Mi?rcoles, 16 de enero de 2008
Mensaje de los obispos mexicanos de la Comisi?n Episcopal para la Pastoral Social sobre las consecuencias para los ind?genas y campesinos de la desgravaci?n arancelaria del Tratado de Libre Comercio que lleva por t?tulo: ? Jesucristo, vida y esperanza de los ind?genas y campesinos?.

Jesucristo, vida y esperanza de los ind?genas y campesinos



Al pueblo de Dios y todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestro querido M?xico:

Los obispos de la Comisi?n Episcopal de Pastoral Social les hacemos llegar un saludo sincero al inicio del a?o 2008. Deseamos a todos que la esperanza y el gozo de la presencia del Hijo de Dios entre nosotros nos fortalezcan y nos hagan m?s solidarios unos con otros.

1. El pasado 1 de enero, entr? en vigor la ?ltima etapa de desgravaci?n arancelaria del Tratado de Libre Comercio entre nuestro pa?s con Estados Unidos y Canad? (TLCAN). Con este paso se abren totalmente las fronteras para la importaci?n y exportaci?n de productos agropecuarios. Esto significa que se podr? comprar y vender ma?z, frijol, az?car, leche en polvo y otros productos, sin restricciones arancelarias entre los tres pa?ses.

2. Es indudable que un signo de los tiempos es la mayor intensidad del comercio internacional y no podemos vivir aislados, pues estamos en un mundo cada vez m?s globalizado. M?xico no puede cerrar sus fronteras indefinidamente, no s?lo porque no somos autosuficientes en todo, sino porque actualmente el mercado sobrepasa los l?mites nacionales, con sus beneficios y sus limitaciones. Sin embargo, cuando las leyes del mercado se imponen sobre los derechos de las personas y de los pueblos, el lucro se convierte en valor supremo y se conforman los grandes grupos de inter?s, que excluyen a los pobres, generando un sistema econ?mico globalizado injusto e inhumano.

3. Conviviendo con nuestro pueblo, mayoritariamente pobre, campesino, obrero e ind?gena, nos preocupa que esta apertura comercial, aunque beneficiar? a unos pocos agricultores poderosos y tecnificados, traer? consecuencias dolorosas para aquellos cuya sobrevivencia depende del campo. Nunca podr?n competir, en las circunstancias actuales, con los enormes subsidios que los gobiernos del Estados Unidos y Canad? otorgan a sus agricultores, y quedar?n en una situaci?n desventajosa, si no se implementan medidas que regulen y compensen las asimetr?as de nuestras econom?as.

4. El campo ha estado olvidado y descuidado en M?xico. Desde hace a?os se ha venido perdiendo la capacidad de autosuficiencia y de competitividad en la producci?n de alimentos b?sicos para la poblaci?n. La mayor?a de los campesinos han quedado sin cr?ditos y con tierras que se van reduciendo, desgastando y erosionando.

5. De no enmendar este punto, existe el riesgo real de un mayor empobrecimiento, especialmente en el medio rural e ind?gena, y de empujar a muchos campesinos m?s a abandonar el campo, y a emigrar a ciudades que no est?n preparadas para recibirlos, o intentar llegar a los Estados Unidos, que en este momento tiene un fort?simo e inhumano programa antiinmigrante. Otro riesgo, que no se puede desatender, lo presenta la tentaci?n de los cultivos il?citos, puerta abierta a la inseguridad y a la violencia.

6. En este contexto, un factor que no podemos dejar de tener en cuenta es que la creciente demanda de combustible por parte de la industria estimula la producci?n de bio-combustibles derivados de granos. Esto viene a poner en riesgo los objetivos primarios de la producci?n agr?cola, con consecuencias graves para la alimentaci?n y la soberan?a alimentaria del pa?s.

7. La producci?n de bio-combustibles derivados de granos no puede valorarse s?lo por las ventajas econ?micas o por las oportunidades comerciales que representa. Hay de fondo una cuesti?n ?tica a tener en cuenta. No se pueden poner por encima del derecho a la alimentaci?n de las personas las ventajas de la industria, favoreciendo de nueva cuenta a ?sta antes que al campo.

8. Por ello, los obispos de la Comisi?n Episcopal para la Pastoral Social, en nombre de la Conferencia del Episcopado Mexicano, sentimos la obligaci?n pastoral de decir una palabra sobre las consecuencias para los campesinos de nuestro pa?s ante esta ?ltima etapa de la apertura comercial del TLCAN. Lo hacemos inspir?ndonos en la Doctrina Social de la Iglesia y en continuidad con el mensaje "Por la dignidad del campo"[1], sobre la situaci?n del campo mexicano, que hace 5 a?os publicaron nuestros hermanos Obispos que formaban entonces esta Comisi?n. En las circunstancias presentes, ese mensaje conserva actualidad y validez.

"Denles ustedes de comer"

9. Ante una multitud que ten?a hambre, cuando sus ap?stoles suger?an a Jes?s que se desentendiera de esa gente, que la enviara a resolver su problema y cada quien comprara algo para comer, ?l les dijo: "Denles ustedes de comer" (Mc 6, 35-36). Les pidi? compartir los cinco panes y los dos peces que ten?an para s?; con su bendici?n, alcanz? para todos, y hasta sobr?.

10. Esta actitud de Jes?s nos inspira para no desentendernos de los campesinos e ind?genas que van a pasar m?s hambre, pues en un escenario en el que ya no les sea rentable sembrar su propio ma?z y frijol, de productores pasar?n a ser s?lo consumidores, haci?ndolos dependientes de los grandes productores nacionales, estadounidenses y canadienses.

11. La alimentaci?n es uno de los derechos humanos primordiales y una de las obligaciones ?ticas del Estado en favor de todos los ciudadanos. La dependencia alimentaria tiene efectos sociales muy graves en una sociedad tan desigual como la nuestra. Por ello, el Estado mexicano tiene la obligaci?n de garantizar el derecho humano a la alimentaci?n y de proteger la producci?n nacional.

12. Adem?s, y esto es lo m?s grave, al permitir la importaci?n sin ning?n control de granos, y al no producir el ma?z nativo, cuando se quiera sembrar en el futuro, se tendr?n que comprar semillas de origen extranjero. A los Obispos nos preocupa la posibilidad de que entren en el pa?s semillas gen?ticamente modificadas, que impliquen graves riesgos para la salud, para la biodiversidad y para la econom?a campesina, por la biotecnolog?a que se utiliza para modificar el genoma del ma?z, del frijol y de otras semillas. Al perder el ma?z nativo, ser? necesario comprar semilla a las grandes empresas semilleras, nacionales y extranjeras, creando una dependencia econ?mica que postrar? a los campesinos y al pa?s en una esclavitud estructural.

13. Adem?s del impacto econ?mico, nos preocupa el impacto cultural. Aunque cada vez es m?s el n?mero de personas que viven en las ciudades, el porcentaje de quienes viven en el campo es significativo. Los campesinos y los ind?genas son valorados, por algunos amantes de las estad?sticas, por el aporte que hacen al producto interno en nuestro pa?s; sin embargo, el aporte cultural es m?s valioso de lo que podemos imaginar.

14. No olvidemos que en nuestra patria el sentido de vida de millones de personas est? ?ntimamente influenciado por su relaci?n laboral con la tierra, el ma?z y el frijol. Su cultivo crea relaciones de colaboraci?n, de trabajo familiar y comunitario, que refuerza los v?nculos familiares y sociales. Muchas reuniones y asambleas de los pueblos giran alrededor del ma?z y del frijol. En muchas partes se realizan festividades en torno a la siembra, el cuidado y la cosecha de estos granos. Incluso hay ceremonias y ritos religiosos, tradicionales y cat?licos, en torno al ma?z y el frijol. Las palabras ma?z y frijol est?n incluidas en el nombre de infinidad de poblaciones y de lugares geogr?ficos y topogr?ficos por todo el territorio nacional.

15. La liberaci?n de la importaci?n de estos productos, en condiciones tan desfavorables para el campesinado mexicano, que causar?an el abandono del cultivo de los mismos, puede romper definitivamente todas estas dimensiones que integran la realidad social, cultural y religiosa de esta parte tan importante de la poblaci?n, con resultados que ser?an muy lamentables para nuestro pa?s.

"Tuve hambre y me dieron de comer"

16. Invitamos a todos los cat?licos a hacerse solidarios con la situaci?n que viven nuestros hermanos ind?genas y campesinos. A ninguno deber?a extra?arle que los obispos abordemos esta situaci?n. No podemos reducirnos a celebraciones rituales y a una predicaci?n et?rea. Es claro que la palabra de Jes?s no nos deja en la comodidad del ego?smo y de la pasividad, sino que nos lanza a que hagamos cuanto podamos por los pobres (cf Mt 25,31-46).

17. As? lo confirma el documento conclusivo de Aparecida, fruto de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe: "La opci?n preferencial por los pobres est? impl?cita en la fe cristol?gica... Nace de nuestra fe en Jesucristo"[2]. A ?l "lo encontramos de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos... En el reconocimiento de esta presencia y cercan?a, y en la defensa de los derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo. El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensi?n constitutiva de nuestra fe en Jesucristo. De la contemplaci?n de su rostro sufriente en ellos y del encuentro con ?l en los afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad ?l mismo nos revela, surge nuestra opci?n por ellos. La misma adhesi?n a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino"[3].

18. Movidos por nuestra fe cat?lica, sostenemos que "las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor, contradicen el proyecto del Padre e interpelan a los creyentes a un mayor compromiso a favor de la cultura de la vida. El Reino de vida que Cristo vino a traer es incompatible con esas situaciones inhumanas. Si pretendemos cerrar los ojos ante estas realidades no somos defensores de la vida del Reino y nos situamos en el camino de la muerte"[4].

19. "El Se?or requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras m?s justas en los ?mbitos nacionales e internacionales. Urge crear estructuras que consoliden un orden social, econ?mico y pol?tico en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una aut?ntica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el di?logo constructivo para los necesarios consensos sociales"[5].

20. "El Santo Padre nos ha recordado que la Iglesia est? convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres, ante intolerables desigualdades sociales y econ?micas, que claman al cielo"[6].

21. En este mismo sentido, el Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2008, ha dicho que "no vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas"[7]. "La familia humana, hoy m?s unida por el fen?meno de la globalizaci?n, necesita un fundamento de valores compartidos, una econom?a que responda realmente a las exigencias de un bien com?n de dimensiones planetarias... Hay que fomentar relaciones correctas y sinceras entre los individuos y entre los pueblos, que permitan a todos colaborar en plan de igualdad y justicia. Al mismo tiempo, es preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir la riqueza con equidad"[8].

22. "En la familia de los pueblos se dan muchos comportamientos arbitrarios, tanto dentro de cada Estado como en las relaciones de los Estados entre s?. Tampoco faltan tantas situaciones en las que el d?bil tiene que doblegarse, no a las exigencias de la justicia, sino a la fuerza bruta de quien tiene m?s recursos que ?l. Hay que reiterarlo: la fuerza ha de estar moderada por la ley, y esto tiene que ocurrir tambi?n en las relaciones entre Estados soberanos"[9].

Propuestas

23. Estamos conscientes, como ha dicho el mismo Papa en su Enc?clica Deus Caritas est, que "el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la pol?tica y no de la Iglesia. Pero la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia"[10]. Por ello, respetuosamente hacemos las siguientes propuestas:

24. Que nuestras autoridades federales analicen la posibilidad jur?dica y la conveniencia econ?mica para renegociar el apartado agropecuario del Tratado de Libre Comercio y proteger con mayor decisi?n los intereses de los campesinos e ind?genas pobres, que son la mayor?a. Existen condiciones jur?dicas, econ?micas y morales para renegociar este cap?tulo, lo cual es prioritario para el gobierno y para los legisladores.

25. A la par de los esfuerzos por la viabilidad de la renegociaci?n, es necesario que las autoridades federales incentiven su creatividad para generar mecanismos de desarrollo que ayuden a los campesinos e ind?genas a ir superando los efectos negativos del Tratado. Someter a nuestros campesinos y productores a reglas y condiciones desiguales de producci?n ante otros pa?ses y productores es intr?nsecamente injusto, porque genera una pobreza permanente y sistem?tica, de la cual no se puede salir.

26. Debemos construir una globalizaci?n de equidad y de justicia para la familia humana. Si vivimos en un mundo globalizado, no se pueden restringir las oportunidades s?lo al aspecto comercial. Es necesario seguir insistiendo en una pol?tica migratoria entre los tres pa?ses, que as? como han acordado el tr?nsito de mercanc?as y la libre inversi?n, tendr?an que procurar mecanismos para una migraci?n ordenada y justa.

27. Es urgente e impostergable destinar m?s recursos al campo y cuidar su recta aplicaci?n, para que lleguen a los peque?os productores del campo y no se queden en beneficio del aparato burocr?tico, o de los productores con mayores recursos de tierras y de capital, e incluso de grandes empresas transnacionales. Hay que luchar contra la corrupci?n del sistema administrativo de los recursos y evitar la destrucci?n de las familias campesinas, que ante el deterioro econ?mico sufren enormes consecuencias sociales por la migraci?n y la deformaci?n de los valores de las nuevas generaciones. No basta, sin embargo, dar m?s recursos al campo; es importante cambiar las pol?ticas hacia el campo y sus objetivos.

28. Es necesario buscar caminos, en el ?mbito del comercio internacional, para cambiar aquellos sistemas que generan injusticia y exclusi?n, en perjuicio de los pa?ses o sectores menos desarrollados. Ning?n sistema es intocable, cuando genera muerte. Por ello, no bastan paliativos circunstanciales para los campesinos, sino que debemos analizar el modelo econ?mico en general. El documento de Aparecida, con visi?n prof?tica afirma que: "Trabajar por el bien com?n global es promover una justa regulaci?n de la econom?a, finanzas y comercio mundial. Es urgente proseguir en el desendeudamiento externo para favorecer las inversiones en desarrollo y gasto social, prever regulaciones globales para prevenir y controlar los movimientos especulativos de capitales, para la promoci?n de un comercio justo y la disminuci?n de las barreras proteccionistas de los poderosos, para asegurar precios adecuados de las materias primas que producen los pa?ses empobrecidos y normas justas para atraer y regular las inversiones y servicios, entre otros"[11].

29. Convocamos a toda la sociedad mexicana a acompa?ar a los campesinos, valorar y agradecer su trabajo, adquirir sus productos y apoyarles en todas las formas posibles. Consideramos oportuno un debate nacional sobre el papel del campo en la sociedad y en el futuro de M?xico, para encontrar caminos hacia otras pol?ticas m?s incluyentes. Todos tenemos un deber de solidaridad con los campesinos, para escucharlos en sus justas demandas y acompa?arlos en su lucha por una vida digna.

30. Hay que alentar las cooperativas y las organizaciones de peque?os productores, para que sus productos lleguen al mercado sin intermediarios, y as? los mismos campesinos sean los directamente beneficiados. Unidos se podr?n fortalecer los mercados locales y regionales, y facilitar los medios para llegar a mercados nacionales e internacionales con un mayor valor agregado y as? potenciar sus ingresos econ?micos.

31. Es necesario insistir a los campesinos y apoyarlos para que no dejen de sembrar y conserven su ma?z nativo, pues ser? la base de su subsistencia perdurable y del mantenimiento de su identidad milenaria de mujeres y hombres de ma?z. En consecuencia, que no siembren semillas de ma?z que no son de su historia; que siembren todas las variedades propias, partiendo de acuerdos comunitarios para la defensa territorial de su ma?z, y que eviten la siembra de semillas de ma?z transg?nicos que producen granos est?riles.

32. Todos debemos educarnos en la austeridad y en la sobriedad. Los productos del campo son m?s sanos y baratos que los elaborados, y est?n al alcance de los pobres. Por ello reconocemos los esfuerzos de quienes promueven la producci?n agropecuaria org?nica, que mantiene y estimula muchos valores humanos, entre ellos el amor a la tierra, regalo de Dios que debemos cuidar. Es necesario educarnos para re-descubrir el valor de los productos de nuestros campesinos y preferirlo a los que nos ofrece la publicidad as? como no dejarnos atrapar por el irrefrenable consumismo.

33. Que el ejemplo de la Sagrada Familia de Jes?s, Mar?a y Jos?, en la que se combinaba perfectamente la oraci?n con el trabajo, para vivir sobria, pero honesta y justamente, nos inspire en la lucha por una vida digna para todos.


M?xico, D. F., 14 de enero de 2008



+ Gustavo Rodr?guez Vega

Obispo Auxiliar de Monterrey

Presidente de la

Comisi?n Episcopal

para la Pastoral Social



+ Luis Artemio Flores Calzada

Obispo de Valle de Chalco

Responsable de la dimensi?n

Pastoral Social-Caritas



+ Miguel Angel Alba D?az

Obispo de La Paz

Responsable de la dimensi?n

Justicia, Paz y Reconciliaci?n



+ Abelardo Alvarado Alc?ntara

Obispo Auxiliar de M?xico

Responsable de la dimensi?n

Fe y Pol?tica



+ Carlos Garfias Merlos
Obispo de Cd. Netzahualc?yotl

Responsable de la dimensi?n

Pastoral del Trabajo



+ Rafael Mart?nez Sainz

Obispo Auxiliar de Guadalajara

Responsable de la dimensi?n

Pastoral de la Salud



+ Domingo D?az Mart?nez

Obispo de Tuxpan

Responsable de la dimensi?n

Pastoral Penitenciaria



+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo de San Crist?bal

de las Casas

Responsable de la dimensi?n

Pastoral Ind?gena



+ Rafael Romo Mu?oz

Arzobispo de Tijuana

Responsable de la dimensi?n

Pastoral de la Movilidad Humana



Pbro. Armando Flores Navarro

Secretario Ejecutivo de CEPS


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Notas

[1] Cf. COMISION EPISCOPAL PARA LA PASTORAL SOCIAL, Por la Dignidad del Campo. Mensaje de los Obispos de la Comisi?n Episcopal de Pastoral Social sobre la situaci?n del campo mexicano, M?xico, 29 de enero de 2003.
[2] V CONFERENCIA GENERAL DEL ESPISCOPADO LATINOAMERICANO, Aparecida, Documento conclusivo, 2007. No. 392.
[3] Ib?d., No. 257.
[4] Ib?d., No. 358.
[5] Ib?d., No. 384..
[6] Ib?d., No. 395.
[7] BENEDICTO XVI, La familia humana, comunidad de paz, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2008. No. 6.
[8] Ib?d., No. 10.
[9] Ib?d., No. 11.
[10] BENEDICTO XVI, Carta enc?clica Deus Caritas est, No. 28
[11] V CONFERENCIA GENERAL DEL ESPISCOPADO LATINOAMERICANO, Aparecida, Documento conclusivo, 2007. No. 406.
Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Hablan los obispos
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