Lunes, 11 de febrero de 2008
El tirano muere, y su reino termina.
El m?rtir muere, y su reino comienza.
Soren Kierkegaard

Alfonso Aguil?
Interrogantes.net


Maximiliano Kolbe nace en 1894 en Zdunska Wola, una peque?a ciudad polaca. Es hijo de unos modestos tejedores que pertenecen a la Orden Tercera Franciscana. Cuando tiene doce a?os, un domingo escucha en la homil?a de la Misa la noticia de que los padres franciscanos abren un nuevo seminario en Lvov. Aquello hace despertar y madurar su vocaci?n, y al inicio del curso siguiente, en octubre de 1907, marcha a ese seminario junto con su hermano Francisco.

Pero, de pronto, ambos hermanos entran en una fuerte crisis interior. Maximiliano se convence y convence a su hermano de que lo mejor es abandonar el seminario y seguir la carrera militar, en aquella ciudad que es por entonces el centro de la resistencia polaca. Un d?a antes de comenzar el noviciado, el 3 de septiembre de 1910, se disponen a comunicar su decisi?n al ministro provincial cuando suena la campanilla del recibidor: es Mar?a Dabrowka, su madre, que viene, como otras veces, a visitar a sus hijos. Sin saber nada de todo aquello, ella les cuenta con gran ilusi?n que Jos?, el hermano peque?o, tambi?n va a ingresar en la orden franciscana. Y como adem?s ella y su marido son terciarios franciscanos, toda la familia estar? presidida por el esp?ritu de San Francisco. Aquella visita disipa sus dudas. Al d?a siguiente, ambos hermanos reciben el h?bito conventual. Es entonces cuando adopta el nombre de Fray Maximiliano Mar?a y emite su profesi?n simple bajo la Regla de San Fralo, que lancisco con apenas diecisiete a?os de edad.

Nunca m?s volvi? a tener dudas de su vocaci?n. Tiempo mas tarde, en una carta de Maximiliano a su madre, recordar? con emoci?n aquel memorable episodio, que siempre consider? salvador de su vocaci?n: "La providencia, en su infinita misericordia, por medio de la Inmaculada, te envi? a nosotros en aquel cr?tico momento. Han pasado ya nueve a?os desde aquel d?a, y pienso en ello con temor y gratitud hacia la Inmaculada. ?Qu? habr?a sido de nosotros si no nos sostuviese con su mano?".

En 1912, a la vista de sus excelentes cualidades intelectuales, es enviado a Roma. All? permanece siete a?os, hasta terminar sus dos doctorados en Filosof?a y en Teolog?a, y es ordenado sacerdote. Son unos a?os muy fecundos y decisivos en su vida, en los que funda un movimiento llamado "La Milicia de la Inmaculada". En 1919 vuelve a Polonia, con veinticinco a?os y bastante mala salud, aunque con una fuerza espiritual extraordinaria. No le faltan incomprensiones, calumnias y obst?culos. En 1922 comienza la publicaci?n de una revista mensual llamada "Caballero de la Inmaculada", con la que quiere conquistar para la gloria de la Virgen el mundo entero con las nobles armas de la cultura y verdad. Se propone "forrar el mundo entero con papel impreso para devolver a las almas la alegr?a de vivir". La Milicia de la Inmaculada crece muy r?pido en vocaciones y en producci?n editorial.

En 1929 funda en Niepokalan?w, a cuarenta kil?metros de Varsovia, un convento de sacerdotes y hermanos franciscanos comprometidos en promover la Milicia por todas partes por medio del uso de todos los medios de comunicaci?n a su alcance. Bajo su direcci?n, Niepokalan?w se desarrolla con gran fuerza y en pocos a?os el n?mero de frailes supera los novecientos. El apostolado de sus publicaciones supera el mill?n de revistas mensuales destinados para el mill?n de miembros de la Milicia en todo el mundo.

Pero el padre Kolbe presiente su fin y el acercarse del calvario para sus hijos espirituales. En marzo del 1938 les dice: "Hijos m?os, sabed que un conflicto terrible se avecina. No sabemos cu?les ser?n las etapas. Pero, para nosotros en Polonia hay que esperar lo peor. En los primeros tres siglos de historia, la Iglesia fue perseguida. La sangre de los m?rtires hac?a germinar el cristianismo. Cuando m?s tarde la persecuci?n termin?, un Padre de la Iglesia comenz? a lamentar la mediocridad de los fieles y no vio con malos ojos la vuelta de las persecuciones. Debemos alegrarnos de lo que va a suceder, porque en las pruebas nuestro celo se har? m?s ardiente".

Tres d?as antes de estallar la guerra, prepara de nuevo sus corazones: "Trabajar, sufrir y morir heroicamente, y no como un burgu?s en la propia cama. Recibir una bala en la cabeza para sellar el propio amor a la Inmaculada. Derramar valientemente la sangre hasta la ?ltima gota, para acelerar la conquista de todo el mundo para Ella. Esto os deseo y me deseo a m? mismo. Nada m?s sublime puedo augurarme y auguraros. Jes?s mismo lo dijo: "No hay amor mas grande que dar la vida por el propio amigo"."

Estalla la Segunda Guerra mundial y los nazis invaden Polonia. En pocas semanas, el ejercito y toda la naci?n polaca sufren la humillaci?n de la derrota. La Wermach alemana bombardea Niepokalan?w y comete todo tipo de saqueos y vandalismos en la ciudad mariana: destrozan im?genes, queman ornamentos sagrados y requisan la maquinaria tipogr?fica. El padre Kolbe no se deja dominar por el rencor. Solo reza, llora y consuela. Pese al clima de odio al enemigo, ?l perdona como Cristo en la Cruz. Un d?a se presenta en Niepokalanow la Wermacht con gritos de "Todos fuera!?Todos en marcha!". Todos los frailes fueron reunidos en el patio y cargados en camiones rumbo a campos de concentraci?n: de Lamsdorf a Amtitz, y de aqu? a Ostrzeszow.

En mayo de 1941, el padre Kolbe es conducido a Auschwitz. All? trabaja inicialmente como pe?n en el acarreo de cantos rodados y arena para la construcci?n de un muro alrededor del horno crematorio. En todo momento prosigue su ministerio, a pesar de las terribles condiciones de vida, con su gran generosidad y preocupaci?n por los dem?s, que nunca le abandonan.

El 3 de agosto, un prisionero escapa. Por la tarde, al pasar lista, se descubre el hecho. El terror congela los corazones de aquellos hombres. Todos saben la terrible norma establecida como represalia: por cada evadido, diez de sus compa?eros, escogidos al azar, son condenados a morir de hambre en el bunker de la muerte. A todos aterroriza el lento martirio del cuerpo, la tortura del hambre, la agon?a de la sed. Al d?a siguiente, mientras los otros grupos siguen sus faenas diarias, los del suyo quedan formados en la explanada bajo el sol calcinante del verano, sin comer ni beber. Las horas pasan con enorme lentitud. Cuando se distribuye la comida, todos observan como sus raciones son tiradas de las ollas al desag?e. Al romper filas todos van a catres sabiendo que pronto diez de ellos ser?n escogidos para el bunker de la muerte. Ya hab?a ocurrido en dos ocasiones.

Al d?a siguiente, a las seis de la tarde, el coronel Fritsch, comandante del campo, se planta de brazos cruzados ante sus v?ctimas. Hay un silencio de tumba sobre la inmensa explanada, con dos mil presos formados, sucios y macilentos. "El fugitivo no ha aparecido. De modo que diez de ustedes ser?n condenados al bunker de la muerte. La pr?xima vez ser?n veinte". Los condenados son escogidos al azar. "?Este! ?Aquel!", grita el comandante. El ayudante Palitsch anota los n?meros de los condenados. Aterrorizado, cada uno de los se?alados sale de la formaci?n, sabiendo que es su final. Entre ellos hay un sargento polaco llamado Franciszek Gajowniczek, que lanza un grito de dolor: "Dios m?o, tengo esposa e hijos. ?Qui?n los va a cuidar?".

Las palabras del sargento sin duda tocan el coraz?n de muchos presos, pero en el coraz?n del padre Kolbe hacen algo m?s. Mientras los diez condenados se van quitando los zapatos, pues deben ir descalzos al lugar del suplicio, de pronto ocurre algo que nadie pod?a imaginar. Maximiliano Kolbe sale de su fila y quit?ndose la gorra se planta delante del comandante. Se?ala con la mano hacia Gajownieczek y se ofrece a morir en su lugar: "Soy un sacerdote cat?lico polaco, estoy ya viejo. Querr?a ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos". El comandante, despu?s de un momento de duda, acepta el cambio.

Despu?s de haber ordenado a los presos que se desnudaran, los empujan al bunker, del que ya solo salen cad?veres directamente para el crematorio. Diariamente, los guardias inspeccionan y ordenan retirar los cad?veres. Aquellos tenebrosos d?as son de angustia y agon?a continuas. Aquel sacerdote enfermo de cuarenta y siete a?os anima en todo momento a los dem?s y reza con ellos. Poco a poco, van muriendo todos. Al final, solamente queda ?l con vida. Como los guardias necesitan ese lugar para otros presos que est?n llegando, le ponen una inyecci?n de ?cido f?nico y muere. Es el 14 de agosto de 1941.

En 1982 es canonizado por Juan Pablo II. En la ceremonia est? presente un testigo excepcional: el anciano Franciszek Gajowniczek, aquel hombre que, cuarenta y un a?os antes, hab?a salvado su vida en Auschwitz gracias al heroico gesto del nuevo santo.

San Maximiliano Kolbe venci? al mal con el poder de las armas del perd?n, el amor y la generosidad. Muri? tranquilo, rezando hasta el ?ltimo momento. Cuenta un testigo, el Doctor Stemler, que en los campos de exterminio casi no se ve?an manifestaciones de amor al pr?jimo, y era corriente que un preso se peleara con otro por un mendrugo de pan, pero ?l, en cambio, dio su vida por un desconocido. Aquello fue la m?s elocuente y eficaz respuesta al odio y la barbarie impuestos por la brutalidad nazi. De esa manera, dio un testimonio y un ejemplo de dignidad en medio de la m?s terrible adversidad: "No hay amor m?s grande que ?ste: dar la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).

Muchas personas han sido beneficiadas por el influjo de la vida de este santo. Juan Pablo II dej? escrita cu?l fue la influencia que tuvo en su propia vocaci?n sacerdotal. La Milicia de la Inmaculada est? hoy extendida por todo el mundo, con m?s de tres millones de miembros en casi cincuenta pa?ses. Caben muchas preguntas y reflexiones, pero quiz? podr?a destacarse una que puede ayudar a muchos en alg?n momento de dificultad en los comienzos de su camino: ?Qu? habr?a sucedido si Maximiliano hubiera abandonado el seminario cuando atraves? aquella crisis en su vocaci?n? ?C?mo habr?a cambiado la historia de tantas vidas si su madre no le hubiera impulsado hacia delante, casi sin saberlo?


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