S?bado, 02 de febrero de 2008
D?a 2 Febrero
Purificaci?n de Mar?a y Presentaci?n de Jes?s en el Templo


Sin obst?culos para Dios



??Te fijas? Ella ??la Inmaculada!? se somete a la Ley como si estuviera inmunda.
?Aprender?s con este ejemplo, ni?o tonto, a cumplir, a pesar de todos los sacrificios personales, la Santa Ley de Dios?
?Purificarse! ?T? y yo s? que necesitamos purificaci?n! Expiar, y, por encima de la expiaci?n, el Amor. Un amor que sea cauterio, que abrase la ro?a de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro coraz?n.


As? comenta san Josemar?a, en Santo Rosario, la Purificaci?n de Mar?a, que hoy celebramos junto a la Presentaci?n de Jes?s en el Templo: dos ritos de la antigua ley de Israel que Mar?a, Jos? y el Ni?o cumplieron como los dem?s.

?Te fijas?, se nos sugiere. Meditemos la escena. Con el Esp?ritu Santo, Luz de los corazones que nos ilumina, nos fijamos en nosotros mismos, mientras notamos que Dios nos contempla: nos quiere, nos exige, nos reprocha y nos comprende, nos agradece y nos ayuda. Miramos asimismo a nuestro alrededor, a los dem?s, que nos esperan de diversas formas. De una parte deseamos ser m?s gratos a nuestro Dios y queremos, para ello, purificarnos hasta ser cada uno esa persona ideal que est? en la mente divina. Por otro lado, comprendemos f?cilmente que le serviremos mejor, siendo una ayuda m?s eficaz para cuantos nos rodean, sin esos defectos que tampoco Dios quiere.

?La Inmaculada! no necesita purificaci?n, pero nosotros s?. Ella, en todo caso, se somete a la Ley. Fij?monos en c?mo act?a Mar?a no teniendo, en verdad, de qu? purificarse. Aprendamos a amar la Ley de Dios: esas normas o criterios de actuaci?n que se nos imponen, en ocasiones con independencia de nuestra decisi?n. Quiz? no haya mejor purificaci?n, que la de librarnos de nuestros apegos de soberbia obedeciendo, con un reconocimiento reverente de la Majestad de Nuestro Dios, a quien nos sometemos obedeciendo a su Iglesia.

Necesitamos purificaci?n, si queremos ser instrumentos adecuados, que se dejan llevar sin r?moras por el Esp?ritu Santo. El Par?clito act?a muy f?cilmente en las almas que se purifican obedeciendo por la humildad y rectificando por la penitencia. De otro modo, tal vez nos saldr?amos con la nuestra, pero tambi?n acumular?amos imperfecciones que son obst?culos a la acci?n del Par?clito. No podr?a nuestra vida agradar a Dios y quedar?a infecunda.

Limpiarse a fondo, en ocasiones puede costar. A veces resulta verdaderamente doloroso desprenderse de algunas imperfecciones a las que hemos podido habituarnos. No ser? nunca, en todo caso, una tarea negativa de exclusiva renuncia, como si lo primordial fuera la negaci?n de lo propio. Siempre ser? el amor la raz?n de toda posible renuncia. Un amor que da por bien perdidas las bajezas, por bien empleado el esfuerzo por quitarlas y por bien sufrido el dolor que podamos sentir al no tener ya m?s el consuelo de aquellas miserias. Porque lo que impulsa al alma enamorada es el bien de su amor, y por ?l nada le parece excesivo.

La fe y la esperanza cristianas nos aseguran que Dios no se deja ganar en generosidad, y la experiencia nos demuestra enseguida que vali? la pena aquel sacrificio. Anim?monos, como nos aconseja Camino:

Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra tu humildad, tus negligencias, ofensas y pecados. ?As? entierra el labrador, al pie del ?rbol que los produjo, frutos podridos, ramillas secas y hojas caducas. ?Y lo que era est?ril, mejor, lo que era perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad.
Aprende a sacar, de las ca?das, impulso: de la muerte, vida.


Pensemos asimismo en las deficiencias que notamos en ocasiones en los que nos rodean. Pudiera ser que, en un primer impulso, tendi?ramos a rechazar, tal vez con desaire, a quien nos disgusta. Es preciso acoger a todos comprendiendo que, al igual que nosotros, los dem?s tambi?n deben mejorar ante Dios. Recemos por los que nos molestan, por aquellos a quienes nos sale criticar. Nada positivo hacemos con la sola cr?tica. Ofrezcamos sacrificios en expiaci?n por los pecados de los dem?s y por los nuestros. As? reparamos las ofensas a Dios y el Esp?ritu Santo nos inundar? de su luz, para que contemplemos esos defectos como lo que son: algo corriente por la debilidad humana y siempre ocasi?n de mejorar ante el Se?or.

No dejemos de mirar a Mar?a, y de aprender a complacer a Dios, aunque nos cueste.


Publicado por verdenaranja @ 16:34  | Espiritualidad
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