Domingo, 03 de febrero de 2008
Mensaje que ha enviado Benedicto XVI con motivo de la Cuaresma 2008 con el tema: ?Nuestro Se?or Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre? (2 Corintios 8, 9).

Ciudad del Vaticano, 29 enero 2008.

?Nuestro Se?or Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre? (2 Corintios 8, 9).


?Queridos hermanos y hermanas!

1. Cada a?o, la Cuaresma nos ofrece una ocasi?n providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que tambi?n nosotros lleguemos a ser m?s misericordiosos con nuestros hermanos. En el tiempo cuaresmal la Iglesia se preocupa ! de proponer algunos compromisos espec?ficos que acompa?en concretamente a los fieles en este proceso de renovaci?n interior: son la oraci?n, el ayuno y la limosna. Este a?o, en mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, deseo detenerme a reflexionar sobre la pr?ctica de la limosna, que representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio asc?tico para liberarse del apego a los bienes terrenales. Cu?n fuerte es la seducci?n de las riquezas materiales y cu?n tajante tiene que ser nuestra decisi?n de no idolatrarlas, lo afirma Jes?s de manera perentoria: ?No pod?is servir a Dios y al dinero? (Lc 16,13).

La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentaci?n, educ?ndonos a socorrer al pr?jimo en sus necesidades y a compartir con los dem?s lo que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad. De este modo, a la purificaci?n interior se a?ade un gesto de comuni?n eclesial, al igual que suced?a en la Iglesia primitiva. San Pablo habla de ello en sus cartas acerca de la colecta en favor de la comunidad de Jerusal?n (cf. 2Cor 8,9; Rm 15,25-27 ).

2. Seg?n las ense?anzas evang?licas, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a trav?s de los cuales el Se?or nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un medio de su providencia hacia el pr?jimo. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, los bienes materiales tienen un valor social, seg?n el principio de su ! destino universal (cf. n? 2404).

En el Evangelio es clara la amonestaci?n de Jes?s hacia los que poseen las riquezas terrenas y las utilizan solo para s? mismos. Frente a la muchedumbre que, carente de todo, sufre el hambre, adquieren el tono de un fuerte reproche las palabras de San Juan: ?Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que est? necesitado y le cierra sus entra?as, ?c?mo puede permanecer en ?l el amor de Dios?? (1Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena con mayor elocuencia en los pa?ses en los que la mayor?a de la poblaci?n es cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la multitud que sufre en la indigencia y en el abandono es a?n m?s grave. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad.

3. El Evangelio indica una caracter?stica t?pica de la limosna cristiana! : tiene que ser en secreto. ?Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha?, dice Jes?s, ?as? tu limosna quedar? en secreto? (Mt 6,3-4). Y poco antes hab?a afirmado que no hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa de los cielos (cf. Mt 6,1-2). La preocupaci?n del disc?pulo es que todo vaya a mayor gloria de Dios. Jes?s nos ense?a: ?Brille as? vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestra buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que est? en los cielos? (Mt 5,16). Por tanto, hay que hacerlo todo para la gloria de Dios y no para la nuestra. Queridos hermanos y hermanas, que esta conciencia acompa?e cada gesto de ayuda al pr?jimo, evitando que se transforme en una manera de llamar la atenci?n. Si al cumplir una buena acci?n no tenemos como finalidad la ! gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que m?s bien aspiramos a satisfacer un inter?s personal o simplemente a obtener la aprobaci?n de los dem?s, nos situamos fuera de la ?ptica evang?lica. En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentaci?n se plantea continuamente. La limosna evang?lica no es simple filantrop?a: es m?s bien una expresi?n concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversi?n interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitaci?n de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entreg? a s? mismo por nosotros. ?C?mo no dar gracias a Dios por tantas personas que en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad medi?tica, llevan a cabo con este esp?ritu acciones generosas de sost?n al pr?jimo necesitado? Sirve de bien poco dar los propios bienes a los dem?s si el coraz?n se hincha de vanagloria por ello. Por este motivo, quien sabe que ?Dios ve en el secreto? y en el secreto recompensar? no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza.

4. Invit?ndonos a considerar la limosna con una mirada m?s profunda, que trascienda la dimensi?n puramente material, la Escritura nos ense?a que hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf. 2Cor 5,15). Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el pr?jimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendici?n en forma de paz, de satisfacci?n interior y de alegr?a. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegr?a. Y hay m?s: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perd?n de los pecados. ?La caridad -escribe- cubre multitud de pecados? (1P 4,8). Como a menudo repite la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece, a los pecadores, la posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a recibir ese don. En este momento pienso en los que sienten el peso del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten lejos de Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a ?l. La limosna, acerc?ndonos a los dem?s, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de aut?ntica conversi?n y reconciliaci?n con ?l y con los hermanos.

5. La limosna educa a la generosidad del amor. San Jos? Benito Cottolengo sol?a recomendar: ?Nunca cont?is las monedas que dais, porque yo digo siempre: si cuando damos limosna la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la derecha, tampoco la derecha tiene que saberlo? (Detti e pensieri, Edilibri, n. 201). Al respecto es significativo el episodio evang?lico de la viuda que, en su miseria, echa en el tesoro del templo ?todo lo que ten?a para vivir? (Mc 12,44). Su peque?a e insignificante moneda se convierte en un s?mbolo elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da lo que posee sino lo que es. Toda su persona.

Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripci?n de los d?as inmediatamente precedentes a la pasi?n y muerte de Jes?s, el cual, como se?ala San Pablo, se ha hecho pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9); se ha entregado a s? mismo por nosotros. La Cuaresma nos empuja a seguir su ejemplo, tambi?n a trav?s de la pr?ctica de la limosna. Siguiendo sus ense?! ;anzas podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total; imit?ndole conseguimos estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. ?Acaso no se resume todo el Evangelio en el ?nico mandamiento de la caridad? Por tanto, la pr?ctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocaci?n cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a s? mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, seg?n las posibilidades y las condiciones de cada uno.

6. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma nos invita a ?entrenarnos? espiritualmente, tambi?n mediante la pr?ctica de la limosna, para crecer en la caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Los Hechos de los Ap?stoles cuentan que el Ap?stol San Pedro dijo al hombre tullido que le pidi? una limosna en la entrada del templo: ?No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, echa a andar? (Hch 3,6). Con la limosna regalamos algo material, signo del don m?s grande que podemos ofrecer a los dem?s con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo nombre est? la vida verdadera. Por tanto, que este tiempo est? caracterizado por un esfuerzo personal y comunitario de adhesi?n a Cristo para ser testigos de su amor. Mar?a, Madre y Sierva fiel del Se?or, ayude a los creyentes a llevar adelante la ?batalla espiritual? de la Cuaresma armados con la oraci?n, el ayuno y la pr?ctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua renovados en el esp?ritu. Con este deseo, os imparto a todos una especial Bendici?n Apost?lica.

Vaticano, 30 de octubre de 2007

BENEDICTUS PP. XVI
Publicado por verdenaranja @ 22:17  | Habla el Papa
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