Jueves, 31 de enero de 2008
VATICANO - AVE MAR?A por Mons. Luciano Alimandi - El ego?smo es ciego

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - ?Convert?os porque est? cerca el Reino de los Cielos? (Mt 3,2). La invitaci?n de Jes?s a la conversi?n es siempre actual para un cristiano encaminado por la v?a de la perfecci?n evang?lica. La gran Teresa de ?vila recordaba a sus monjas que hab?an entrado en el convento no para vivir una vida f?cil, sino para combatir. Este combate espiritual, sin embargo, no tiene que ver tan s?lo con las monjas o los sacerdotes, sino con todos. En efecto, es necesario el permanente combate contra el hombre viejo, contra el propio ego?smo que no da tregua al hombre nuevo. Jes?s nos los dice claramente: ?quien quiere ser disc?pulo m?o reniegue de s? mismo?.

El disc?pulo de Cristo conoce bien la din?mica de la renuncia, que abre el alma a la caridad, don de Dios por excelencia. Sin esta din?mica no hay amor aut?ntico, ni discipulado. Es una ?din?mica? porque es un ?camino? continuo, un ?devenir?, para que Jes?s ?viva? en el disc?pulo, hasta que ?ste alcance el ?estado del hombre perfecto, en la medida que conviene a la plena madurez de Cristo? (Ef 4,13), como explica estupendamente San Pablo. En el Evangelio encontramos las palabras lapidarias de Cristo: ?si no os volv?is como ni?os, no entrar?is en el Reino de los Cielos? (Mt 18,3). Este es el ?devenir? de los santos, ?que son los disc?pulos por excelencia del Se?or! Ellos han logrado comprender que el hombre perfecto puede crecer s?lo si muere el hombre viejo, y viceversa. En esta lucha entre los dos, s?lo puede haber un vencedor: el ego?smo, que es la din?mica del hombre viejo, o la caridad, que es la din?mica del hombre nuevo. Las dos din?micas no pueden coexistir. El ego?smo, en efecto, no deja espacio para la caridad y ella, a su vez, en el alma que reniega de s? misma, se difunde en desmedro del amor propio, venciendo las resistencias abre el coraz?n a la libertad: la libertad de la caridad, libertad del hombre liberado por Cristo, rescatado por su Amor.

Juan Bautista describe la din?mica del hombre nuevo cuando afirma: ??l debe crecer y yo debo disminuir?. En otras palabras, si queremos hacer crecer la gracia de Cristo en nosotros, es decir la caridad de Dios, ?debemos renunciar a nosotros mismos! En el fondo, la din?mica de la renuncia es consecuente y l?gica: ?c?mo hago para liberarme de m? mismo si contin?o posey?ndome? No puedo librarme de mis ambiciones sino renunciando a ellas, y cu?nto m?s llaman a la puerta, tanto m?s las debo rechazar. Si no lo hago sucumbo a ellas y pierdo a Jes?s, que me quiere libre para llenarme de ?l. Cuanto m?s amemos al hombre nuevo, tanto m?s dejaremos atr?s al hombre viejo, con sus deseos de apariencia, de valer, de poder?

Precisamente como ense?a san Pablo en la citada carta a los Efesios: ?Pero ustedes no aprendieron as? a Cristo, si es que de veras fueron ense?ados y formados seg?n ?l, sabiendo que la verdad est? en Jes?s. Se les pidi? despojarse del hombre viejo al que sus pasiones van destruyendo, pues as? fue su conducta anterior, y renovarse por el esp?ritu desde dentro. Rev?stanse, pues, del hombre nuevo, el hombre seg?n Dios que ?l crea en la verdadera justicia y santidad. Por eso, no m?s mentiras; que todos digan la verdad a su pr?jimo, ya que todos somos parte del mismo cuerpo? (Ef 4, 20-25).
Jes?s viene a nuestro encuentro para revestirnos de ?l, de sus virtudes, para transformarlo en criatura nueva, en la criatura verdadera que est? destinada a encarnar. En el fondo es Jes?s el hombre nuevo en nosotros, mientras que el hombre viejo es el yo que da la espalda a Dios, ?el negador, el falso!

Cuanto falsa es, en efecto, la percepci?n de este hombre viejo, as? de falsa es la perspectiva de su Yo cerrado en s? mismo; la visi?n de la realidad es totalmente diferente a aquella del hombre nuevo. ?Basta pensar en la muerte! Cu?n opuesta es la visi?n entre ambos puntos de vista: el hombre nuevo, la ve como un pasaje, un paso definitivo a la eternidad, mientras que el otro, el hombre viejo, hace como si no lo viera, la ignora, como si no tuviese que ver con ella.

Falseada por el propio yo, la realidad de las cosas resulta totalmente distinta a aquella que realmente es delante de Dios. La l?gica del ego?smo, del yo cerrando en s? mismo, no librado por Dios, falsa percepci?n de la realidad. Dios nos ha creado para S? mismo, nos ha creado para la felicidad eterna, ha infundido en nosotros una inteligencia, una raz?n que est? destinada, realmente, a la plena comuni?n con Su Inteligencia, con Su Raz?n, con Su Amor. Pero el hombre viejo no ve todo esto, no ve a Dios, porque ve solamente su propio limitado horizonte.

Viene aqu? a la mente el milagro del ciego de Betsaida, que fue curado por Jes?s. ?l lo tom? de la mano, lo condujo fuera de la villa, le puso saliva en los ojos, le impuso las manos, hasta dos veces, y as? lo cur?. El Evangelista Marcos dice al final acerca de este pobre ciego: ?fue sanada y ve?a cada cosa a distancia? (cf. Mc 8,22-26). As? sucede con la conversi?n: es necesario dejarse tomar por la mano de Jes?s, salir de nosotros mismos, dejarse tocar por Su Presencia sanante, que hace nuevas a todas la criaturas, con ojos abiertos, para poder ver ?cada cosa a distancia?, en la luz de Dios. (Agencia Fides 30/1/2008; l?neas 61, palabras 942)
Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Espiritualidad
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