Mi?rcoles, 23 de enero de 2008
Art?culo semanal de Padre Fernando Lorente, 0.h., publicado en EL D?A el mi?rcoles 23 de Enero de 2008, en la secci?n CRITERIOS, bajo el ep?grafe "Luz en el Camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


Si hoy se hablara como antes


NO PENSEMOS que hace falta abandonar la vida para marcharse al desierto. Pero tampoco debemos olvidar que es imprescindible traer un poco de desierto interior a la propia vida. S?lo las personas dominadas por el enga?o, inter?s de la vulgaridad y la mediocridad no pueden soportar el desierto. Y todo porque viven tan desoladas en soledad de su desierto interior, que tienen miedo de enfrentarse con su vac?o. Tienen una conciencia tan clara de su pobreza espiritual que temen encararse con la verg?enza de no tener nada que ofrecer. Y, por eso, el recurso al que se ven obligados a vivir es la bullanga jaranera y la algarab?a carnavalesca masiva para disimular los propios bostezos en el aburrimiento general, para encubrir la verg?enza de las frases sin sentido propias en la mara?a apretada de las palabras vac?as de los dem?s. Este no es el camino, hay que salirse de ?l.

El desierto es, siempre, el camino obligado para realizar una actividad consciente y responsable. La soledad es imprescindible para salvaguardar la propia persona en su fin supremo. Jes?s admiti? ser tentado y triunf? de la tentaci?n en el desierto para prevenirnos de la necesidad de la soledad como requisito para el triunfo sobre nosotros mismos. La soledad, afirmaba Gregorio Mara??n, obra en las personas como el barbecho en la tierra, prepar?ndolas para mejores frutos. Por eso el amor a las soledades es, adem?s, una disposici?n imprescindible para amar a las personas. El amor a la soledad no busca el desierto como meta. El desierto tiene siempre como meta a los seres humanos.

El silencio, pues, no significa s?lo exclusi?n de palabras y no tiene que considerarse ?nicamente en su elemento negativo. Silencio no es un estado de olvido, de vac?o, de nada (como en el ate?smo moderno). Al contrario, se distingue por un car?cter positivo: silencio es el comportamiento indispensable para escuchar a Dios y para acoger su comunicaci?n. Es la atm?sfera vital de la oraci?n y el culto divino.

Resumiendo, el silencio -en el desierto o fuera de ?l- es un camino muy certero hacia la autenticidad. En el silencio descubrimos la necesidad de profundizar las motivaciones m?s importantes que mueven nuestra vida. Y la gran verdad sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre los dem?s la encontraremos viviendo en el silencio. Sin silencio, no hay madurez, ni profundidad de coraz?n, ni posibilidad de genuino di?logo con los dem?s. A trav?s del silencio vamos en busca de la verdad sobre nosotros mismos y descubrimos la verdad de los dem?s.

* Capell?n de la

cl?nica S. Juan de Dios
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