Mi?rcoles, 16 de enero de 2008
Art?culo de Jos? Cervantes Gabarr?n, publicado en folleto "Pastoral de migraciones en la parroquia", remitido a nuestra comunidad para la celebraci?n de la Jornada del Migrante y del Refugiado 2008.

?Los derechos del inmigrante en la Biblia?


Jos? Cervantes Gabarr?n


En castellano, el t?rmino emigrante designa a toda persona que se ha marchado a otro lugar o pa?s, en el cual reside normalmente para trabajar en ?l. La palabra inmigrante implica un cambio de perspectiva respecto al emigrante, y se refiere a toda persona que ha venido desde su lugar de origen a otro lugar o pa?s, generalmente tambi?n por motivos laborales. En el Antiguo Testamento la palabra g'r es la que mejor se corresponde con nuestros t?rminos emigrante e inmigrante. El t?rmino g'r aparece 92 veces en el AT (cf. Ex 22, 20).

En el mundo antiguo es conocido el deber de la hospitalidad hacia el forastero como un aspecto caracter?stico de la idiosincrasia de los pueblos semitas y mediterr?neos. Los beduinos del desierto y los pueblos n?madas, los hebreos, los griegos y los romanos acreditan sus costumbres hospitalarias. Ateni?ndose a razones humanitarias propias de la filantrop?a y al motivo religioso del temor de los dioses, en el mundo griego y romano se practica la hospitalidad. Ya desde la ?poca de Ho-mero, el extranjero y el mendigo son considerados como enviados de Zeus y por ello han de ser tratados respetuosamente, de modo que la hospitalidad se puede entender como una virtud social y religiosa.

En el AT son muchos los pasajes en los que aparece la hospitalidad con el forastero como un deber natural del israelita. Aceptando que los patriarcas eran pastores semin?madas, se reg?an por el llamado ?c?digo del desierto?, un c?digo no escrito cuyo pilar b?sico era la hospitalidad con el forastero. Se pueden mencionar como relatos positivos ejemplares de acogida al forastero la escena de Abrah?n hospedando en su tienda, junto al encinar de Mambr?, a tres individuos desconocidos, en quienes reconoce la presencia del Se?or (Gn 18, 1-16). Su hospitalidad ser? compensada con el favor de Dios, que conceder? un hijo a su esposa Sara en la vejez. La misma recompensa tendr? la hospitalidad de la mujer sunamita con el profeta Eliseo (2 Re 4, 8-11). Job da testimonio de su hospitalidad con el forastero como muestra de buena conducta (Job 31, 31-32). Tambi?n se encuentran en la Biblia relatos ejemplares negativos por haber faltado a la hospitalidad, como el de los habitantes de Sodoma. Ellos atentaron contra los hu?spedes de Lot, que hab?a salido en defensa de los extranjeros hasta llegar a ofrecerles a sus propias hijas, y merecieron el castigo de la ciudad (Gn 19, 1-11). Lo mismo se puede decir del castigo de los benjaminitas por haber matado a la concubina del levita hospedado en casa del viejo efraimita de Guibe? (Jue 19, 1-30).

En la consideraci?n del extranjero en Israel no s?lo es importante la hospitalidad con el forastero como un valor social fundamental, sino tambi?n la identidad misma del Pueblo de Israel desde sus or?genes. Las ra?ces semin?madas del pueblo hebreo, la historia errante de Abrah?n (Gn 12, 1-10), de Isaac (Gn 26, 1-6) y de Jacob (Gn 46, 1-4), la experiencia de la emigraci?n de los israelitas a Egipto que deriv? en esclavitud y opresi?n (Ex 1, 1-15, 21) y la primera deportaci?n a Asiria (2 Re 15, 29; 17, 6; 18, 9-13) son los referentes hist?ricos del que se considera com?nmente el credo hist?rico de Israel recogido en Dt 26, 5-10: ?Mi padre era un arameo errante, que baj? a Egipto y residi? all? siendo pocos a?n, pero se hizo una naci?n grande, fuerte y numerosa...?.

Con todo, el elemento m?s destacado del tratamiento del inmigrante en la Biblia, y que constituye la principal novedad de Israel respecto a los pueblos de su entorno cultural, es la presencia del inmigrante en los textos legales, lo cual supone la elaboraci?n y promulgaci?n de leyes encaminadas a proteger a los inmigrantes, reconoci?ndoles progresivamente todos sus derechos en la sociedad israelita. La Biblia, en sus tradiciones legales originarias, el C?digo de la Alianza del libro del ?xodo (?x 20, 22-23, 19), el C?digo Deuteron?mico (Dt 12-26), el Dodec?logo Siquemita (Dt 27) y la Ley de Santidad del Lev?tico (Lv 17-26), articula y desarrolla una legislaci?n genuina sobre el inmigrante, el cual es siempre beneficiario de las medidas de protecci?n social re-cogidas en las leyes de la sociedad israelita ya desde el siglo IX a. C., pero cuyo origen se remonta a la ?poca de los Jueces en Israel. En esas leyes, que revelan el proyecto de Dios sobre la convivencia humana en la justicia, el inmigrante tiene todos y los mismos derechos que el nativo (Lv 19, 33-34; ?x 22, 20; Dt 10, 19; Nm 15, 15).

Nuestra reflexi?n sobre el problema de los inmigrantes desde la perspectiva cristiana acude a las fuentes de la revelaci?n para descubrir en los veneros de las tradiciones b?blicas las aportaciones espec?ficas del cristianismo a la sociedad global e intercultural, donde los movimientos migratorios se manifiestan como una consecuencia m?s de las estructuras econ?micas injustas de la humanidad y de las pol?ticas generadoras y promotoras de desigualdad entre los pueblos. A modo de conclusi?n destacamos:

1. El car?cter legal del t?rmino inmigrante y la dimensi?n espiritual del t?rmino emigrante en la Biblia

En los textos b?blicos se constata la presencia de dos tendencias fundamentales en la consideraci?n de los emigrantes, de las cuales se derivan las claves para una teolog?a de la inmigraci?n. Por una parte, el predominio del car?cter legal y jur?dico del t?rmino inmigrante en la Biblia sit?a el problema de la inmigraci?n en el nivel de la justicia social y revela un orden legal que, aparte de las consideraciones ?ticas o teol?gicas de fondo, objetiva las razones de un sistema de justicia vigente en diversos c?digos antiqu?simos recogidos en las tradiciones legales del Pentateuco, y se convierte en una referencia hist?rica relevante para cualquier legislaci?n. Por otra, en la Biblia se percibe un proceso de teologizaci?n progresiva de la categor?a del ?emigrante?, lo cual comporta una espiritualizaci?n del t?rmino tanto en la religiosidad israelita como en la comunidad cristiana primitiva. Esta dimensi?n religiosa se remonta al origen abrah?mico de la fe, revela la identidad hist?rica profunda de jud?os y cristianos y manifiesta la humildad, la provisionalidad y la dependencia del ser humano respecto a Dios en el peregrinaje de su existencia.

2. La justicia social de la Biblia declara a los inmigrantes beneficiarios de todos los derechos

A partir de los primeros textos de la legislaci?n b?blica sobre el inmigrante en el C?digo de la Alianza (?x 22, 20; 23, 9; 23, 12) y a tenor de su desarrollo posterior en las tradiciones deuteron?micas (Dt 24, 14-22; 27, 19; 10, 19) y las sacerdotales del Lev?tico (Lv 19, 33-34; 23, 22), en la justicia social b?blica se articula una legislaci?n genuina sobre el inmigrante, que lo convierte exclusivamente en beneficiario de las leyes y de las medidas de protecci?n social y en sujeto de todos y los mismos derechos que el nativo israelita (Lv 19, 33-34; Ex 22, 20; Nm 15, 15). Y todo ello independientemente de su procedencia y de las causas de su emigraci?n. Para la ley s?lo cuenta el estatuto legal del inmigrante como persona necesitada. Por eso el inmigrante no puede ser objeto de abuso, de explotaci?n, de vejaci?n alguna, ni de extorsi?n, y mucho menos se puede aceptar la legitimaci?n de medidas de exclusi?n o de persecuci?n del inmigrante. Desde la interpretaci?n evang?lica de la justicia y la identificaci?n plena de Jes?s de Nazaret con los pobres, los necesitados, los excluidos y los forasteros, el evangelio de Mateo consolida y culmina el mandato deuteron?mico del amor al inmigrante (Dt 10, 19). Las bienaventuranzas (Mt 5, 3-12) y el final del discurso escatol?gico (Mt 25, 31-46) convierten a los inmigrantes, junto a todos los indigentes y oprimidos del mundo, y s?lo por el mero hecho de serlo, en herederos de la tierra y en beneficiarios con pleno derecho del Reino de Dios.

3. La memoria del sufrimiento como fundamento de los derechos del inmigrante

Todas las leyes que en el Antiguo Testamento tratan de los inmigrantes velando por su protecci?n y defendiendo sus derechos humanos y socia-les, est?n dirigidas a la comunidad de los israelitas, que son los destinatarios ?nicos de las prescripciones legales. Las cl?usulas motivacionales de dichas leyes dan cuenta de las razones de tales normas. Los dos tipos de argumentaci?n frecuentes en ellas recurren a la memoria hist?rica del sufrimiento de Israel, evocando bien sea la experiencia de la emigraci?n en Egipto o bien sea el sufrimiento de la esclavitud en Egipto, pero diferenciando las dos etapas. La f?rmula ?porque + fuiste emigrante + en Egipto? (Ex 22, 20; 23, 9; Lv 19, 34; Dt 10, 19) fundamenta el contenido mismo de las leyes seg?n el principio de reciprocidad, de modo que tanto la prohibici?n de la opresi?n, la explotaci?n y la vejaci?n del inmigrante como el amor hacia ?l se apoyan en el pasado hist?rico de Israel como emigrante. En cambio, la f?rmula ?recuerda + fuiste esclavo + en Egipto? (Dt 6, 21; 16, 12; 24, 18.22) evoca la opresi?n de la esclavitud e invoca el principio de gratuidad liberadora de Dios para reclamar el cumplimiento de toda ley defensora de los pobres, representados en la tr?ada deuteron?mica: ?el inmigrante, el hu?rfano y la viuda?. Convertir la memoria del sufrimiento y la tradici?n de los oprimidos en raz?n y argumento de las leyes que miran por el bien y la liberaci?n de los pobres y de los in-migrantes es encontrar la raz?n humana m?s profunda del derecho y de la justicia.

4. La condici?n de emigrante como paradigma de la vida cristiana y como estrategia social en el horizonte de la fraternidad universal

El car?cter religioso del t?rmino emigrante presente en el sentido metaf?rico de textos como Lv 25, 23; Sal 39, 13 y 1 Cr 29, 15 resalta sobremanera la dimensi?n de la esperanza en Dios de los israelitas durante la di?spora jud?a postex?lica, en las ?pocas helen?stica y romana. Esta experiencia de di?spora y de emigraci?n es la realidad social dominante en las comunidades petrinas de Asia Menor destinatarias de la Carta primera de Pedro del Nuevo Testamento. La condici?n jur?dica y social de emigrantes sin patria ni hogar propicia a los cristianos y cristianas de 1 Pe la oportunidad extraordinaria de dar testimonio de la esperanza puesta en Dios (1 Pe 1, 3.11.21; 3, 15), de mostrar ante los no creyentes comportamientos convincentes de respeto, de disponibilidad y de bondad, capaces de provocar extra?eza y admiraci?n en medio de la sociedad hostil en la que viven. Para ello cuentan con la fuerza del Esp?ritu que emana de la Pasi?n de Cristo (1 Pe 2, 21-25; 3, 18; 4, 1). Esta es la aut?ntica piedra de choque para los constructores de este mundo, pero al mismo tiempo piedra angular (1 Pe 2, 4-10) y clave en la construcci?n de la fraternidad humana universal, de la que es una realidad viva en el tiempo presente la fraternidad cristiana. As? pues, la realidad social de los emigrantes de la di?spora y el talante espiritual correspondiente a la fe en Cristo hacen de la condici?n emigrante un paradigma de la vida cristiana y, al mismo tiempo, una estrategia testimonial marcada por el esp?ritu de resistencia y de aguante en el sufrimiento por la justicia (1 Pe 2, 18-20; 3, 14), con la valent?a propia de las personas libres (1 Pe 3, 14; 2, 16) y haciendo siempre el bien.

2.5. Otras referencias de inter?s

? Mensaje u homil?a del Obispo de la di?cesis para la Jornada del Migrante y del Refugiado.
? Presentaci?n en Power Point: ?Biblia y Migraci?n? (disponible en www.jsf.com.mx/phpldescargarMaterial.php?id=l 8).
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Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Migraciones
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