Domingo, 20 de enero de 2008
Comentario a las lecturas del segundo domingo del tiempo ordinario - A, publicado en el Diario de Avisos el domingo 20 de Enero de 2008 bajo el ep?grafe "el domingo, fiesta de los cristianos".

Siempre y en
todo lugar


DANIEL PADILLA


H euros entrado ya, amigos, en eso que la liturgia llama "tiempo ordinario". El tiempo ordinario est? formado por treinta y tantas semanas, en las que "sin celebrarse ning?n aspecto peculiar del Misterio de Cristo, se repasa, sin embargo, todo ese misterio en su plenitud". Todas esas semanas sirven de lazo de uni?n con los dos grandes ciclos -Navidad y Pascua- de la liturgia, llamados "tiempos fuertes". Tiempos fuertes, por tanto y tiempo ordinario.

Pero a m? -?que quieren!- no acaba de gustarme esta denominaci?n de "tiempo ordinario". Me da miedo que alguien, a la palabra "ordinario" le de el significado de tiempo "poco importante", tiempo como "para llenar hueco". Algo as? como la "copa de la liga" que es ese ?ltimo campeonato que hacen los clubes al final de tempora-da, al que acude ya muy poco p?blico y que s?lo sirve para llenar el tiempo de los futbolistas antes de sus vacaciones: un campeonato en el que ya no se ventila nada. Pues, algo parecido. Tengo miedo de que, una vez pasadas las espl?ndidas vivencias de los "tiempos fuertes", al comenzar el "tiempo ordinario", las gentes crean que se puede dejar de pisar el acelerador y que hemos entrado en el preludio de una larga siesta. Una ?poca de menos exigencia para la fe, para el culto y para el
amor. Un tiempo, en fin, de relax cristiano y espiritual.
Y no es asi, amigos. Quiz? para demostrar lo contrario, el Evangelio de hoy recoge nuevamente la figura de Juan se?alando con su ?ndice: "Ah? est? el Cordero de Dios, el que quita el pecado...". Quiz? por eso, igual que en el Adviento, vuelve a sonar su afirmaci?n tajante: "El va por delante de
m?, porque exist?a antes que yo".

Quiz? por eso tambi?n se hace reiterativo su testimonio en este tiempo: "Yo he visto al Esp?ritu posarse sobre ?l y he dado testimonio de que es el Hijo de Dios". Como diciendo: Es precisamente en este tiempo "ordinario" cuando m?s debemos profundizar en el mensaje de Jes?s, este Jes?s avalado por el Esp?ritu".

El "tiempo ordinario", pues, as? enfocado, no es ni mucho menos un tiempo devaluado, como de segunda divisi?n, como de menos urgencia en la asc?tica cristiana, en el di?logo con Dios y en el acercamiento a los hermanos. Al contrario. El Evangelio de hoy nos indica a las claras que hay que seguir teniendo "siempre y en todo lu-gar", mentalidad de adviento, de acercamiento al "Dios que hay en Jes?s". Un quehacer, por tanto, no s?lo para ciertas fechas extraordinarias, sino como "el pan nuestro de cada d?a".

Dios no tiene horarios de visita ni d?as especiales de audiencia. Todos los d?as, todas las horas, todos los minutos son ocasiones h?-biles y preciosas para entrar en relaci?n con El. Santa Teresa del Ni?o Jes?s nos ense??, desde la experiencia m?stica de su "caminito" que "lo ordinario se convierte en "extraordinario", si sabemos enfocarlo hacia "lo alto". A los de Tesal?nica, San Pablo les dec?a: "Recen sin interrupci?n". Y a los de Corinto, les aclaraba: "Cuando coman, cuando beban, cuando hagan cualquier cosa, h?ganlo para la gloria de Dios".

Cuando la liturgia, por tanto, comienza el "tiempo ordinario" lo que quiere es que, en ese tiempo, sin prisas pero sin pausas, sin revelaciones esplendorosas, pero con constancia, nos dejemos impregnar e interpelar por el Misterio de Dios y su Palabra. Con may?scula. nor favor.
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