

Otro d?a fue un ciego de nacimiento el que sinti? la fuerza salvadora de Jes?s. Y las manos de Jes?s expresaron toda la fuerza que brotaba de su interior, y que quer?a ser luz para aquel hombre y para toda la humanidad. Con sus manos hizo barro, lo cogi?, ?se lo unt? en los ojos... y al lavarse volvi? con vista? (Jn 9,6-7). Las manos de Jes?s son transmisoras de luz.

Y entre tantos que se acercaban, vemos ahora a una mujer que desde hac?a dieciocho a?os estaba enferma por causa de un esp?ritu y andaba encorvada, sin poder enderezarse del todo. ?Qu? hizo Jes?s? La llam? y le dijo: ??Mujer, quedas libre de tu enfermedad?. Y le aplic? las manos? (Lc 13,12-13). Las manos de Jes?s liberan y rehacen la vida, la enderezan y la plenifican.

Acabamos con unos ni?os, los preferidos del Se?or. La escena nos transmite algo importante de los sentimientos de Jes?s. Le llevaban ni?os para que los tocara y ?l quer?a tenerlos cerca. Y en esta ocasi?n las manos de Jes?s se desbordan en signos de cercan?a: les impuso las manos (Mt 19,15) y los abrazaba y los bendec?a (Mc 10,16). Las manos de Jes?s bendicen como expresi?n del amor entra?able del Padre.

Qu? quiere Jes?s
de nosotros y
c?mo nos da su fuerza


Nos lo va a decir tambi?n a trav?s de sus manos:

Quiere que le sigamos sin miedo

Un d?a el ap?stol Pedro vio a Jes?s calmar la tempestad y dirigirse a ellos diciendo: ??nimo, soy yo, no teng?is miedo?. Pero Pedro quiso un signo de esta presencia y le pidi? a Jes?s andar sobre las aguas. Y ocurri? lo siguiente: ?Pedro baj? de la barca y ech? a andar sobre el agua acerc?ndose a Jes?s, pero al sentir la fuerza del viento le entr? miedo, empez? a hundirse y grit?: ??Se?or, s?lvame!?. Y Jes?s, extendi? en seguida la mano, lo agarr? y le dijo: ??Qu? poca fe! ?Por qu? has dudado??? (Mt 14,29-31).

La mano de Jes?s nos agarra con fuerza y prontitud para que el miedo desaparezca de nuestra vida. La mano de Jes?s nos trae su poder, su gracia cada d?a y en cada acontecimiento. Si alguien te dice: ??Manos a la obra!?, no puedes dudar. No es fiado en ti ni en tu fuerza como has de actuar. Ser? su mano quien te agarr? para obrar y llegar hasta las misiones que te parezcan m?s imposibles.

Quiere curarnos de todos nuestros
impedimentos para la misi?n


Un hombre ten?a un brazo atrofiado y, tras una disputa con los fariseos, Jes?s se acerc? a ?l y le dijo: ??Extiende el brazo?. Lo extendi? y qued? restablecido como el otro? (Mt 12,13).

?Le diremos nosotros a Jes?s, cuando nos diga: ?Manos a la obra?, que no podemos trabajar en la misi?n? ?Qu? sorprendente es este evangelio! La mano de Jes?s cura un brazo seco, incapacitado para trabajar. Hay que ponerse manos a la obra, con los dos brazos, es decir, rehabilitados por Jes?s, que necesita de cada uno de nosotros por entero.

Y otro d?a cur? a un inv?lido que llevaba 38 a?os as?. No importa, parece decirnos Jes?s, yo cuento con todos. Nada es obst?culo, es posible salir de donde estemos parados, recuperar la fuerza, ponerse ?manos a la obra?. Y nos lo demuestra este hombre al que Jes?s le dice: ?Lev?ntate, toma tu camilla y echa a andar? (Jn 5,8). E inmediatamente aquel hombre recobr? la salud, carg? con su camilla y ech? a andar.

Debemos tomar con fuerza y aliento nuestro vivir. Jes?s nos sana para que nuestra vida recupere fuerzas y se ponga en marcha. Y el primer paso es este: escuchar a Jes?s, hacer que nuestras manos dejen a un lado la camilla y liberarnos de obst?culos que nos impiden trabajar.

Quiere que nosotros
mostremos a otros su amor


Y nos lo dice de dos maneras, con dos pasajes del Evangelio. El primero nos invita a usar nuestras manos para ungir, amar y dejarnos perdonar. Jes?s alaba las manos de una mujer que se acerca a ?l y que unge sus pies (Lc 7,36ss). Ponernos manos a la obra para hacer lo que Jes?s quiere es, ante todo, tener siempre dispuestas nuestras manos para el amor, que debe hacerse sensible, tener gestos concretos.

As? nos lo ense?a Jes?s con la par?bola del Buen Samaritano. En ella nos muestra que el amor tiene en las manos el primer modo de mostrar lo que el coraz?n encierra. Las manos act?an seg?n lo que el coraz?n lleva dentro. En primer lugar, la par?bola nos muestra lo que hacen unas manos movidas por un coraz?n que no ama, que no respeta al hombre: lo asalta, lo degrada, lo deshumaniza. Unas manos no dispuestas para el amor cogieron a aquel hombre y le desnudaron, le molieron a palos y le abandonaron. ?Cu?ntas manos as? degradan continuamente nuestro mundo!

Pero otras manos, movidas por un coraz?n nuevo, muestran los gestos del amor: ?Le vend? las heridas ech?ndole aceite y vino, lo mont? en su cabalgadura, lo llev? a una posada y lo cuid? (Lc 10,30-37).

Al escuchar este a?o el lema de Infancia Misionera, ?Manos a la obra?, reconocemos que estamos preparados por el Se?or para vivirlo, ya que ?l mismo nos agarra de la mano para sostenernos; ?l mismo da fuerza a nuestros brazos y nos hace dejar las camillas que nos mantienen tumbados y nos impiden caminar; y sobre todo, ?l nos muestra los trabajos que encomienda a nuestras manos: llenar de consuelo, enjugar l?grimas, curar y vendar a los m?s pobres, salir a los caminos para llevar a todos el amor de Dios?


?Manos a la obra?,
la actualidad de la propuesta


La enc?clica Deus caritas est del papa Benedicto XVI nos urge a ponernos manos a la obra: ?Vivir el amor y, as?, llevar la luz de Dios al mundo, a esto quisiera invitar en esta enc?clica? (n. 39). Palabras que el Papa nos dirige para actualizar todo lo que el Se?or nos ha dicho a trav?s del lenguaje de sus manos. Ahora, con nuestros brazos sanados para la misi?n, con nuestras manos dispuestas a socorrer al necesitado y sabiendo que la mano de Jes?s agarra con fuerza la nuestra, escuchamos la propuesta: ?El momento actual requiere una nueva disponibilidad para socorrer al pr?jimo necesitado? (n. 30). ?Y esta es una tarea para cada fiel... para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones... tambi?n la Iglesia en cuanto comunidad tiene que poner en pr?ctica el amor? (n. 20).

Manos a la obra, a la obra del amor:

? ?El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades de los hombres? (n. 19).

? ?Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habr? sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habr? soledad, siempre habr? situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al pr?jimo? (n. 28).

? ?A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasi?n y donde sea posible... dejemos que hable s?lo el amor? (n. 31).

Y es tambi?n muy consolador saber que, al que se pone manos a la obra, ?a veces el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le har?n sentir la tentaci?n del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviar? saber que, en definitiva, ?l no es m?s que un instrumento en manos del Se?or... Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio s?lo en lo que podemos y hasta que ?l nos d? fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que est? en nuestras manos con las capacidades que tenemos es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo? (n. 35).


Manos a la obra con Mar?a

Para ponernos ?manos a la obra?, acabamos mirando a Mar?a en el momento del primer gesto de amor con el Dios encarnado que nac?a, cuando sus manos cogieron al ni?o ?y lo envolvi? en pa?ales y lo acost? en el pesebre? (Lc 2,7). La Virgen nos ofrece as? la primera muestra de todos los gestos de amor que con las manos se deben hacer a Jes?s y a los m?s pobres.

Damos gracias porque la palabra de Mar?a nos ayuda a reconocer que Dios ?hace proezas con su brazo? (Lc 1,51) y nos invita a ponernos manos a la obra con disponibilidad total a la misi?n, como Ella hizo: ?Aqu? est? la esclava del Se?or? (Lc 1,38), y como Ella nos dijo: ?Haced lo que ?l os diga? (Jn 2,5).

Juan Ignacio Rodr?guez Trillo,
Director del Secretariado de la Subcomisi?n Episcopal de Catequesis
Publicado por verdenaranja @ 20:57  | Misiones
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