Viernes, 18 de enero de 2008
ZENITPublicamos la carta que ha enviado Benedicto XVI al padre Peter-Hans Kolvenbach, S.I., hasta ahora prep?sito general de la Compa??a de Jes?s.



En ocasi?n de la 35? Congregaci?n General de la Compa??a de Jes?s, es mi vivo deseo hacer llegar a Usted y a cuantos toman parte en la Asamblea el m?s cordial saludo, unido a la seguridad de mi afecto y de mi constante cercan?a espiritual. S? lo importante que es para la vida de la Compa??a el acontecimiento que se est? celebrando, s? tambi?n que, por ello, ha sido preparado con gran cuidado. Se trata de una ocasi?n providencial para imprimir a la Compa??a de Jes?s aquel renovado impulso asc?tico y apost?lico que es deseado por todos, para que los Jesuitas puedan llevar a cabo plenamente su misi?n y afrontar los desaf?os del mundo moderno con aquella fidelidad a Cristo y a la Iglesia que distingui? la acci?n prof?tica de San Ignacio de Loyola y de sus primeros compa?eros.

El Ap?stol escribe a los fieles de Tesal?nica que les ha anunciado el evangelio de Dios, ?anim?ndoos y conjur?ndoos - precisa ?l - a comportaros de manera digna de aquel Dios que os llama a su reino y a su gloria? (1 Ts 2,12), y a?ade: ?Precisamente por esto tambi?n nosotros damos gracias a Dios continuamente porque, habiendo recibido de nosotros la palabra divina de la predicaci?n, la hab?is acogido no como palabra de hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios, que act?a en vosotros que cre?is? (1 Ts 2,13). La palabra de Dios, por tanto, primeramente es ?recibida?, es decir escuchada, despu?s, penetrando hasta el coraz?n, es ?acogida? y quien la recibe reconoce que Dios habla por medio de su enviado: de este modo la palabra act?a en los creyentes. Como entonces, tambi?n hoy la evangelizaci?n exige total y fiel adhesi?n a la palabra de Dios: adhesi?n, ante todo, a Cristo, y escucha atenta de su Esp?ritu que gu?a a la Iglesia, d?cil obediencia a los Pastores que Dios ha puesto para guiar a su pueblo y prudente y franco di?logo con las instancias sociales, culturales y religiosas de nuestro tiempo. Todo esto presupone, como es sabido, una ?ntima comuni?n con Aqu?l que nos llama a ser sus amigos y disc?pulos, una unidad de vida y de acci?n que se alimenta de su palabra, de contemplaci?n y oraci?n, de separaci?n de la mentalidad del mundo y de incesante conversi?n a su amor para que sea ?l, Cristo, quien viva y act?e en cada uno de nosotros. Est? aqu? el secreto del aut?ntico ?xito del empe?o apost?lico y misionero de todo cristiano, y a?n m?s de cuantos son llamados a un servicio m?s directo del Evangelio.

Tal convicci?n est? ciertamente bien presente en cuantos toman parte en la Congregaci?n General, y siento la urgencia de reconocer el gran trabajo ya realizado por la comisi?n preparatoria que a lo largo del a?o 2007 ha examinado los postulados llegados de las Provincias y ha indicado los temas a afrontar. Querr?a expresar mi agradecimiento en primer lugar a Usted, querido y venerado Padre Prep?sito General, que desde 1983 est? guiando de modo iluminado, sabio y prudente la Compa??a de Jes?s, tratando por todos los modos de mantenerla en el cauce del carisma ignaciano. Usted, por razones objetivas, ha pedido varias veces ser exonerado de su cargo, asumido con gran sentido de responsabilidad en un momento no f?cil de la historia de la Orden. Le expreso el m?s vivo agradecimiento por el servicio prestado a la Compa??a y, m?s en general, a la Iglesia. Mi sentimiento de gratitud se extiende a sus m?s directos colaboradores, a los participantes en la Congregaci?n General y a todos los Jesuitas esparcidos por todas las partes del Planeta. A todos y a cada uno llegue el saludo del Sucesor de Pedro, que sigue con afecto y estima el m?ltiple y apreciado trabajo apost?lico de los Jesuitas, y alienta a todos en el camino abierto por el santo Fundador y recorrido por grupos innumerables de hermanos dedicados a la causa de Cristo, muchos de los cuales han sido inscritos por la Iglesia en el cat?logo de los beatos y de los santos. Que ellos protejan y sostengan a la Compa??a de Jes?s en la misi?n que desarrolla en esta nuestra ?poca, marcada por numerosos y complejos desaf?os culturales y religiosos, dif?ciles.

Y precisamente a este prop?sito, ?c?mo no reconocer la valiosa contribuci?n que la Compa??a ofrece a la acci?n de la Iglesia en varios campos y de muchas maneras? ?Contribuci?n verdaderamente grande y benem?rita, que s?lo el Se?or podr? recompensar debidamente! Como mis venerados Predecesores, los Siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II, tambi?n yo aprovecho la oportunidad de la Congregaci?n General para poner de relieve tal aportaci?n y, al mismo tiempo, para ofrecer a vuestra reflexi?n algunas consideraciones, que os sirvan de aliento y est?mulo para realizar cada vez mejor el ideal de la Compa??a, en plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia, tal como se describe en la siguiente expresi?n que os es bien familiar: ?Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir s?lo al Se?or y a la Iglesia su esposa, bajo el Romano Pont?fice, Vicario de Cristo en la tierra? (Litt. Ap. Exposcit debitum, 21 julio 1550). Se trata de una ?peculiar? fidelidad, sancionada tambi?n, para no pocos de vosotros, por un voto de obediencia inmediata al Sucesor de Pedro ?perinde ac cadaver?. De esta vuestra fidelidad, que constituye la se?al distintiva de la Orden, la Iglesia tiene a?n mayor necesidad hoy, en una ?poca en que se advierte la urgencia de transmitir, de manera integral, a nuestros contempor?neos, distra?dos por tantas voces discordantes, el ?nico e inmutado mensaje de salvaci?n que es el Evangelio, ?no como palabra de hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios?, che opera en los que creen.

Para que esto suceda es indispensable, como ya recordaba el amado Juan Pablo II a los participantes en la 34? Congregaci?n General, que la vida de los miembros de la Compa??a de Jes?s, como tambi?n su investigaci?n doctrinal, est?n siempre animadas de un verdadero esp?ritu de fe y comuni?n en ?d?cil sinton?a con las indicaciones del Magisterio? (Insegnamenti, vol. I, pp. 25-32). Deseo vivamente que la presente Congregaci?n General reafirme con claridad el aut?ntico carisma del Fundador, para alentar a todos los Jesuitas a promover la verdadera y sana doctrina cat?lica. Como Prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, he podido apreciar la valiosa colaboraci?n de Consultores y expertos Jesuitas, que, en plena fidelidad a su carisma, han contribuido de manera considerable a la fiel promoci?n y recepci?n del Magisterio. No es ?ste ciertamente un empe?o f?cil, especialmente cuando se est? llamado a anunciar el Evangelio en contextos sociales y culturales muy diversos y hay que confrontarse con mentalidades diferentes. Aprecio, por tanto, sinceramente tal esfuerzo realizado al servicio de Cristo, esfuerzo que es fructuoso para el verdadero bien de las almas en la medida en que uno se deja guiar por el Esp?ritu Santo, y permanece d?cil a las ense?anzas del Magisterio, refiri?ndose a los principios clave de la vocaci?n eclesial del te?logo expuestos en la Instrucci?n Donum veritatis.

La obra evangelizadora de la Iglesia cuenta, por tanto, mucho con la responsabilidad formativa que la Compa??a tiene en el campo de la teolog?a, de la espiritualidad y de la misi?n. Y, precisamente, para ofrecer a toda la Compa??a de Jes?s una clara orientaci?n que la sostenga en una dedicaci?n apost?lica fiel y generosa, podr?a resultar muy ?til que la Congregaci?n General reafirme, en el esp?ritu de San Ignacio, la propia adhesi?n total a la doctrina cat?lica, en particular sobre puntos neur?lgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular, como, por ejemplo, la relaci?n entre Cristo y las religiones, algunos aspectos de la teolog?a de la liberaci?n y varios puntos de la moral sexual, sobre todo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de las personas homosexuales.

Reverendo y querido Padre, estoy persuadido que la Compa??a advierte la importancia hist?rica de esta Congregaci?n General y, guiada por el Esp?ritu Santo, quiere una vez m?s, como dec?a el amado Juan Pablo II en enero de 1995, reafirmar, ?sin equ?vocos y sin dudas, su espec?fico camino hacia Dios, como lo traz? San Ignacio en la Formula Instituti: la fidelidad amorosa a vuestro carisma ser? fuente segura de renovada fecundidad? (Insegnamenti, vol. XVIII/1, 1995, p. 26). Resultan adem?s muy actuales las palabras que mi venerado Predecesor Pablo VI os dirigi? en otra ocasi?n an?loga: ?Todos debemos velar para que la adaptaci?n necesaria no se realice con detrimento de la identidad fundamental, de la esencialidad de la figura del jesuita, como se describe en la Formula Instituti, como la historia y la espiritualidad de la Orden la proponen y como la interpretaci?n aut?ntica de las necesidades mismas de los tiempos parece reclamar hoy. Aquella imagen no deber ser alterada, no debe ser desfigurada? (Insegnamenti, vol. XII, 1974, pp. 1181-1182).

La continuidad de las ense?anzas de los Sucesores de Pedro es prueba de la gran atenci?n y cuidado que ellos mostraron respecto de los Jesuitas, su estima por vosotros y el deseo de poder contar siempre con la aportaci?n preciosa de la Compa??a para la vida de la Iglesia y para la evangelizaci?n del mundo. Conf?o la Congregaci?n General a la intercesi?n del santo Fundador y de los santos de la Orden, a la materna protecci?n de Mar?a, para que todo hijo espiritual de San Ignacio pueda tener ante los ojos ?primero a Dios, y luego el modo de ser de este su instituto? (Formula Instituti, I). Con tales sentimientos aseguro un constante recuerdo en la oraci?n e imparto de coraz?n a Usted, Reverendo Padre, a los Padres de la Congregaci?n General y a la entera Compa??a de Jes?s una especial Bendici?n Apost?lica.

Del Vaticano, 10 Enero 2008

Benedictus XVI

[Traducci?n del original italiano distribuida por la Curia General de la Compa??a de Jes?s

? Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Habla el Papa
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